Uruguay 1967

V Campeonato del Mundo FIBA: Carambola el 11 de Junio de 1967

Mundobasket: Conocemos su Historia (6)

Uruguay 1967 (27 de Mayo a 11 de Junio)

Las intenciones de la FIBA de celebrar el Campeonato Mundial en 1966 quedaron cercenadas a instancias de las autoridades uruguayas, que temían hacer coincidir la disputa del torneo con la convocatoria de elecciones generales en el país. La petición de aplazamiento para el Mundial pareció bastante lógica.

Pero pese al acierto en solicitar el aplazamiento, Uruguay no se encontraba en la situación que requería la organización de un evento deportivo de esta magnitud y todas las delegaciones presentes en este V Campeonato del Mundo padecieron numerosas deficiencias. Las ciudades de Las Mercedes, Salto y Montevideo quedaron seleccionadas para acoger a los tres grupos que formaban la primera ronda del torneo. La ciudad argentina de Córdoba acogería la fase de consolación, mientras que la capital Montevideo, repetía con la celebración de la fase final, aunque en una cancha diferente, con mayor capacidad pero nulas condiciones.

La organización no había introducido novedades en el sistema de competición. La primera fase dejó tres datos para el recuerdo: la dureza del grupo A disputado en Las Mercedes, con cuatro equipos de altísimo nivel, la permanencia de Brasil entre los mejores y la presentación de la candidatura al título de la Unión Soviética.

Estados Unidos, Yugoslavia, México e Italia disputaron en Las Mercedes, a orillas del río que da nombre al país, una fase de clasificación trepidante. No hubo palizas y los seis encuentros depararon grandes emociones. El equipo estadounidense se impuso a Italia (67-56), México (75-65) y Yugoslavia (76-71). Los balcánicos lograron sendas victorias ante italianos (71-62) y mexicanos (86-73), mientras que estos últimos se consolaron con un triunfo ante la selección transalpina (78-60). México tenía un gran equipo con Manuel Raga y Arturo Guerrero en plan estelar y lo demostró la ganar todos los encuentros de la fase de consolación. Quizá en otro grupo se habrían clasificado para luchar por las medallas.

En Salto, Brasil demostró que su baloncesto se mantenía entre los mejores del mundo. Eran los vigentes campeones mundiales y medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio, mantenían a sus estrellas Amaury Pasos y Ubiratán Pereira y había incorporado a los excelentes Luis “Mosquito” Menon y Calos Massoni. Los brasileños ganaron por más de 30 puntos a paraguayos y portorriqueños y 83-67 a Polonia con la que pasaron a la siguiente fase.

Montevideo fue testigo de una exhibición demoledora de la URSS. Los soviéticos, muy renovados por Alexander Gomelski, tenían en el capitán Volnov un seguro de vida y presentaban en sociedad a dos jóvenes estrellas: Modestas Paulaskas y Sergei Belov. Esta primera fase resultó un monólogo soviético incontestable ante argentinos (105-66), peruanos (84-46) y japoneses (95-56). Argentina, por su parte hizo valer su superioridad ante unos flojísimos rivales y volvió a estar presente en la fase final de un Mundial.

 

 

Frío glacial en un viejo almacén

El traslado de las fechas del Mundial desde diciembre de 1.966 a mayo de 1.967 trajo una consecuencia desagradable: el intenso frío que en esa época padece Uruguay. Los organizadores no cayeron en cuenta de este detalle cuando solicitaron el aplazamiento y habían llevado la disputa de los encuentros a una cancha con capacidad para 15.000 espectadores, en realidad un viejo almacén rehabilitado en su interior y cerrado por una bóveda tan artística como ineficaz.

Sin calefacción y sin aislamiento en el recinto, allí se rozaban siempre los cero grados centígrados. No importaba que el recinto se llenara en sus 15.000 plazas, una cortina de vaho humano delataba el frío soportado por todo aquel que se pasara por “el frigorífico” (así fue bautizada la cancha por razones obvias). El público respondió bien dadas las condiciones ambientales y la floja actuación de su selección, se lo tomó con buen humor y acudió a los partidos con mantas.

La selección uruguaya, que se había incorporado a la competición para disputar la fase que reunía a los mejores –como venía siendo habitual desde la primera edición del certamen- nunca tuvo opción de pelear por las medallas pero sí se convirtió en juez a la hora de decidir las mismas. Uruguay comienza su andadura ante Brasil y recibe un serio correctivo (63-45) que no es capaz de enmendar en sus partidos siguientes ante Argentina (79-75), Estados Unidos (88-53) y la URSS (60-54).

