Lituania-España, final de drama y gesta

Quien tuvo retuvo. España y Lituania, tan grandes como inesperadas, se jugarán el entorchado continental el domingo, tras deshacerse de los grandes favoritos en semifinales. Franceses y serbios, muy sólidos durante todo el torneo, acudirán al preolímpico; España y Lituania, quien lo diría, ya disponen de billete a Río.

Dos fotos que desde la noche del jueves forman parte del imaginario colectivo de los que amamos este deporte. Como aquella de Pepu Hernández en Saitama, golpeándose el pecho en recuerdo de su padre, o la de Batum golpeando a Navarro en Pekín 2008. Un par de instantáneas concluyentes, que honran el valor del fotoperiodismo, que capturan sensaciones y estados de ánimo mejor que millones de palabras.

Fotos de portada de la mayoría de diarios, no sólo deportivos, el día después: en la primera, el rostro desencajado, de pura furia, de Pau Gasol tras “masacrar” el aro francés en una jugada que nos levantó –con la misma furia- de nuestros asientos. La segunda, la misma expresión en el 4, abrazado en feliz piña por todo el EQUIPO, todos reconociendo al guía, al héroe. Un partido (80-75) para guardar en la videoteca, y un nombre, el de Pau, para recordar a los nietos. “Yo vi el España – Francia del Eurobasket 2015”.

Si el santboià fue el ejecutor, su ejército completó el trabajo con el ardor que pedía la ocasión. Coraje que enfrió las 27.000 gargantas del Pierre Mauroy, bien engrasadas para descargar decibelios desde el “Allons enfants de la patrie…”. El inicio del Chacho para contener la euforia local; la presión y zona (¡qué bien está funcionando!) dibujada por Scariolo, algo rígida por temor a descompensar el sistema, penalizando nuestro rebote; Llull mordiendo –figuradamente- a Parker.

España creyó. Cuando Gelabale las metía hasta con las orejas, quién le ha visto y quién le ve; con el 40-51 tras el engendro a tabla de Lauvergne. “¡Tres defensas buenas!” pedía el catódico Pepu, y a fe que vinieron. España encumbró el significado de “sacrificio”, y a fe que regresó. El mate, el delirio, Felipe, falta en ataque, ¡ya estamos aquí! Batum sólo alargó la agonía en el entierro más multitudinario de cuantos se han celebrado nunca en Lille. “¡Hemos venido a Francia para ganarles en su casa!”, sentenció Pau tras despachar a Grecia. Gasol fue Dios, también Profeta.

Invitado inesperado a la final

24 horas más tarde, de lo que vimos el jueves sólo quedaba el parquet. El componente emocional, la identificación con tu selección cuenta, obvio. Pero el Serbia – Lituania adoleció de todos los ingredientes que hicieron del encuentro de la víspera un partido inolvidable. Conste que quien escribe estas líneas no se asusta con guarismos bajos. Crecí con Maljković y Obradović, pero dudo mucho que ninguno de los contendientes ofrezca en el futuro un guión tan pobre.

En el país de los ciegos, Lituania reinó (64-67). Serbia encabezó la estadística de triples con un ridículo 21%. Repitan despacio: “Serbia”, “Lituania”. ¿Qué clase de brujería tornaba las muñecas eslavas y bálticas en estacas? Ambas escuadras ofrecieron un partido de patio de colegio hasta que la emoción tomó las riendas en el desenlace.

Los de Kazlauskas, siempre arriba, incapaces de sacar rédito del horrendo partido serbio. Kalnietis empotrándose contra gigantes, la estadística de pérdidas disparada por encima de la veintena. Valanciunas primero, Seibutis al final, Kuzminskas siempre. El rubio de Unicaja jugó la continuación con habilidad, procurándose tiros fáciles bajo canasta, parcela dominada con claridad por el outsider báltico.

Serbia mantuvo la llama encendida gracias al nerviosismo de su oponente, y los muy esporádicos chispazos de Bjelica y Marković. Calabazas para Erceg, Teodosić, Bogdanović (firmante de la derrota serbia con una horrible penetración al final del partido), Nedović. Alfiles, torres, caballos fuera, y Djordjević en manos del peón Raduljica. Pocas bazas para apostar dinero al blanco. El bueno de Sasha tendrá que tirar de paciencia y seguir esperando su ansiado duelo contra España.

Cero confianzas. Vuelvan a leer la última frase del quinto párrafo. El domingo la cosa irá en serio, y mal le irá a España si se duerme en los laureles. Será difícil que Lituania baje las revoluciones una vez se han plantado donde nadie esperaba. "¡Lie-tu-va! ¡Lie-tu-va!" gritaba en éxtasis la grada teñida de verde. Si tienen que ganarnos, que sea en la bancada. Dios (Pau) mediante. 

 


@ivanrm81

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