Mundo Basket España 1986

Hace muchos muchos años (28) en un reino junto al mar, en un país multicolor, se celebró el X Campeonato del Mundo. Un torneo que mejoró el nivel organizativo y competitivo, que despertó interés y pasión entre los aficionados y seguidores. Estados Unidos obtuvo la medalla de oro 32 años después. URSS y Yugoslavia completaron el podium, Brasil se recupera y España logra el 5º puesto.

Historia de los Campeonatos del Mundo

Mundo Basket España 86

Zaragoza, Ferrol, Málaga, Santa Cruz de Tenerife, Oviedo, Barcelona y Madrid

La historia de los Campeonatos Mundiales registró un punto de inflexión en la edición organizada por España. A partir de entonces, se acabarían las penurias, los problemas políticos y de organización; la televisión se encargará de llevar los encuentros a todo el mundo, las firmas comerciales apostarán por el deporte de la canasta e incluso Estados Unidos comenzará a enviar equipos más competitivos.

¿Qué ocurrió para que se produjera un giro tan espectacular? Una serie de circunstancias –intereses económicos, excelentes jugadores, un vibrante duelo entre Estados Unidos y la URSS tras el fiasco de Los Ángeles´84- se conjugaron para todo ello, con el apoyo en el hecho de que España reunía todos los requisitos para que el éxito acompañara la celebración del torneo. Ningún país del mundo aglutinaba como España en aquellos momentos una situación tan favorable para organizar un acontecimiento tan grandioso.

Cuando en 1.982 los dirigentes españoles, con Raimundo Saporta como cabeza visible, presentaron a la FIBA su candidatura para organizar el Mundial de 1.986, los responsables del baloncesto mundial no daban crédito a lo programado: 24 equipos participantes y siete ciudades escogidas como sedes. Un salto cualitativo tan grande respecto a todas las ediciones anteriores que nadie en la FIBA confiaba plenamente en un desenlace tan feliz.

España vive su momento baloncestístico más feliz, parecía irrepetible. Tras el cuarto puesto obtenido en Colombia, la selección española no ha hecho sino incrementar sus éxitos, culminados con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1.984. Es cierto que en aquella cita olímpica faltaba la Unión Soviética, a consecuencia del boicoteo comunista a los Juegos como represalia de lo ocurrido en Moscú´80, pero allí estaban Canadá, Yugoslavia, Italia, Australia y Brasil, además de los Estados Unidos con un equipo magnífico liderado por Michael Jordan. Los triunfos españoles en aquellos Juegos fueron seguidos por una audiencia millonaria congregada de madrugada ante los televisores en todo el país, lo que catapultó el interés por el baloncesto hasta su máximo nivel.

En España se consume baloncesto. La Liga ACB vive momentos de gran tensión e interés con los duelos entre Barcelona y Real Madrid más calientes que nunca; las publicaciones especializadas atraviesan su momento más álgido; la televisión se vuelca; los aficionados ya no se conforman con poco, incluso la lejana NBA es algo habitual y conocido para ellos; el baloncesto ha robado interés al fútbol, está de moda. El escenario para que el éxito acompañe al Mundial no puede ser más idílico.

Los 24 equipos quedaron repartidos en cuatro grupos de seis con sedes en Zaragoza, Ferrol, Málaga y Santa Cruz de Tenerife. Los tres primeros clasificados de cada grupo pasaban a disputar dos rondas semifinales, una en Barcelona con los equipos clasificados en los grupos A y B, y otra en Oviedo, con los del C y D. Los últimos tres clasificados en cada grupo de la primera fase volvían a sus países, eliminándose la poco interesante fase de consolación. La fase final, a celebrarse en Madrid, se disputaría por el sistema de cruces entre los equipos de ambas semifinales según la clasificación obtenida en la misma (primero contra segundo del otro grupo y así sucesivamente). Por último, se jugarían los partidos por los puestos finales.

