Puerto Rico 1974

URSS, Yugoslavia y Estados Unidos fueron Oro, Plata y Bronce tras un triple empate con 6 victorias y 1 derrota para cada selección en la Fase final. España, dirigida por Antonio Díaz Miguel, regresó a un Campeonato del Mundo y fue 5ª: venció a Argentina y Filipinas en la Fase previa, y a Puerto Rico y Brasil en la Fase final. Wayne Brabender, Vicente Ramos, Cristobal Rodríguez, Carmelo Cabrera, Luis Miguel Santillana, Rafael Rullán, Jesús Iradier, Juan Antonio Corbalán, José Luis Sagi-Vela, Clifford Luyk, Miguel Angel Estrada y Manuel Flores componían la Selección.

 

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Puerto Rico 1974  (3 a 14 de Julio)

 

Un hecho conmocionó al deporte de la canasta en el periodo de tiempo comprendido desde la disputa del Campeonato del Mundo de 1.970, ganado por Yugoslavia ante su público, y los preparativos para la edición de 1.974 que correspondían a Puerto Rico: Estados Unidos pierde una final olímpica por primera vez. En los Juegos Olímpicos de Munich 1.972, después de que se mandaran repetir los últimos tres segundos del partido y cuando los estadounidenses ya celebraban su triunfo. En esos tres segundos polémicos, el pívot Alexander Belov conseguía una de las canastas más famosas de la historia del baloncesto y otorgaba el triunfo (51-50) y la medalla de oro a la Unión Soviética.

¿Robo? ¿Cacicada? ¿Decisión correcta? Ni siquiera el paso del tiempo ha puesto de acuerdo a todos los protagonistas. Los estadounidenses jamás aceptaron la derrota y argumentan que aquel título olímpico les corresponde; los vencedores replican con la legalidad de la canasta conseguida. En los años siguientes a la famosa final olímpica se discutió con pasión sobre el tema y la tradicional rivalidad entre ambas potencias se elevó.

Puerto Rico asumió la organización de la VII edición del Mundial de baloncesto con tanta ilusión como escasas posibilidades de éxito. Los organizadores corrían serio peligro de fracasar en el intento, pero la contratación del español Manuel Benito –responsable del gran éxito que supuso el Eurobasket´73 disputado en Barcelona- dio un giro total a la marcha del Mundial boricua y tornó los problemas en soluciones. En tan solo nueve meses, Manuel Benito y sus colaboradores solventan las dificultades y el Mundial de Puerto Rico salva su imagen, si bien algunos problemas resultaron irresolubles, especialmente los relacionados con los medios de comunicación y con el calor asfixiante que se padeció durante todo el torneo.

El formato de la competición registró pequeñas novedades, pero una de ellas muy importante: cuentan los resultados obtenidos en la primera ronda entre dos equipos clasificados para la fase siguiente; de esta manera se evita el hecho de que dos rivales que hubieran jugado en el mismo grupo en la primera ronda repitieran su enfrentamiento en la siguiente.

Se mantenían los tres grupos pero, dadas las pequeñas dimensiones de la isla, se decide que los partidos se disputen aleatoriamente en la capital San Juan de Puerto Rico y en las localidades próximas de Ponce y Caguas, de modo que los espectadores vieran desfilar por la misma cancha a casi todos los participantes. La fase final se disputó enteramente en la capital y la de consolación en Caguas. Se mantenía la norma de que el conjunto anfitrión quedara exento de la fase de clasificación y se instauraba la novedad de que el último campeón hiciera lo propio. Los trece participantes clásicos se convertían en catorce.

Las doce selecciones que lucharían por las seis plazas de la fase final fueron distribuidas por el sistema de sorteo “dirigido” para garantizar la presencia de los más fuertes en la disputa de las medallas. El grupo A quedó configurado por la URSS, Brasil, México y República Centro Africana; Estados Unidos, España (subcampeona europea), Argentina y Filipinas forman el grupo B; Cuba, Canadá, Checoslovaquia y Australia quedan encuadradas en el grupo C, el más competido de todos.

 

Normalidad para empezar

El 3 de julio dio comienzo el campeonato. URSS y Brasil, grandes favoritos en el grupo A, cumplen los pronósticos, pese a que se esperaba más de los mexicanos comandados por Manuel Raga. URSS mantenía su tradicional potencial; Alexander Gomelski había dejado la selección tras la decepción sufrida en el Mundial yugoslavo y las cosas funcionaron de la mano de Vladimir Kondrashin, campeón olímpico pese a todas las polémicas. Su tropiezo en el Europeo del 73 –medalla de bronce tras perder con España en semifinales- parecía sólo un accidente debido a sus habituales problemas de mentalización, y lo demostraron en esta fase previa con triunfos concluyentes ante RCA (140-48), Brasil (79-60) y México (95-80).

