IX Campeonato del Mundo: Colombia 1982

La Unión Soviética, un bloque compacto, se llevó el título. España en cuarto lugar, tras las tres grandes potencias.

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Colombia 1982

La política, que siempre supuso un pesado lastre para las manifestaciones deportivas de cualquier índole, reapareció con especial virulencia a finales de la década de los años setenta tras unos años de tregua. En 1.980 la invasión soviética de Afganistán sirvió de excusa para que algunos países, alentados por los Estados Unidos, boicotearan con su ausencia los Juegos Olímpicos celebrados en Moscú. Sin embargo, la decisión de acudir al certamen tomada por Italia, España, Brasil y Australia, más todas las potencias de la Europa comunista, hizo que la competición de Baloncesto sólo se viera afectada por la ausencia de Estados Unidos; una baja sensible, sin duda, que frustró su esperado duelo con los soviéticos pero bien cubierta por el resto.

La FIBA realizó arduas gestiones para que la situación política no alterase el programa de celebración del IX Campeonato del Mundo que Colombia preparaba para agosto de 1.982. Borislav Stankovic cuenta con la promesa de sus paisanos yugoslavos de que estarán en tierras colombianas y se mueve con rapidez en el entorno del resto de los países comunistas que se han ganado la presencia en el torneo. Checoslovaquia espera a lo que decida la Unión Soviética y ésta, por fin, da luz verde a su participación para vengar la derrota que Yugoslavia les endosó quitándoles el oro ante su público dos años antes.

En Colombia se eliminan los privilegios que en ediciones anteriores correspondían a los campeones vigentes: ahora deberán ganarse su paso a la fase final en las eliminatorias previas y el único equipo que se incorporará directamente a la lucha por los puestos de honor será el anfitrión. De esta manera el número de equipos se reduce a trece.

El único sobresalto en las semanas anteriores a la celebración del Mundial lo da Italia, subcampeona olímpica en Moscú. Su recién creada Asociación de Clubes cede a las presiones de los patrocinadores y niega la presencia en la selección a los mejores jugadores, tras lo cual la Federación renuncia a participar. El puesto lo ocupará España, cuarta en el certamen moscovita.

Las características geográficas de Colombia trajeron consigo un problema importante: la altitud. Los organizadores designaron como sedes de la primera fase a la capital Bogotá (2.630 metros de altitud), Medellín (1.538) y Bucaramanga (1.018). La fase final se disputaría en Cali, situada a 1.103 metros sobre el nivel del mar y la de consolación, en Cúcuta a sólo 215 metros.

La altura de Bogotá causaba temor a los participantes, nadie quería caer en el grupo A. Estados Unidos, Panamá, España y República Popular China fueron los países damnificados. Además, los participantes contaban con cierta entidad. Se daba como hecho que los estadounidenses ganarían todos sus partidos y que los inexpertos chinos perderían los suyos…así que panameños y españoles estaban destinados a pelear por la otra plaza para Cali.

Panamá atraviesa su época más dorada de la mano de Rolando Frazer, Eduardo Chávez, Mario Butler y Ernesto Malcon, muchos de ellos formados en Estados Unidos. España lo sabe y respeta, pero no tiene nada que envidiar a sus rivales. Antonio Díaz Miguel cuenta con los veteranos Juan Antonio Corbalán y Wayne Brabender y una pléyade de jóvenes valores como Epi, Sibilio, Fernando Martín, Romay,…destinados a alcanzar grandes logros en el baloncesto español.

El partido, disputado ante 20.000 espectadores, fue un toma y daca, un cara y cruz resuelto a favor de los españoles (88-85) con un final de pura lotería. Con victoria española por un punto a falta de 38 segundos, los panameños se mostraron incapaces de anotar en tres acciones consecutivas de Malcon, Gill y Medrick. A la cuarta tentativa Chicho Sibilio ganó el rebote para los españoles y le hicieron falta que se sacó de banda. Dos tiros libres anotados por Joaquín Costa al límite del tiempo remataron el resultado final.