Sin posibilidad alguna para subir al podio, la selección uruguaya afronta con tranquilidad su penúltimo partido ante Yugoslavia. El encuentro resulta muy flojo, los balcánicos dominaban en el descanso por un solo punto de diferencia y no pudieron dar el tirón definitivo en el marcador, entrando en el último minuto con todo por decidir. La moneda cae del lado uruguayo (57-58) e impide que los yugoslavos se apunten su primer título mundial. Uruguay cerraría su participación con una derrota ante Polonia (72-62) y bajo la mirada asesina de la delegación yugoslava, temerosa de que esa única victoria local les pasara una fuerte factura.

 

Candidatos al título

El triunfo uruguayo ante Yugoslavia no fue el único sobresalto que se produjo en el torneo. Se vivieron momentos de gran intensidad, especialmente en los partidos entre los cuatro aspirantes a la medalla de oro: Unión Soviética, Estados Unidos, Yugoslavia y Brasil. Estos últimos dijeron muy pronto adiós a sus aspiraciones de lograr el oro, pero continuaron luchando y obtuvieron la recompensa a su entrega.

Brasil no pudo contar en esa ocasión con el legendario Wlamir Marques, uno de los artífices de la época dorada del baloncesto brasileño, que se encontraba lesionado pero mantenía un conjunto muy sólido con Amaury de líder indiscutible y en el que Ubiratán había madurado desde su presentación en el Mundial anterior. Los brasileños afrontaron una prueba de fuero ante la selección soviética. El encuentro deparó cuarenta minutos de lo mejor visto hasta entonces en el baloncesto FIBA; la igualdad a 42 que registraba el marcador en el descanso se mantiene hasta los instantes finales sin que la eliminación por faltas personales de Ubiratán y Amaury reste posibilidades a los sudamericanos, aunque finalmente acabarían cediendo por 78-74.

Nada estaba perdido, ya que el sistema de liguilla permitía recuperarse de una derrota. El siguiente examen les medía a Yugoslavia por lo que no había tiempo para lamentarse de la derrota precedente. Tampoco tuvieron fortuna. Tras retirarse al descanso con una ventaja de seis puntos, los brasileños padecen el despertar de un conjunto balcánico en el que la foja actuación de Radivoj Korac es suplida perfectamente por Borut Basin, Petar Skansi, Ivo Daneu o un jovencísimo llamado Cresimir Cosic. La derrota (87-84) acababa con los sueños de revalidad el titulo de los brasileños, pero no con su moral: se prometieron seguir peleando hasta el último partido…lo que resultaría decisivo para el reparto final de las medallas.

 

Tensión entre las dos grandes potencias

Los duelos entre Estados Unidos y la Unión Soviética abarcaban mucho más allá de lo estrictamente deportivo. La rivalidad política entre amabas potencias se trasladaba al plano del deporte; aunque en baloncesto los norteamericanos mantenían la hegemonía, las distancias se acortaban (siempre al margen los profesionales de la NBA) como se había demostrado en la última cita olímpica resulta a favor de Estados Unidos por “sólo” 14 puntos de diferencia.

En Uruguay, la URSS acudía con la totalidad de los efectivos a disposición de Alexander Gomelski, mientras que el técnico norteamericano Hal Fisher había reclutado un buen equipo pero sin los mejores universitarios del momento como Earl Monroe o Walt Frazier, que dieron el salto a la NBA unas semanas después de disputarse el Mundial, o Elvin Hayes, Wes Unseld y Bob Kauffman que lo harían al año siguiente.

El conjunto norteamericano no acudía como comparsa. No disponía de su mejor combinado posible, pero tampoco era despreciable. El principal defecto era la inexperiencia de sus hombres, pero en ningún caso adolece de escasez de talento. Entre sus jugadores, algunos acabarán en la NBA como Charles Paulk (Milwaukee y Cincinnati) y Stanley McKenzie (Baltimore, Phoenix y Portland), o en la ABA (la otra liga profesional famosa por su balón tricolor y por Julius Erving), como Michael Barrett, Albert Tucker, John Clawson, Darel Carrier, o bien en ambas, como Jay Miller (Saint Louis en la NBA e Indiana en la ABA).

Frente a este combinado de futuros profesionales, la URSS opone la columna vertebral del equipo que ganó la medalla de plata en Tokio con algunas incorporaciones de peso como Paulauskas. Belov o Andreiev. Acumulaban ansias de revancha y ganas de hace algo sonado en el baloncesto mundial: por ejemplo, devolver a su país el título que en 1.959 la política les quitó en tierras chilenas.