Brasil no atraviesa un buen momento. Cuenta todavía con los célebres Ubiratán y “MosquitoMassoni, pero los legendarios Marques y Amaury ya no llevan el timón de la nave y lo notan. Su séptima plaza en los Juegos de Munich presagiaba malos momentos para los brasileños que no parecían en disposición de pelear por mantener su condición de equipo más laureado en los Mundiales. Pierden con la URSS, vapulean a RCA (94-54) y alejan la amenaza mexicana con autoridad (100-78). Al menos, se mantendrán entre los mejores.

En el grupo B no cabían las especulaciones, Estados Unidos y España estaban destinados a pasar a la siguiente fase y por este orden, aunque algunas declaraciones previas de los españoles en las que se consideraban favoritos indicaban más falta de información que otra cosa. Estados Unidos, fiel a su costumbre, presenta un equipo con bastantes interrogantes, sin que el varapalo sufrido en los Juegos de Munich hubiera servido de escarmiento.

David Thompson, la sensación universitaria del momento se había caído de la lista y lo mismo hizo Bill Walton. Su columna vertebral quedaba maltrecha y la responsabilidad de la venganza ante los soviéticos, en manos de un grupo de jovencitos –ninguno supera los 21 años- liderados por John Lucas.

España, de la mano de Antonio Díaz Miguel, atraviesa su primera “edad de oro”. Subcampeones europeos un año antes, los españoles tenían en los nacionalizados Wayne Brabender y Clifford Luyk –aunque arrastraba una lesión en el astrágalo del pie izquierdo- sus mejores baluartes, bien acompañados por Corbalán, Cabrera, Santillana, Flores, RullánSagi-Vela.

Estados Unidos abre boca con un triunfo ante Filipinas (135-85), se impone con solvencia a España (114-71) y remata su pase a la siguiente ronda ante Argentina (109-86). España alcanza la segunda plaza del grupo con sus victorias ante Argentina (96-89) y Filipinas (117-85) en un partido durísimo que estuvo cerca de finalizar en tangana colectiva (Brabender anotó 37 puntos).

Argentina y Filipinas rinden a un nivel muy inferior al de sus otros dos rivales. Los sudamericanos estuvieron cerca de retirarse por el fallecimiento, un día antes de inaugurarse el Mundial, del Presidente Juan Domingo Perón, y los asiáticos se limitaron a golpear rivales y encadenar paliza tras paliza, éstas deportivas, lógicamente.

La emoción quedó reservada para el desarrollo del grupo C en el que Cuba, Canadá y Checoslovaquia aspiraban con razón a ocupar las dos primeras plazas. Cuba, medalla de bronce en Munich, recogía los frutos de la política deportiva del régimen de Fidel Castro y era un conjunto temible en el que brillaban Pedro Chappé, Ruperto y Tomás Herrera; Jack Donahue (“descubridor” de Lew Alcindor), entrenaba a Canadá, ausente en los últimos Juegos Olímpicos, pero que contaba con James Russell, un alero estupendo, y el pívot Mark Hansen como principales activos; Checoslovaquia apuraba los últimos sorbos del talento de los Bobrovsky, Zidek, Brabenec o Zednicek.

Cuba impuso su mejor momento de juego pero con más suerte que otra cosa, como indican sus triunfos por un punto ante sus dos grandes rivales, mientras que la pujanza canadiense pudo más que el letargo checo (83-75) en el duelo por dirimir el acompañante de los cubanos a la fase final. Australia no tiene opción alguna de clasificarse, pero se muestra como un rival incómodo y nunca resulta vapuleado de la manera que centroafricanos y filipinos lo hacen en los otros grupos.

 

Triple empate

Yugoslavia y Puerto Rico se unieron a los seis clasificados de la fase previa para comenzar la disputa de las medallas. Los anfitriones apenas cuentan con posibilidades pese a su sexto puesto en los Juegos de Munich y la presencia de los excelentes Héctor Blondet y Raymond Dalmau, pero los yugoslavos son otra cosa…si no los máximos favoritos para el oro, sí unos serios aspirantes.

Entrenada por Mirko Novosel, la selección yugoslava unía a su condición de campeón mundial vigente el máximo galardón europeo conseguido en Barcelona. Su pequeño desliz olímpico en Munich, donde se quedaron sin subir al podio con un quinto puesto final, aconsejaba emprender la renovación entorno a Cosic y Plecas. Llegan al equipo Zoran Slavnic, Dragan Kikanovic, Drazen Dalipagic, Mirza Delibasic y Zeljko Jerkov, integrantes de la gran generación de talentos yugoslavos que dictará numerosas e inolvidables lecciones de baloncesto en los años siguientes.

Yugoslavia se presenta en sociedad ante Brasil en San Juan. Sus credenciales no pueden ser más elocuentes: un claro 84-60. A las primeras de cambio los balcánicos despejan dos dudas, las suyas y las de sus rivales; ellos se encuentran preparados para repetir el título, pero que nadie apueste por los hasta ese momento seguros brasileños.

Estados Unidos, Yugoslavia y la URSS poseen fuerzas muy similares y entre ellos se repartirán las medallas. Faltaba por establecer el orden en el que se subirían al podio.