 

España se complica la vida

El día 5 de julio en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza tiene lugar la ceremonia de inauguración del campeonato. Junto a España, en el grupo A, figuran Brasil, Grecia, Francia, Panamá y Corea del Sur. Los anfitriones, con graves carencias en el puesto de base, lo pasan fatal; muy nerviosos, logran imponerse con apuros a Francia (84-80), cómodamente a Corea del Sur (120-73), de milagro a Grecia (87-86) y sin problemas a Panamá (125-70), pero tantos titubeos culminaron con la inapelable derrota ante Brasil (86-72).

El tropiezo reviste gravedad. Los resultados en esta fase se convalidan para las semifinales y como quiera que Brasil también ha vencido en todos sus duelos anteriores, España parte con desventaja de una derrota en las semifinales y parece obligada a ganar a la Unión Soviética si quiere quedar entre los dos primeros y luchar por las medallas. Grecia, con su triunfo (87-84) frente a Francia, consigue la tercera plaza y acompaña a brasileños y españoles a Barcelona.

En Ferrol, la Unión Soviética, dirigida en esta ocasión por Vladimir Obukhov, masacra a todos sus rivales y demuestra que quienes le otorgan la condición de máximo favorito no se equivocan. Junto a ellos, se clasifican para las semifinales Israel y Cuba, ésta con mejor cociente respecto a Australia y Uruguay.

Estados Unidos crea numerosas incógnitas. Sus actuaciones en la sede de Málaga no invitan al optimismo, su jovencísimo equipo padece la baja por lesión de Steve Kerr, sufren para ganar a Puerto Rico (73-72) y muestran más cualidades atléticas que talento. Ganan su cinco partidos, pero despiertan más dudas que antes de iniciarse el campeonato. Italia y una sorprendente y en ascenso República Popular China logran el pase a las semifinales de Oviedo en detrimento de Puerto Rico y Alemania.

En Tenerife, Cresimir Cosic al frente de la selección yugoslava alterna triunfos en la cancha con desplantes y algún que otro escándalo sexual con Vrankovic como protagonista. La nueva generación de talentos yugoslavos encabezada por Drazen Petrovic llama a la puerta del título con tantos argumentos como mala educación para conseguirlo. Solamente Canadá (83-80) pone en aprietos a los de Cosic, que con sus cinco triunfos ven aumentar sus dosis de egocentrismo. Canadá y Argentina les acompañan a las semifinales en la capital del Principado de Asturias.

La primera fase se cierra con el convencimiento de que el título estará entre la URSS y Yugoslavia, con las críticas sobre Estados Unidos, la confirmación de Brasil, el ascenso de Grecia y la sospecha de que España se desvanece dentro del panorama internacional. Además, queda claro que las diferencias entre los países son abismales y que el experimento de 24 equipos no funciona en el plano deportivo, por mucho que complazca a las naciones de menor nivel.

 

Estados Unidos allana su camino

Las dos fases semifinales se viven con gran intensidad. Brasil no cede y se impone a Cuba (99-83) e Israel (90-75), por lo que obliga a España a vencer a la URSS si quiere meterse en la lucha por las finales. Los brasileños, tras la decepción sufrida con el octavo puesto  en Colombia, han vuelto a la carga de la mano de Ari Ventura Vidal y con equipo en el que Oscar Schmidt ejerce de ametralladora y que se faja muy bien bajo los aros con el atlético Gerson Victalino, los jóvenes Pipoca y Ferreira y el rocoso Israel Madiado.

España se planta en la Ciudad Condal sin nervios, dispuesta a jugarse todo a una carta para llegar a Madrid con aspiraciones de conseguir una medalla. Tienen que esperar un tropiezo brasileño –que no se producirá- o imponerse a los soviéticos. Pero si hay algún equipo que, al margen de los yugoslavos, juegue siempre bien contra la URSS, ése es el de Antonio Díaz Miguel.

