Yugoslavia 1970

VI Campeonato del Mundo FIBA: el primero en Europa

Mundobasket: Conocemos su Historia (7)

Yugoslavia 1970 (10 al 24 de Mayo)

El 3 de Junio de 1.967 en Montevideo, el Comité Central de la FIBA designa a la ciudad yugoslava de Ljubljana como sede de la fase final del Campeonato del Mundo que se celebrará en 1.970 recuperando así, para siempre, la original cadencia de cuatro años entre una edición de los Juegos Olímpicos y la siguiente.

Yugoslavia se había convertido en una de las grandes potencias mundiales del deporte de la canasta. Su selección cosechaba buenas actuaciones allá donde acudía y había añadido al subcampeonato mundial alcanzado en Uruguay, la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de México´68, en detrimento de la URSS y la segunda plaza en el Europeo celebrado en Nápoles, apenas unos meses antes de disputar el Mundial ante su público.

La Federación Yugoslava festejaba su 25º aniversario y se volcó en la organización: dispuso de todos los medios necesarios y los aprovechó para que este campeonato superara con creces al resto. Con Borislav Stankovic a la cabeza, ya entonces un dirigente muy considerado en la FIBA, los organizadores decidieron mantener el formato de la competición de ediciones anteriores con trece países participantes y el anfitrión exento de disputar la primera fase.

La novedad principal radica en la presencia de participantes de los cinco continentes. Australia acude como representante de Oceanía, en su condición de equipo más potente de la zona aunque su campeonato continental no se inició hasta 1.971. Corea del Sur y la República Árabe Unida (RAU) lo hacen en representación de Asia y África, respectivamente en su condición de vigentes campeones de sus continentes. Brasil y Uruguay, primeros clasificados en el certamen sudamericano, Cuba, Panamá, Canadá y Estados Unidos portan el pabellón americano, mientras que la Unión Soviética, Italia y Checoslovaquia, junto a los anfitriones, representan al Viejo Continente.

Sarajevo (Bosnia), Split y Karlovac (Croacia) acogen a los tres grupos de clasificación, Skopje, capital de Macedonia, recibirá a las selecciones menos afortunadas para disputar los puestos de consolación, y Ljubljana, capital de Eslovenia, vivirá en directo la pugna por las medallas.

La delegación yugoslava planteó la Comité Central de la FIBA una petición totalmente antirreglamentaria poniéndolo en una situación muy delicada. Resultó que Ivo Daneu, el mítico jugador yugoslavo, planeaba despedirse del baloncesto profesional y decidió que no habría un mejor momento que la celebración del Mundial ante su público. Sin embargo la presencia de un Daneu fuera de forma obligaba al seleccionador Ranko Zeravica a prescindir de algunos de los jugadores que venían actuando en el combinado nacional.

Stankovic solicitó a la FIBA autorización para que con carácter excepcional y a modo de homenaje, Daneu figurara en la selección yugoslava, pero su puesto no contara en la relación de doce jugadores. William Jones, que veía con mucho agrado la marcha ascendente del baloncesto yugoslavo e impresionado por los preparativos realizados para la ocasión, no puede negarse a una solicitud que había adquirido rango de “interés nacional”, máxime cuando el propio mariscal Josip Broz Tito le había concedido recientemente la Orden de la Bandera de Yugoslavia con Estrellas de Oro, la mayor condecoración que otorgaba el gobierno yugoslavo a una personalidad extranjera. La FIBA accede. Daneu jugará los cinco primeros minutos del partido ante Italia y dejará su puesto al joven Plecas para no aparecer hasta el momento de saborear el título y la entrega de los trofeos.

 

Italia se une a los favoritos

Yugoslavia, como equipo anfitrión y dado su gran potencial, parte como máximo favorito, pero mira con desconfianza a soviéticos, brasileños, estadounidenses e italianos. Estos últimos, pese a haber defraudado en el Europeo celebrado un año antes en su país, se han convertido en un enemigo durísimo, forjado con el espíritu de Dino Meneghin, su gran estrella. Encuadrados en el grupo B, con sede en Split, los italianos se imponen con autoridad a Canadá (84-69) y a Corea del Sur (77-66) y protagonizan junto a los brasileños el duelo más igualado de los vividos hasta entonces en la máxima competición mundial. Tras dos prórrogas, Meneghin y los suyos ceden la primera plaza del grupo (93-94).

Estados Unidos no padece para clasificarse en el grupo A con sede en Sarajevo. Cuba y Australia no les causan ningún problema y solamente Checoslovaquia plantea alguna oposición aunque sin pasarse (99-86). Pero un dato ponía a los estadounidenses bajo sospecha. En un país con tantos y tan excelentes jugadores se habían visto obligados a recurrir a los servicios de Tal Brody, jugador estadounidense de nacimiento pero nacionalizado israelí, arriesgándose así a que se impugnaran sus encuentros. Además, el equipo lo componen una extraña mezcla formada por jugadores del ejército y profesionales camuflados que se alineaban en Europa. Completa el grupo un jovencito pelirrojo de 17 años llamado Bill Walton que haría estragos bajo los aros en los años siguientes, pero que en Yugoslavia quedó inédito.

