Qué bonito y embriagador es el brillo del metal, pero los éxitos deben servirnos para fortalecer la base en vez de deslumbrarnos

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Liga Femenina

Buceta: Un año de oro, pero sigamos creciendo

TEXTO: Chema Buceta
FOTO: FIBA Europe
31 de diciembre de 2013 - 00:21

En la tertulia "Al Límite" de Radio Marca, coincidíamos José Luis Llorente y yo en que lo más destacado en el deporte español en 2013 ha sido el magnífico éxito conjunto de nuestras selecciones femeninas de baloncesto. Sin duda, los campeonatos del mundo de las selecciones femenina de waterpolo y masculinas de balonmano y hockey sobre patines, y los éxitos de Nadal, Mireia Belmonte, Gómez Noya y otros, tienen un mérito de primerísimo nivel, pero ganar los campeonatos de Europa en todas las categorías sin perder un solo partido, constituye un logro verdaderamente extraordinario. Además, coincide con la retirada de dos grandísimas deportistas: Elisa Aguilar y Amaya Valdemoro, primeras actrices de una época triunfal que culmina con este broche de oro y brillantes.

Sólo un pero (en mi opinión; respeto otras) a este verano de ensueño: el desafortunado “sangre por sangre” de ese tiempo muerto, contrario a la generosidad, elegancia y fair-play que engrandecen al vencedor. ¿Qué antes nos habían “humillado” ellos por pedir un tiempo muerto? No humilla quien quiere… y además, ¿son ellos nuestros maestros, a quienes debemos imitar? ¿O podemos tener nuestras propias pautas de comportamiento superior?

Este gran equipo, bien dirigido por el seleccionador, habló alto y claro en la cancha con su admirable espíritu de lucha, su buen juego y sus inapelables victorias. Brillante. Sobresaliente. Más que suficiente para demostrar quienes somos. Por muy gañanes que sean los contrarios, el espíritu ganador no es incompatible con el respeto al rival y la deportividad. Lo cortés no quita lo valiente; y si queremos transmitir valores a través del deporte, quienes están en la cresta de la ola del éxito deben ser un buen ejemplo.

Evidentemente, este episodio aislado no ensombrece el buen trabajo realizado por las jugadoras, los seleccionadores y sus ayudantes, la federación española, los clubs y todos cuantos ahora o en años anteriores han contribuido a tan sobresaliente hazaña. Un gran éxito colectivo que también premia el esfuerzo de muchos soñadores anónimos y nos enorgullece a todos. Junto a él, otro meritorio éxito sin el glamour de las medallas: el de nuestros clubs de Liga Femenina, Liga Femenina 2 y otras categorías, que sin apenas ayudas han sido capaces de sobrevivir.

Y aquí es dónde está, en mi opinión, el siguiente objetivo que debería afrontar la federación española de baloncesto: liderar el fortalecimiento de los clubs. La federación ha demostrado su enorme capacidad para hacer grandes cosas. Ahora parece el momento de emplear ese talento con este nuevo reto. Modernizar estructuras, formar gestores, invertir en la promoción de las competiciones, buscar vías de financiación, encontrar fórmulas para reducir costes… Doctores tiene la Iglesia, y estoy seguro de que las buenas ideas y quienes las ejecuten eficazmente no faltarán. Fundamental: escuchar a los clubs, que estos tengan una mente abierta y piensen más allá del siguiente partido, y que exista la voluntad de crecer conjuntamente.

La merecida gloria del momento no debe derivar en autocontemplación y acomodamiento, sino servir de estímulo para ambicionar nuevos retos. La continuidad de los éxitos internacionales exige seguir creciendo, y para eso se necesitan clubs, gestores, entrenadores y jugadoras que trabajen con ilusión, dedicación y buen hacer durante todo el año. A la larga, el desequilibrio entre las meritorias medallas de las selecciones y la precariedad de los clubs, se pagaría caro. Antes de que pase eso, hagamos algo.

Blog: chemabuceta.blogspot.com.es

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