2016

21

Agosto

13:29

Álvaro R.Villó

RÍO 2016. Una plata de oro

A veces la razón se ve superada por el corazón. Esta ha sido una historia preciosa, un verano cargado de emociones y de sentimientos a flor de piel. Un grupo de jugadoras y un cuerpo técnico como protagonistas. Y todos entregados por una causa: hacernos disfrutar.

Escribo estas líneas aún con la emoción dentro de mi, con las imágenes en las retinas de un partido que podría calificar como mágico y con un sentimiento por este equipo que es complicado superar. Hablo desde el corazón de alguien que lleva ya unos cuantos años viendo el baloncesto femenino profesional un poco a la sombra tras una década entregado en cuerpo y alma a una profesión que me ha dado mucho y que a pesar de estar en los tiempos tan malos en los que está jamás me arrepentiré de haberla cursado.

Jamás me arrepentiré porque gracias al Periodismo he podido juntar mis dos pasiones para ser feliz. Las letras siempre han sido lo mío y el baloncesto es mi vida y gracias a estas dos cosas he podido conocer muy desde dentro lo que se cuece dentro del baloncesto femenino español en los últimos años.

Una plata olímpica, que se dice pronto. Quizá a mucha gente se le pase por alto pero para mi uno de los grandes logros de este hito olímpico es cómo se ha llegado hasta aquí, hasta el segundo lugar del podio. No ha sido fácil, no hay que decirlo porque es evidente, pero este equipo ha superado barreras que parecían insalvables para poder gritar al viento que son de PLATA. No es nada fácil saber que no contarás con la que posiblemente sea tu jugadora más determinante poco antes de arrancar una competición tan ilusionante, no es fácil jugar y competir sabiendo que nunca en la historia se había hecho mucho en unos Juegos Olímpicos. Todos esos factores que parecían que estaban en contra de nuestras chicas, ellas hicieron que fuera un refuerzo positivo para ir caminando partido a partido y saltando a cada uno de los rivales que se ponían por delante. No sin esfuerzo, que ha sido mucho, pero también con juego, mucho juego.

Ganar una plata es complicadísimo, pero aún es más complicado hacerlo desplegando un juego como el que ha hecho España. No han bajado el ritmo ni un segundo de cada partido, no se han creído ganadoras hasta que ha sonado la bocina. Ni tampoco perdedoras. ¿Se lo preguntamos a Anna Cruz? Han creído que todo era posible y su juego ha enamorado hasta a aquellos que jamás habían visto un equipo femenino jugar a este deporte. Ellas han hecho que muchos de nuestros días estén repletos de felicidad este verano y por eso siempre le estaremos eternamente agradecidos.

Ver ayer sus caras de felicidad al recibir la medalla de plata, que sabe a oro, fue la culminación a muchos años de trabajo. Era imposible no imaginarse cómo estaría Amaya en ese momento, como estarían todos los seleccionadores que en la última época han aportado sus conocimientos y trabajo para que todo esto fuera posible. De todas esas jugadoras que siempre lo han dado todo estuvieran o no convocadas. Cindy Lima, Elisa Aguilar, Anna Montañana, Laura Herrera, Cristina Ouviña… Todas tienen que tener un trozo de ese metal, aunque sea en el corazón.

Yo también tuve esos momentos de nostalgia. Me acordé de muchos compañeros que he ido haciendo y dejando en este mundo que nos tiene locos, de tantos viajes para cubrir las Copas de la Reina de Jerez, Sevilla, Salamanca o Valencia, ese Pre-Olímpico para Pekín en 2008 en Madrid, las finales de la Liga Femenina… Todos esos momentos pasaron por mi cabeza en ese espacio de tiempo en el que todas nuestras chicas recibían su premio.

También me asaltaron las dudas y sobretodo, el coraje. ¿Por qué llevamos años en la cima del baloncesto no solo europeo, sino mundial, en cuanto a baloncesto femenino en todas nuestras categorías y sin embargo tenemos una Liga Femenina que cada año que pasa da un paso atrás? ¿Por qué se ningunea tanto a una competición que aporta muchísimo más de lo que luego recibe en cuanto a trato de los que deben cuidarla y mimarla? ¿Por qué las chicas no interesan, por qué las Copas de la Reina son tan ridículas y se perdió esa esencia de los 8 equipos y un fin de semana grande de baloncesto? ¿Por qué?

Tenemos muchísimas jugadoras que se van a jugar al extranjero no solo buscando buenos contratos para poder vivir de este deporte, sino porque también buscan sentirse importantes allá donde vayan. Eso aquí no pasa. Aquí Pau Gasol, Navarro y compañía con todos mis respetos son estrellas por todos sus logros y trayectoria en la NBA y sin embargo Anna Cruz, por poner un ejemplo, ganadora del anillo de la WNBA la temporada pasada es una desconocida para la inmensa mayoría. Y qué decir de Alba Torrens, nuestro mejor diamante, de Silvia Domínguez, de Marta Xargay… Jugadoras importantísimas en este país y de las que nadie se suele acordar desde septiembre hasta ese momento en el que tienen que sacarnos las castañas del fuego y conseguir subir al podio en alguno de los campeonatos de turno que toque. Para mi, una vergüenza que no me cansaré de denunciar día tras día.

Con todo esto me quedo con que hoy soy feliz, con que serán portada en la mayoría de los diarios por esta gesta inigualable, con su pelea ante el gigante EEUU y por sus buenos gestos a pesar de la derrota. Hoy España y todos los patios de colegio de este país pueden decir que tienen sus líneas de juego bañadas en plata. O en oro, todo nos vale después de lo que hemos vivido este verano. ¡GRACIAS CHICAS, GRACIAS LUCAS!


@Yiyitodelrio

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