Todas las miradas estaban puestas en la URSS. Pese a que cedieron ante Yugoslavia en la lucha por la medalla de plata en los Juegos de México´68, los soviéticos se habían tomado cumplida venganza en el Campeonato de Europa disputado un año antes en tierras italianas. Los yugoslavos confiaban en que sus buenas actuaciones ante los soviéticos se mantuvieran en su Mundial, pero no se fiaban.

La desconfianza balcánica aumentó con las primeras actuaciones de la URSS en la localidad de Karlovac, muy próxima a Zagreb. No era el grupo C muy potente, pero los soviéticos se mostraron intratables e insolentes. Tras calentar motores con victoria cómoda pero sin avasallar ante Uruguay (71-53), los de Gomelski se dieron sendos banquetes ante Panamá (110-52) y la RAU (121-50). Nunca se había visto nada igual en un Mundial; los organizadores empezaron a temer por las posibilidades yugoslavas, y comenzaron a poner obstáculos en el camino soviético.

 

Siempre Brasil

Estados Unidos, Checoslovaquia, Brasil, Italia, Unión Soviética y Uruguay pasaron a la fase final. En Ljubljana  les esperaba la selección yugoslava apoyada por 12.000 excitadísimos espectadores que abarrotaron sin cesar el Tívoli y que se distinguieron tanto por el entusiasta apoyo hacia su equipo como por su animadversión hacia los soviéticos, señalados como el principal enemigo para sus intereses.

El calendario elaborado por los organizadores supuso el primer obstáculo para los soviéticos: abrían fuego frente a Brasil. Una pequeña emboscada que vino muy bien a los anfitriones, pues ya hemos visto como se las gastaban los brasileños en estas citas mundialistas. El conjunto sudamericano había perdido para esta cita al mítico Amaury Passos, pero recuperaba a Wlamir Marques, que al igual que Daneu había anunciado su retirada de la selección en ese Mundial y que ocupaba plaza en el combinado con todas las de la ley.

Brasil, apabullada por España unas semanas antes y que pasó tantos problemas para doblegar a Italia en la fase previa, se mantuvo fiel a su historia en los Mundiales y dio una nueva sorpresa al imponerse (66-64) a una URSS descentrada, en la que Gomelski no supo nunca contrarrestar la velocidad de sus rivales y que finalizó defendiendo en zona, algo que hasta entonces los equipos soviéticos despreciaban. El primer tiempo, sin embargo, resultó muy favorable para los soviéticos (38-27) que salieron demasiado confiados ante los luchadores y peligrosos brasileños. Visto y no visto, el marcador se igualó con un Ubiratán portentoso. Las salidas por faltas personales obligaron a los brasileños a jugar los últimos cinco minutos con un solo pívot –el citado Ubiratán- y cuatro pequeños, Marques, Helio, Olaio y “Mosquito”, pero para entonces la moral soviética estaba por los suelos.

Los yugoslavos, que previamente habían vencido con muchos apuros y alguna “ayudita” arbitral a Italia (66-63), comenzaban a hacer cálculos. La derrota soviética les allanaba un poco el camino hacia el  oro, pero aquello no había hecho sino comenzar. Su objetivo era llegar a la última jornada, que les enfrentaría a la URSS, con todo decidido, por lo que tenían prohibido fallar.

La segunda jornada mantuvo las cosas en su sitio. Checoslovaquia pagó las iras soviéticas (98-72), Uruguay se quedó en unos paupérrimos 39 puntos ante Estados Unidos  ofreciendo una imagen tan deprimente que muchos se acordaron de ausentes como España, y Brasil logró un triunfo trabajado (69-59) ante Italia. Normalidad que precedía a dos jornadas en las que podían aclararse mucho las cosas.

 

Yugoslavia no falló

La primera prueba de fuego para la selección yugoslava llegó en la tercera jornada; Brasil representaba una pieza de toque excelente para comprobar si el pobre potencial mostrado ante Italia por los locales era real o pasajero. No hubo discusión, Yugoslavia despejó todas las dudas con una demostración de gran baloncesto que minimizó hasta el infinito a un equipo tan cualificado como el brasileño. Un elocuente 80-55 confirmaba las aspiraciones locales.

Ranko Zeravica realizó con éxito la renovación del equipo que había participado en los anteriores Mundiales y el grupo superó la traumática desaparición de Radivoj Korac un año antes. Los jóvenes respondieron a la perfección, especialmente Nikola Plecas, pero el auténtico líder de ese equipo no era otro que Cresimir Cosic. El pívot daba cada noche un recital de fundamentos dentro de la zona, su rapidez, visión de juego y técnica individual estaban muy por encima del baloncesto FIBA, y no es de extrañar que varios equipos de la NBA quisieran incorporarle a sus filas.