Estados Unidos encadena cuatro cómodas victorias ante Puerto Rico (94-76), Canadá (115-94) y Brasil (103-83), que unidas a la lograda ante España en la primera fase, les permitirán llegar a los dos últimos encuentros con grandes posibilidades. Para entonces han destapado sus virtudes y defectos, gran defensa presionante, buena transición y excelentes individualidades –John Lucas, Gus Gerard, Quinn Buckner, Eugene Short, Tom Buswell, Richard Kelley-, pero escasa compenetración poca conjunción.

Al seleccionador soviético Vladimir Kondrashin le preocupaba más el conjunto yugoslavo que las ansias de desquite estadounidenses, dado que en los últimos años los balcánicos se han convertido en la “bestia negra” de su equipo

El gran duelo no se hace esperar. La URSS había calentado motores ante España (100-71) y Yugoslavia realizaba lo propio con Brasil (84-60) y Cuba (101-83), pero nada de eso servía cuando en la tercera jornada los dos grandes contendientes saltaron a la cancha del Coliseo Roberto Clemente. Yugoslavos y soviéticos, no se dan tregua, las primeras ventajas son para estos últimos, pero el electrizante ritmo impuesto por el base Zoran Slavnic va dinamitando el poderío físico de sus rivales. Alexander Salnikov se muestra fallón en el tiro y la URSS vive del acierto de Sergei y Alexander Belov. En la segunda parte con un Cosic magnífico bien secundado por Slavnic y Kikanovic, los yugoslavos toman una ventaja de 11 puntos que los esfuerzos finales soviéticos solamente logran recortar. Al final, 82-79 para Yugoslavia.

Quedaban duelos importantes por delante y Vladimir Kondrashin no permitió la desmoralización de sus hombres. Los tres grandes rivales no se permitieron concesiones en sus enfrentamientos con el resto de participantes –sólo Yugoslavia necesitó de una prórroga para ganar a Canadá- hasta llegar a las dos últimas y decisivas jornadas.

El sábado 13 de julio, Yugoslavia podía proclamarse campeona mundial. Una victoria ante Estados Unidos les basta, pero este rival resulta más complicado que los soviéticos. Lucas, Gerard, Kelley y el resto de la expedición norteamericana tienen poco que envidiar en defensa, velocidad y creatividad a los Cosic, Slavnic, Kikanovic y compañía. Tal combinación de fuerzas y talento depara un duelo intenso donde el fallo en el tiro exterior de los estadounidenses es bien aprovechado por unos yugoslavos muy pendientes del tirón muscular sufrido por Slavnic que juega claramente lastrado. El 50-41, favorable a los de Novosel, que registra el marcador en el descanso hace conservador al técnico, preocupado por el estado de salud de su base titular. Yugoslavia sale en zona y permite la reacción norteamericana encabezada por John Lucas (16 puntos) y seguida por Luther Burden (22 puntos). El marcador da la vuelta y a falta de cinco minutos son los estadounidenses los que mandan en el partido; Novosel cambia a defensa individual pero se muestra conservador y en el último minuto da por buena la derrota por tres puntos (91-88) que les asegura la plata, al renunciar a presionar en toda la cancha.

La victoria de los jovencísimos norteamericanos aumenta la tensión en la última jornada. Aquel domingo 14 de julio con un público volcado con Estados Unidos se decidía el campeonato. La URSS necesitaba ganar por más de tres puntos para hacerse con la medalla de oro, de no hacerlo sería bronce dado que la plata ya estaba en los cuellos de los yugoslavos.

Una vez más la inexperiencia pasará factura a la expedición estadounidense, incapaz de imponerse a un equipo soviético que descubre a un héroe, de fugaz presencia en la élite mundial: Alexander Salnikov, autor de 38 puntos en la final. Los acreditados defensores norteamericanos fracasaron frente a este hombre en estado de gracia, mas su derrota final (105-94), no empaña una excelente actuación: se ganaron el crédito jornada tras jornada cuando todos los especialistas les concedían escasas oportunidades.

El triple empate en cabeza –la primera vez que ocurría en un Mundial- proclama campeona mundial a la URSS, seguida de Yugoslavia y Estados Unidos. Cuba mantiene su hegemonía tras las tres grandes potencias y finaliza cuarta, seguida de España, Brasil, Puerto Rico y Canadá, el equipo que intentó lo imposible ante los grandes y perdió frente a los de su nivel.

 

Nombres ilustres

Mientras los soviéticos celebraban la victoria, los medios de comunicación eligieron por votación el mejor quinteto del campeonato. El base John Lucas, nombrado mejor jugador del torneo, estuvo acompañado en el quinteto ideal por Alexander Salnikov, Dragan Kikanovic, Wayne Brabender y Alexander Belov.

Wayne Brabender fue el máximo anotar del campeonato con 207 puntos en 9 partidos (23 de media).

No fueron éstas las únicas estrellas que brillaron en el certamen. William Jones, tras cuarenta años de desvelos como Secretario General de FIBA, dejaba el cargo, que pasaba a ocupar el yugoslavo Borislav Stankovic.

El árbitro español Carlos Bagué dirigió 5 partidos durante el Torneo.

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega

 


José María Miguel

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