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Brindis por el Baloncesto Femenino

TEXTO: Chema Buceta
FOTO: Dykinson
30 de diciembre de 2012 - 21:48

Finaliza un año en el que muchos hemos insistido en destacar los brillantes resultados del deporte femenino español en los Juegos Olímpicos de Londres. Para algunos, los más, ha sido una agradable sorpresa; para otros, los menos que seguimos más de cerca la trayectoria de nuestras mujeres deportistas, una gran alegría que en parte compensa el esfuerzo callado de tantas chicas que hacen deporte en condiciones adversas, y tantos entrenadores y directivos tachados a veces de tener los cables cruzados por dedicarse a una actividad materialmente tan improductiva.

En los últimos años, el menosprecio tradicional al deporte femenino ha dado paso al respeto, la admiración y el disfrute de los éxitos, si bien, es cierto, que queda aún mucho camino para que las chicas tengan el protagonismo que merece su encomiable progreso. Un ejemplo: cuando se habla de los héroes del 2012, deportistas como Bolt o Phelps destacan en cualquier quiniela, pero apenas nadie señala a Serena Williams a pesar de haber ganado dos medallas de oro, Wimbledon y el Open de los Estados Unidos. Afortunadamente, esta vez en España no se han olvidado las gestas olímpicas de Marina Alabau, Brigitte Yagüe, Mireia Bemonte, Maialen Chourraut, Maider Unda, Teresa Perales (en los paralímpicos) y las chicas de vela, waterpolo, balonmano y sincronizada.

Sin embargo, curiosamente, los dos deportes de equipo que más gloria han dado al deporte femenino español no han estado presentes en Londres, y quizá por eso han quedado eclipsados en el momento de mayor reconocimiento: el hockey, único con una medalla de oro olímpica, pero en línea descendente desde que se  extinguió el excelente trabajo del seleccionador artífice, José Brasa; y sobre todo, el baloncesto, que si bien no ha logrado nunca el metal olímpico, lleva más de una década alcanzando medallas en casi todas las competiciones continentales y mundiales de todas las categorías. Además, a nivel de club, sus éxitos más recientes tampoco tienen parangón. En 2011 y 2012, respectivamente, Perfumerías Avenida y Ros Casares fueron campeones de Europa, y este mismo año la final fue disputada por dos equipos españoles (Ros y Rivas Ecópolis), algo que, me atrevo a decir, ningún otro deporte femenino ha conseguido jamás.

Respecto a los éxitos de la selección nacional, datan de los últimos veinte años, cuando en otras especialidades, salvo el hockey, parecían de ciencia ficción (¡Campeonas de Europa en 1993!); y en la última década, salvo en el pasado europeo (lo que nos costó no estar en Londres), nuestras chicas estuvieron siempre entre las mejores, mostrando el camino a las nuevas generaciones de mujeres de éste y otros deportes. Porque llegar no es fácil, pero lo es menos mantenerse en la élite tanto tiempo, y ahí está el mérito de nuestras selecciones y de todo el baloncesto femenino español: en la continuidad del éxito. Por eso, deportistas con mayúsculas como Carolina Múgica, Blanca Ares, Ana Belén Álvaro, Wonny Geuer, Marina Ferragut, Betty Cebrián y, más recientemente, Amaya Valdemoro, Elisa Aguilar, Laia Palau, Anna Montañana y otras muchas que nos han representado, merecen estar ahí, recibiendo el merecido homenaje por su gran contribución a que el deporte femenino, no sólo el baloncesto, sea hoy un referente.

Por supuesto, no deben quedarse atrás todos los que, desde una posición u otra, luchan cada día para que el baloncesto femenino continúe creciendo. Siempre ha sido éste un ámbito de soñadores que trabajan en el anonimato. Muchas jugadoras que no destacan tanto, pero cuyo esfuerzo y ejemplo engrandecen nuestro deporte. Entrenadores sin exposición a los focos que irradian pasión y lo dan todo por mejorar un bloqueo o un desplazamiento defensivo. Directivos altruistas que se desviven por mejorar las condiciones de trabajo. Todos ellos, en muchos casos, luchando con el viento en contra.  Por suerte, la era digital le ha dado al baloncesto femenino un espacio mediático que antes no tenía, y eso, sin duda, ha contribuido a potenciar su difusión; pero las dificultades son muchas, y los que siguen al pie del cañón, profesionales o no, son casi siempre un ejemplo de constancia en condiciones habitualmente adversas.

En estos días se recuerda el indiscutible éxito de mujeres deportistas que no consiguen ni evitan canastas, y los que formamos parte de la gran familia del baloncesto debemos sentirnos orgullosos y brindar por ello; pero eso sí, con la cabeza bien alta, porque hemos contribuido tanto, o quizá más, al respeto y la dignidad que las deportistas en general gozan en este momento.

¡Feliz año 2013! ¡Qué continúen los éxitos! Sobre todo el de seguir ahí, día a día, resistiendo y avanzando a pesar del viento. ¡Un brindis por el baloncesto femenino!

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http://www.dykinson.com/Novela.pdf

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