Soviéticos y estadounidenses se presentaron invictos a su cita. Bajo la atenta mirada de los responsables de ambas delegaciones deportivas –obligados a compartir manta para combatir el frío-, las dos selecciones firman un partido épico, en el que las defensas y la tensión se imponen al talento de los protagonistas. La ventaja (29-23) con la que los norteamericanos se retiraron al descanso significaba poco y pronto es reducida por los soviéticos en la reanudación. Con el discurrir de los minutos cada posesión resulta oro en paño, cada bloqueo, cada finta, cada balón perdido y cada punto se tornan decisivos.

A falta de 1:44 para el final se armó el lío. El marcador está igualado a 54 puntos, cuando los árbitros señalan la quinta falta al capitán Volnov y decretan salto entre dos para reanudar el juego. El entrenador norteamericano, Hal Fisher, protesta enérgicamente y consigue que los colegiados rectifiquen y concedan dos tiros libres. Como es lógico, las protestas pasaron al banco soviético, pero los árbitros no modifican su postura. Aún así, los soviéticos se sobreponen y entran en los últimos segundos con un punto de ventaja en el marcador. Casi sobre la bocina, Mike Barrett realiza un lanzamiento desesperado que entra en la canasta y otorga el triunfo a su equipo. Tras esta victoria la medalla de oro parecía al alcance del combinado estadounidense, mas la competición no ha hecho sino comenzar y todavía ofrecería muchas sorpresas y un desenlace inesperado.

 

Última jornada decisiva

El último día se disputaban los partidos URSS – Yugoslavia y Estados Unidos – Brasil. Soviéticos, yugoslavos y estadounidenses llegaban empatados con una derrota cada uno (Estados Unidos había perdido con Yugoslavia, 73-72, tras su triunfo ante la URSS) mientras que Brasil acumula dos derrotas.

Los yugoslavos, entrenados por Ranko Zeravika, contaban con muchas bazas a favor. En primer lugar, dependían de si mismos y ganando ese último partido se aseguraban el título pese a que Estados Unidos venciese a Brasil.  En segundo lugar, contaban con Ivo Daneu, proclamado mejor jugador del torneo. Sus rivales, por contrario, tenían que ganar a los yugoslavos y esperar que los brasileños hicieran el pequeño milagro de imponerse a Estados Unidos.

El equipo de Gomelski no dio opción a sus rivales. El 71-59 que reflejaba el marcador al finalizar los cuarenta minutos de juego habla claramente de la superioridad soviética que tuvo en Anatoli Polivoda (16 puntos), Jaak Lipso (14 puntos) y Modestas Pauslaukas (10 puntos) a sus mejores hombres. Su triunfo se asentó en una soberbia defensa sobre el “artillero” yugoslavo Radivoj Korac a quien dejaron en unos pobres seis puntos.

Todo estaba en manos de Estados Unidos. Si ganaban, se hacían con el oro y relegaban a Yugoslavia a la tercera plaza. La URSS tenía la plata garantizada y sus jugadores lo celebraron con alborozo en la cancha, escépticos ante la posibilidad de un triunfo brasileño que les catapultara a lo más alto del podio.

Los norteamericanos comenzaron dominando con una buena defensa y lograron enmudecer al público, mayoritariamente del lado brasileño. Pero, de repente, todo se vino abajo, comenzaron a fallar lanzamientos y el contraataque dirigido por Amaury se volvió decisivo. Los brasileños dominaban en el marcador (40-29) al descanso y la tensión se refleja en los rostros de los jóvenes norteamericanos. De la mano de un excelente James Williams, muy poderoso bajo los tableros y muy luchador, Estados Unidos consiguió recuperar la desventaja, pero otra pequeña laguna en su juego permitió que los brasileños cobraran una ventaja en torno a los diez puntos que supieron mantener hasta el final.

El marcador (80-71) daba un vuelco a la clasificación en detrimento de Estados Unidos que se quedaba sin subir al podio, los soviéticos celebraban por todo lo alto la carambola que les daba el oro, mientras que los yugoslavos se consolaban con una plata que no supieron transformar en oro por una mala tarde…Y, entre el entusiasmo de sus muchos seguidores, Brasil celebraba una medalla de bronce que solamente la fe en sus posibilidades le había permitido alcanzar.

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega

 

 


José María Miguel

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