Los soviéticos son un enemigo temible. Su técnico, Obukhov, suscita no pocas dudas pero dentro de la zona con Sabonis, Tkachenko, Belostenny y el polivalente Volkov nadie puede oponérseles, mientras que mantienen su tradicional puntería desde el perímetro con Tikhonenko, Valters, Homicius, Tarakanov y Kurtinaitis. Los españoles mantienen el bloque que consiguió el subcampeonato olímpico con Epi, Romay, Sibilio, Jiménez y Fernando Martín, pero ya no se mueven bajo la batuta de Corbalán y lo notan, aunque cuenten con un público fervoroso y volcado con su equipo.

El duelo entre españoles y soviéticos confirma las expectativas y se convierte en el más apasionante de los disputados en el torneo hasta el momento. España cuaja un buen partido ante el peor enemigo posible, pero ve como sus intentos de doblegar al “rodillo soviético” son inútiles al tener que pelear contra su potente rival y contra un árbitro francés llamado Mainini –vetado por los españoles en la final olímpica de Los Ángeles- que barre para Sabonis y compañía sin disimulo. El marcador final de 88-83 para la URSS lleva a los españoles a la lucha por el quinto puesto.

El otro grupo semifinal (grupo B) comenzó con una gran sorpresa: Argentina venció a Estados Unidos (74-70) en Oviedo. Esa derrota suponía un serio quebranto para los norteamericanos, pues un tropiezo frente a Yugoslavia les apeaba de la lucha por las medallas. A esas alturas de la competición, los pocos analistas que todavía confían en las posibilidades de los jóvenes estadounidenses -20 años de media- han arrojado la toalla. El crédito se les acaba.

Sin embargo, ese grupo de mozalbetes todavía tiene mucho que decir. Entrenados por Lute Olson, el experimentado técnico de la Universidad de Arizona, aúna talento y condiciones atléticas en sus filas y muchos de sus jugadores están llamados a triunfar en la NBA como David Robinson, Charles Smith, Derrick Mckey, Sean Elliot, Kenny Smith o el pequeño Tyrone Bogues.

Estados Unidos defiende su orgullo y sus posibilidades con una memorable actuación ante Yugoslavia. Su defensa –nadie recuerda cuando un equipo ha dejado a los yugoslavos en 60 puntos- es la mejor vista en el Viejo Continente; y en esa labor destaca Tyrone Bogues que con sus 1,59 metros desquicia a Drazen Petrovic, lo deja en 12 puntos y contagia a sus compañeros que encuentran en David Robinson (21 puntos) a su máximo anotador. La victoria de Estados Unidos (69-60) les coloca como primero de grupo y provoca una semifinal entre soviéticos y yugoslavos.

 

Lección de humildad

El juego de Estados Unidos crece tras la estela dejada por su exhibición en Oviedo ante los yugoslavos. Brasil –siempre los brasileños con opción de medalla- se planta en su camino hacia la final, pero a estas alturas de competición la maquinaria estadounidense está perfectamente engrasada con Bogues y Kenny Smith dirigiendo las operaciones a la perfección bien secundados por la potencia física de Mckey, Robinson, Charles Smith…y con la excelente defensa de todo el grupo. Una defensa que, sin embargo, no pudo  frenar a un Oscar (43 puntos) letal en sus lanzamientos, autor de 5 triples y objeto de 12 de las 22 faltas personales cometidas por los norteamericanos, pero demasiado solo ante el bloque de Olson que dominó tan ampliamente en el aspecto reboteador como en el marcador. Al final, un rotundo 96-80 y la sensación de que Estados Unidos no ha apurado sus posibilidades. Ahora, sí se comienza a apostar por ellos.

El duelo entre soviéticos y yugoslavos quedó grabado en el libro de oro del Mundial y en el corazón de todos los que lo presenciaron. Yugoslavia, con los hermanos Petrovic al mando de las operaciones –Drazen, 27 puntos; Aleksandar, 15 puntos-, dominó durante casi todo el partido sin que la excelente actuación de Sabonis (25 puntos) y de Tikhonenko (20 puntos) les permitiera acercarse en el marcador. Pero los yugoslavos serían víctimas de su propia descortesía y de sus ganas de humillar al rival.