Estados Unidos se paseó ante los chinos (96-73) pese a no haber contado con mucho  tiempo de aclimatación a la altura. Era éste un equipo muy diferente al presentado por los norteamericanos en ediciones anteriores del Mundial, ahora no existían dudas sobre su potencial y, aunque tarde, habían cumplido el compromiso de llevar un equipo competitivo. El técnico Robert Weltlich tuvo a sus órdenes a un ramillete de futuros profesionales de la NBA como Glenn “Doc” Rivers, Mark West, John Sundvold, Mitchell Wiggins, Jeff Turner, Joe Kleine y Antoine Carr con la ayuda de un John Pinone que haría carrera en España, pese a no medir esos 2,10 metros –con esa altura y su talento la NBA le hubiera abierto las puertas- que anunciaba su ficha.

El triunfo estadounidense contra Panamá (100-79) unido al de España frente a China (108-78) sirvió para que ambos equipos aseguraran su presencia en Cali. El posterior enfrentamiento entre ambos culminó en una de las grandes sorpresas  del campeonato al vencer España por 109-99, con una actuación estelar de Juan Antonio Corbalán (19  puntos), Sibilio (23 puntos), Epi (25 puntos) y Fernando Martín (26 puntos). 

 

Falla Brasil

Si en la historia de los Mundiales un equipo había dado muestras de consistencia y regularidad, ése era Brasil. A sus dos títulos conseguidos (1.959 y 1.963) los brasileños añadían dos medallas de plata y otras tantas de bronce. Pero en Colombia fallaron por primera vez. El domingo 15 de agosto, después de que la Unión Soviética vapulease a Costa de Marfil (129-80), Australia y Brasil disputaron un encuentro que, en teoría, debía decidir el país acompañante de los soviéticos a Cali. Los australianos demostraron sus progresos y lograron un apurado pero suficiente triunfo (75-73) para meterse en la fase final. Brasil, fiel a su trayectoria, intentó lo imposible ante la URSS, pero finalizó sucumbiendo ante la diferencia de altura (99-92), lo que les apartaba de una fase final por primera vez.

En Bucaramanga los integrantes del grupo C también se abonaron a las sorpresas. No lo hizo Yugoslavia que se impuso en sus tres encuentros, pero sí Canadá, equipo al que su victoria frente a Checoslovaquia (104-99) le valió el billete para acudir a Cali. Los canadienses forman un conjunto en alza que, al igual que los panameños, se nutre de muchos jugadores formados en las universidades estadounidenses. Jay Triano, Greg Wiltjer, Leo Rautins, Gerald Kazanowski y Tony Simms mantendrán a su país en los lugares de privilegio durante los siguientes años, pero en Colombia cuentan con la inestimable ayuda de Bill Wennington, un pívot rocoso con un buen tiro y que está destinado a realizar una larga carrera en diversos equipos de la NBA, entre ellos los Bulls de Michael Jordan.

Esta primera fase se clausuró con ventaja de yugoslavos y soviéticos. El hecho de que valieran los resultados obtenidos en la primera fase entre los equipos clasificados para la siguiente, creaba un serio problema a los estadounidenses que partían con una derrota en su casillero: la sufrida inesperadamente ante España.

 

Fase Final: Deficiente Colombia

El equipo anfitrión esperaba en Cali la llegada de los seis clasificados en la fase previa con escasas ilusiones. Hasta ahora los colombianos nunca han sido una potencia en baloncesto y las cosas no han cambiado por mucho que acojan un campeonato de esta categoría. La organización del mismo sólo ha servido para poner en evidencia las múltiples deficiencias que padecen.

