Louis Labeyrie

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Valencia Basket, tres apuestas fallidas

TEXTO: Julio F. Santafé
FOTO: Cipriano Fornas
31 de diciembre de 2020 - 01:09

Se termina 2020 y disponemos de una cierta pausa porque Valencia Basket no juega hasta el 2 de enero, que aprovecharemos para poner por escrito las reflexiones que nos han suscitado las últimas actuaciones del conjunto taronja, siempre con una finalidad constructiva.

A veces, los árboles no nos dejan ver el bosque y en este caso que nos ocupa, los árboles son las feroces críticas al entrenador taronja Jaume Ponsarnau, que evidentemente no se ha lucido en los últimos partidos pero que tampoco es el único ni el mayor responsable de la trayectoria del Valencia Basket, que es una organización muy compleja, como un bosque no solo se compone de árboles sino constituye un ecosistema mucho más complejo y variado.

A medida que con el paso de los meses y las agotadoras semanas con doble y triples jornadas las lesiones fueron mermando la capacidad competitiva de la plantilla taronja desde la, probablemente, mejor de su historia este verano a la que se cuenta en la actualidad al acabar 2020, el club valenciano ha ido realizando apuestas que, al menos hasta el momento, no han dado los resultados esperados.  

La primera apuesta fue el regreso de Josep Puerto de su cesión en el Tau Castelló en liga LEB, y a pesar de que el canterano de Almussafes ha tenido notables actuaciones y apunta muy buenas maneras, como era previsible para alcanzar el nivel de los 8 mejores equipos de Europa todavía no está preparado, aunque no dudamos que lo estará muy pronto, tal vez el año que viene o el otro si sigue progresando a este ritmo.

La segunda apuesta fue la vuelta anticipada de Joan Sastre tras su grave lesión, rotura parcial en el ligamento lateral interno de la rodilla derecha, que le ha tenido en el dique seco desde el 2 de octubre hasta el 22 de diciembre, al final dos meses y medio en vez de los tres que se preveían en un principio, aunque lo más extraño es que empezó a entrenar y al día siguiente mismo disputó minutos importantes en el partido a vida o muerte contra el Khimki. Una circunstancia poco habitual en el Valencia Basket, que suele preferir como norma establecida un rodaje más prolongado antes de que jueguen los lesionados que vuelven a las convocatorias y que puede ser el motivo por el que el mallorquín no ha rendido como se esperaba.

La tercera apuesta fallida es Louis Labeyrie, que empezó diciembre con un esguince de tobillo que lo alejó de las canchas y a su regreso padeció una rotura fibrilar en el aductor, de la que incluso se llegó a rumorear que podría ser intervenido y que le impidió jugar contra Khimki el 22 de diciembre y el GBC el 27, pero para sorpresa de todos reapareció el 29 contra el Baskonia. Lógicamente, la vuelta por sorpresa del francés no dio los frutos deseados y su actuación, cerca de 14 minutos nada más y nada menos, fue más bien gris.  

Así, una plantilla superlativa con la única mancha de la no deseada continuidad de Quino Colom, finalmente solucionada con su marcha al Estrella Roja, ha ido yendo a menos hasta volver a depender de jugadores claves, los mismos de siempre cada campaña, Sam Van Rossom y Bojan Dubljevic, que por sus características físicas no pueden estar bien partido tras partido en intervalos de 48 o 72 horas. Las incorporaciones de Hermannsson, Kalinic, Prepelic y Derrick Williams aportan cada vez más pero los encuentros decisivos los tienen que seguir ganando los de siempre.

Por todos estos motivos, va teniendo menos sentido que Valencia Basket no piense en reforzarse, más aún cuando la principal espinita clavada en los que confeccionaron la mejor plantilla de su historia, que era la presencia del apartado Colom, se ha solventado y ahora que las demás soluciones aplicadas han acabado fallando, como era de suponer.

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