Si el triunfo ante Brasil despejó las dudas yugoslavas, la siguiente jornada sirvió para que se olvidaran un poco de los soviéticos y se centraran en los estadounidenses como máximos rivales. Se jugaba el siempre apasionante Estados Unidos – Unión Soviética. Los norteamericanos habían mostrado una excelente defensa en sus encuentros anteriores junto a un caótico juego de ataque; los soviéticos un juego excesivamente mecanizado pese a contar con el talento de Paulaskas y Segei Belov y en el que la altura de Andreev, Zarmuhamedov y Alexander Belov creaba muchísimos problemas a los rivales. El partido registró múltiples alternativas, con unos Sergei Belov (24 puntos) y Paulaskas (22 puntos) magistrales, pero los soviéticos padecieron un arbitraje lamentable que acabó con su pívots expulsados y permitió la remontada estadounidense.

La derrota eliminaba a la selección soviética de la lucha por el oro. Exceso de confianza, malos arbitrajes y la nefasta dirección del “zar” Gomelski les privaron de poder reditar su título mundial, pese a contar con el equipo más completo. Yugoslavia se relamía sin que a los aficionados les importara que el último encuentro frente a la URSS perdiera el carácter de decisivo que todos esperaban.

Ranko Zeravica hacía sus cuentas y ellas estaba marcado con letras grandes el enfrentamiento ante Estados Unidos. Sin embargo, una nueva sorpresa allanó más el camino yugoslavo: Estados Unidos perdía (66-64) ante Italia. Yugoslavia podía proclamarse campeón del mundo en la penúltima jornada si ganaba a los norteamericanos.

El ambiente del palacio Tívoli superó todo lo presenciado hasta entonces. La capacidad oficial del pabellón habla de 12.000 espectadores, pero allí se colaron al menos 14.000, con sus respectivas banderas. Pero Yugoslavia sufrió. Los norteamericanos con un Silliman muy poderoso bajo tableros, ponen nerviosos a sus rivales en los que Cosic falla más de la cuenta. En la reanudación, empujados por un Skansi letal y con Cosic mejorado, los locales toman la delantera entre la algarabía de sus aficionados. Una ventaja de siete puntos permite a los de Zeravica renunciar a lanzar seis tiros libres en los últimos dos minutos y alcanzar el éxtasis cuando Ivo Daneu salta a la cancha para disputar los últimos instantes. Al bocinazo final (70-63) le sigue una multitudinaria invasión de la cancha. Yugoslavia se proclama campeona del mundo por primera vez en su historia, y todavía faltaba una jornada.

 

Triste fin de fiesta

Brasil se presenta a la última jornada con una sola derrota (ante Yugoslavia) y grandes posibilidades de acceder a la medalla de plata. Les basta con ganar a Estados Unidos y, fieles a su tradición no fallan. Los estadounidenses ofrecen una pobre imagen en el partido, mantienen es cierto, su buena defensa, pero se muestran tan desordenados en ataque que permiten una y otra vez los contraataques brasileños; éstos se imponen a sus rivales y a su propio técnico que decidió no lanzar los últimos ocho tiros libres de su equipo y que estuvo a punto de permitir la remontada estadounidense. La derrota de Estados Unidos –unida al posterior triunfo soviético ante los yugoslavos- les relegó al quinto puesto, superados también por Italia. Una vez más la mala predisposición para formar un equipo competitivo les privó de una buena clasificación mientras que las críticas por su actuación arreciaban en el seno de la FIBA.

La fiesta vivida por jugadores y aficionados yugoslavos tras el triunfo ante Estados Unidos que les dio el título mundial tuvo una resaca desgraciada. Al día siguiente la URSS se tomaba la revancha con un concluyente 87-72 que les servía para ganar la medalla de bronce y que vino a demostrar el gran talento de aquel equipo, desaprovechado en muchas ocasiones.

La derrota yugoslava ante la selección soviética no fue nada con lo que les esperaba. Cuatro días después de clausurarse el Mundial, el pívot yugoslavo Trajko Rajkovic moría de un ataque cardíaco. Había decidido retirarse del baloncesto con esa medalla colgada del cuello y se preparaba para participar en el homenaje a Radivoj Korac, fallecido un año antes.

Checoslovaquia (2 victorias y 4 derrotas) ocupó el 6º puesto de la fase final, mientras que Uruguay (0 victorias y 6 derrotas) fue 7º y último.

Los puestos 8º al 13º correspondieron por este orden a: Cuba, Panamá, Canadá, Corea, Australia y Emiratos Árabes.

El máximo anotador del torneo fue el coreano Pa Shin Dong con 261 puntos en 8 partidos (32,6 de media).

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega

 


José María Miguel

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