A falta de menos de dos minutos y quince segundos los pupilos de Cosic ganan por nueve puntos (81-72). Es el momento esperado por los Petrovic para comenzar el baile, las provocaciones y la humillación de los soviéticos, muy erráticos en sus lanzamientos a canasta. Renuncian sistemáticamente a lanzar los tiros libres consiguientes a las desesperadas faltas personales de Sabonis y compañía, ante el enfado del veterano Dalipagic que increpa a Drazen Petrovic por su conducta antideportiva. Pero los soviéticos no están enterrados, un triple de Sabonis y otro casi inmediato de Tikhonenko les acercan a tres puntos a falta de doce segundos entre el clamor de un público tan admirador de Sabonis como enemigo de Drazen. Los balcánicos sacan de fondo, el balón va al inexperto Vlade Divac que no soporta la presión defensiva y pierde los nervios al cometer dobles. Valters, fallón durante todo el partido, aprovecha la oportunidad e iguala el marcador (85-85) con un triple providencial cuando suena la bocina. El público enloquece, Dalipagic casi agrede a Drazen y los soviéticos rearman su moral para una prórroga en la que conseguirán su paso a la final (91-90).

En la jornada matinal previa a las altas emociones vividas por la tarde, España suavizó la decepción de sus seguidores con un triunfo frente a Canadá (100-80) que al día siguiente confirmaría contra los italianos (87-69) para alcanzar el quinto puesto. Mientras el griego Nikos Gallis machacaba las canastas hasta proclamarse máximo anotador del torneo con un total de 337 puntos en 10 partidos (33,7 de media).

 

Estados Unidos toma el mando

La resaca de las semifinales fue dura para los yugoslavos. Dalipagic, en rueda de prensa tras acabar el partido contra la URSS, llamó estúpido a Drazen Petrovic, mientras que Cosic lamentaba la oportunidad perdida. La decepción podía pasar factura en el encuentro por la medalla de bronce frente a Brasil  y los primeros minutos parecían incidir en esa línea (empate a 32 en el minuto 12). Sin embargo Oscar Schmidt no estaba fino y la superioridad yugoslava en todas las facetas comenzó a imponerse con un Dalipagic muy certero (30 puntos). La segunda mitad resultó mucho más cómoda para los de Cosic que no tuvieron problemas para vencer con total autoridad (117-91), pero que en esta ocasión se resistieron a la tentación de bailar a sus rivales.

Cuatro años después de la final de Cali, soviéticos y estadounidenses volvían a enfrentarse con un título en juego. Estados Unidos había visto frustrada la oportunidad de revancha en los Juegos de Los Ángeles en 1.984 por la ausencia de la URSS. Ahora llegaba esa ocasión, pero el conjunto de Lute Olson ofrecía menos garantías de éxito que el presentado por Bobby Knight en los Juegos disputados en la ciudad californiana.

Estados Unidos salió decidido a conseguir el título que se les negaba desde 1.954 en la segunda edición del certamen. El ritmo es frenético, Kenny Smith saca petróleo de los contraataques cimentados en el dominio reboteador de David Robinson, mientras que Bogues puede con un descentrado Valters y los tiradores soviéticos no encuentran aro ante los pegajosos marcajes de Elliot y Mckey. El marcador se decanta favorable a los norteamericanos, pero Belostenny aprovecha la ausencia de Robinson durante unos minutos para frenar la sangría y cerrar la primera mitad con un 48-38; claro, pero no definitivo.

En la reanudación el espectacular Kenny Smith comienza como un poseso y lanza a sus compañeros, que incrementan la ventaja hasta un 78-60 en el ecuador de este período. Los soviéticos se ahogan con su tiro exterior (8 aciertos sobre 26 intentos en triples) pero una sencilla defensa zonal obra el milagro. Aparecen los nervios estadounidenses y Sabonis comienza a dominar el rebote; las diferencias se acortan (81-71). A falta de dos minutos, dos triples de Valdemaras Homicius rememoran la gesta del día anterior, pero en esta ocasión el milagro no se produce (87-85 final) y Estados Unidos se reencuentra, 32 años después con el oro en un Campeonato del Mundo.

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega

 

 


José María Miguel

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