El talante de luchadoras apasionadas sin desaliento es lo que une esta selección con la del 63.

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Eurobasket Femenino

Pasión, esfuerzo, ambición... es la Selección

TEXTO: Chema Buceta
FOTO: FEB Prensa
6 de junio de 2013 - 02:36

Se cumplen 50 años del primer partido de la selección femenina de baloncesto (1963) y 20 de la primera medalla, única de oro por el momento, en un Campeonato de Europa (1993). La FEB ha tenido el bello detalle de organizar un emotivo acto para homenajear a los protagonistas de ambas gestas y reunir a los que hemos tenido el honor de formar parte de nuestro equipo nacional. Allí nos hemos encontrado jugadoras, entrenadores, directivos y otros colaboradores de distintas generaciones. Un día muy especial.

Seguramente, las admiradas pioneras que ese 16 de junio de 1963, en un campo al aire libre, dieron el pistoletazo de salida, ni siquiera sospechaban que treinta años más tarde quedaríamos campeones de Europa y en el siglo XXI conseguiríamos tantas medallas. Pasos importantes fueron, en primer lugar, que esas mismas jugadoras demostraran que su esfuerzo merecía respeto, admiración y apoyo, lo que supuso, en 1970, la participación en un pre-europeo por primera vez, bajo la dirección de un prestigioso seleccionador: Lluis Cortés.

Después, en 1973, la llegada de Juan Tamames como responsable del departamento internacional de la Federación Española, impulsó que, a partir de ese momento, España participara en todas las competiciones oficiales de todas las categorías. Eso trajo la necesidad de las concentraciones para preparar a las selecciones senior, junior y juvenil, una operación altura para detectar nuevos talentos (Sada, 1976) y la organización de pre-europeos y campeonatos de Europa en España para una mejor promoción de nuestros equipos (Europeo junior en Vigo, 1975; juvenil en Cuenca, 1978). Ita Poza, José María Solá, Javier Sampedro y Quique Prats, fueron entrenadores que aportaron mucho en esta etapa.

Cuando Antonia Gimeno (del equipo del 63), Manolo Coloma y yo nos hicimos cargo de la selección juvenil en 1979, y después, en 1980, María Planas llegó a la selección absoluta, y en 1981 Rafa Mora a la juvenil (nosotros pasamos a la junior), ya se había consolidado el hábito de superar los pre-europeos y participar en las fases finales de los europeos. No éramos una potencia, pero sí uno de los doce fijos en la línea de salida.

Y continuamos avanzando. María y Rafa, con sus respectivos ayudantes, hicieron un gran trabajo que no ha sido suficientemente reconocido. A nosotros, el cuarto puesto en el Europeo junior de Toledo (1984), mejor clasificación de una selección nacional hasta esa fecha, nos valió para merecer la confianza del nuevo equipo directivo de la Federación Española, presidido por Pere Sust.

Ese resultado nos hizo pensar que podíamos dar un salto importante si no nos conformábamos. Un año importante: 1987. Se creó el Siglo XXI, todavía vigente, que comenzó en Manresa bajo la dirección de Francesc de Puig; y con la selección absoluta conseguimos el sexto puesto en el Europeo de Cádiz. Algo impensable unos años antes. Pero recogimos el fruto del trabajo realizado en el periodo anterior en las selecciones y los clubes, y nos convencimos de que el sueño era posible.

De ahí surgió la idea de incorporarnos al plan ADO. Inicialmente, éste no estaba pensado para los deportes colectivos, pero nuestro ambicioso proyecto fue irrechazable por el Consejo Superior de Deportes. Recibió una fuerte oposición interna. Cuesta aceptar ideas muy novedosas, y esta en España lo era. ¿Dinero con carácter finalista para la preparación de las chicas? ¿Jugadoras que no estarán en los clubes? ¿Para luchar por una medalla olímpica? Muchos creyeron que se nos había ido la olla. Pero la determinación del presidente Pere Sust, el apoyo del vicepresidente Roberto Outeiriño, y la presión del Consejo, lograron mantener el plan contra viento y marea. Se nos unieron Carlos Sainz de Aja y Bernardino Lombao, que hicieron una excelente labor en esos cuatro años. Paralelamente, el proyecto propició una mayor exposición en televisión española y estimuló una mayor profesionalización de los clubes, apareciendo otras jugadoras no incluidas en el ADO que también subieron su nivel. Y continuó el siglo XXI, ahora en Barcelona con Antonia Gimeno al frente.

El quinto puesto en el mundial junior (1989), la medalla de plata en el europeo junior (1990), la medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo y la de plata en la Universiada de Sheffield (1991), fueron pasos importantes. Después, un quinto puesto en los Juegos Olímpicos que entonces nos supo a poco, pero demostró que no estábamos equivocados, que podíamos estar entre las mejores selecciones del mundo. Y lo corroboró el gran éxito de 1993, con la base del equipo del 92, pero mejorada por Manolo Coloma y Joaquín Brizuela con algunas incorporaciones.

El resto de esa década no trajo más medallas, pero la selección dirigida por  Manolo tuvo dos buenas actuaciones en los campeonatos del mundo de 1994 y 1998, y dejó claro que estábamos ahí para seguir creciendo. Después, el equipo directivo de Pepe Sáez, la actual federación, dio un nuevo gran impulso. En estos últimos quince años, la ambición, la buena planificación y el eficiente trabajo de los que han tenido responsabilidades en la selección nacional,  nos han llevado a ganar medallas en todas las categorías. La profesionalidad de los clubes ha contribuido mucho. Los planes de la Federación, también. Y muchos entrenadores, directivos y colaboradores. Y por supuesto, las grandes protagonistas: las jugadoras.

Hoy ha sido emocionante ver a varias generaciones de jugadoras que han aportado tanto. A muchas de ellas he tenido el gran privilegio de entrenarlas. Todo un honor. Son mujeres que, cada una en su medida, dieron lo mejor de sí mismas, se sometieron a una disciplina, sufrieron entrenamientos duros y decisiones que no siempre les parecieron justas, pasaron por momentos difíciles, y lucharon para superarse ante la adversidad. Hoy me encontré con algunas a las que tuve que descartar o relegar, o que quizá exigí y recriminé más de la cuenta. Todas contribuyeron como gigantes a lo que en la actualidad tenemos. Siempre luchando, siempre demostrando, siempre mereciendo la admiración de quienes hemos sido testigos de su esfuerzo. Me agrada comprobar cómo han encauzado sus vidas tras su brillante paso por el baloncesto.  Algunas, incluso, me han sorprendido.

Junto a estas estrellas de leyenda, las que hoy  nos representan con tanto éxito. ¡Quién iba a pensar hace cincuenta años que nuestras mejores chicas jugarían en equipos extranjeros y nuestra selección sería considerada una de las mejores del mundo! Un orgullo, sin duda. Desde luego han heredado ese mismo talante de luchadoras apasionadas sin desaliento. Me ha impactado el respeto de estas campeonas a las que las precedieron. El mismo que espero reciban ellas de seleccionadas futuras. El tiempo pasa, las personas envejecemos, pero el espíritu de la selección femenina, generoso en el esfuerzo y ambicioso en lo deportivo, no sólo sigue presente, sino que crece y se fortalece; y como siempre, cautiva  a quienes amamos la magia de este deporte. Muchas gracias a todas.

Cuando se celebren los cien años de ese histórico partido, muchos no estaremos aquí para celebrarlo, pero estoy seguro de que será otro gran día. Pasión, esfuerzo y ambición… ¡es la selección femenina de España! Recordemos con orgullo el pasado, pero no nos detengamos.

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