La lesión de Navarro y la marcha de Tripkovic fueron importantes en el devenir de la plantilla..

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La Copa nunca fue su objetivo

TEXTO: Javier Sanz de la Fuente
FOTO: Jordi Montraveta
2 de febrero - 15:11

Hace dos temporadas el CB Valladolid estuvo en la Copa del Rey. Esta temporada comenzó fuerte, pero estar arriba nunca fue su objetivo.

 

Nadie desde el Club Baloncesto Valladolid ha hablado esta temporada de la posibilidad de jugar la Copa del Rey, tan solo unos aficionados que se fueron ilusionando poco a poco con el devenir de una plantilla de la que no se esperaba nada.

El club se ha visto los últimos años envuelto en un tobogán constante en lo deportivo, desde su descenso a LEB, no así en lo económico, donde la línea ha sido siempre la misma, la austeridad más absoluta, saliendo de un proceso concursal y manejando presupuestos de “guerra”.

La etapa de Porfirio Fisac devolvió al aficionado pucelano la ilusión por volver a Pisuerga. Una temporada inmaculada en LEB dio el ascenso antes de lo esperado. Después, una temporada de transición, de consolidación de un buen proyecto deportivo y en el tercer año de Porfi, una primera vuelta de escándalo, colándose se manera magistral en la Copa. Un premio deportivo magnífico, quizá no tanto en lo económico, que no ayudaba demasiado a cuadrar las cuentas del club, las primas pesaron demasiado en el presupuesto.

Tras la marcha del técnico segoviano, la contratación de Casimiro no tuvo como resultado la continuidad del proyecto. Los numerosos cambios en la plantilla fueron un lastre, los problemas económicos se agudizaron, y la Copa se vivió en Valladolid como un objetivo al alcance de otros equipos. El trasiego de jugadores y os malos resultados trajeron a la palestra al sempiterno segundo Roberto González, que mejoró ostensiblemente las prestaciones del equipo, pero no pudo evitar el descenso deportivo a final de temporada.

Por cosas del “deporte”, el descenso no se materializó, pero la pretempordada avanzaba, el equipo era un juguete roto, y los fichajes no llegaban. Después, la historia conocida, la victoria en el Palau y todo rodado en una plantilla configurada con riesgo pero con mucho acierto. La Copa parecía al alcance de la mano, pero el club seguía pensando en su único objetivo, la permanencia. Cuando mejor estaba la plantilla, comenzaron los problemas, lesiones y más lesiones, unidas a la marcha de Tripkovic a un equipo de perfil superior. Cinco derrotas consecutivas hacían que Vitoria se esfumase, y que como único objetivo se mantuviera el de no pasa apuros y mantener la categoría.

Los refuerzos y la gran dirección del técnico vallisoletano seguro que garantizan el resultado a final de temporada.

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