El entrenador norteamericano Jim McGregor estaba al frente de la selección colombiana, pero su labor en los días previos al comienzo del Mundial resultó más intensa en los despachos que en la cancha. Los jugadores, molestos por el escaso apoyo recibido de su federación, se declararon en huelga mientras se disputaba la fase previa del torneo. Acusaban a sus dirigentes de falta de apoyo moral y económico y solamente la intervención del seleccionador hizo que regresaran a los entrenamientos.

Su ínfimo nivel se puso de manifiesto nada más saltar a la cancha del “Auditorio del Pueblo” para disputar su primer encuentro ante España. Un 75-34 en el descanso, que se ampliaría hasta un 137-84 al final del encuentro, mostró la verdadera imagen de un equipo al que rápidamente los 20.000 aficionados presentes le quitaron su apoyo.

Este varapalo recibido a manos de los españoles no fue sino el comienzo de sus desdichas. La URSS eleva el martirio (143-76) y Estados Unidos se apiada un poco de ellos (100-83), pero aunque muestran un mejor aspecto durante su partido frente a Australia (72-63) no consiguen un solo triunfo. Para colmo de males, el técnico no puede dirigir a sus hombres en el último partido del certamen (derrota ante Canadá por 107-79) al encontrarse detenido por la policía a causa del problema con un certificado de residencia según fuentes oficiales, aunque otros rumores indican que el técnico se ha negado a dirigir al equipo dado que no le han satisfecho 12.000 dólares que le adeudan.

 

Altísimo nivel

El verdadero campeonato los disputan seis selecciones, con mención especial para los tres grandes favoritos de siempre (URSS, Estados Unidos y Yugoslavia) a los que se ha unido España, como digno relevo del papel de “cuarto en discordia” representado hasta entonces por Brasil.

La Unión Soviética presenta uno de los equipos más potentes de su historia, solamente superado por el que conquistará el oro en los Juegos Olímpicos de Seúl seis años más tarde. Se muestra inabordable por arriba con Tkatchenko, Belostenny y Lopatov, a los que se une Arvydas Sabonis, un adolescente de 17 años y 2,18 metros de estatura que posee la técnica del mejor de los aleros y la agilidad y dominio del balón del base más experto. Junto al jovencísimo lituano, el resto de la escuadra de la república báltica: Homicius, Kurtiniatis e Iovaisha, más los certeros Myskhin y Valters. Un equipo compacto, sin puntos débiles…ni siquiera en el banquillo pues Gomelski ha atemperado su estilo y se muestra más coherente.

Yugoslavia, campeona olímpica en Moscú, exprime los últimos sorbos de gloria de su primera gran generación de talentos. Se mantienen los Kikanovic, Dalipagic, Jerkov y Delibasic, pero falta Slavnic sin que los nuevos como Aleksandar Petrovic llenen su hueco. Ranko Zeravica sigue al timón de la nave yugoslava que ya prepara en silencio el relevo de sus megaestrellas.

Los estadounidenses han digerido sin problemas la derrota de la primera fase contra España. Es un inconveniente, pero confían en su talento y pueden dar la vuelta a la situación. Tienen prohibido fallar en su primer partido en Cali; una derrota frente a los yugoslavos y adiós a la medalla de oro. Apoyados en la mejor defensa del campeonato y excelentemente dirigidos por “Doc” Rivers autor de 20 puntos, los jóvenes estadounidenses aprovecharon la defensa zonal ordenada por Zeravica para imponerse en los últimos minutos (88-81). De nada sirvieron los 24 puntos de Kikanovic y los 20 de Dalipagic.

Ese triunfo de Estados Unidos aumentaba las posibilidades de soviéticos y españoles, pero éstos tiraron gran parte de las suyas por la borda con una concluyente derrota frente a los yugoslavos (108-91).  Antonio Díaz Miguel intentó todo desde el banquillo, pero Martín tenía un día nefasto y la aportación de Sibilio (20 puntos) se quedó en nada ante los lanzamientos de Kikanovic (26 puntos) y el trabajo dentro de la zona de Jerkov (15 puntos) y de Radovanovic (26 puntos). España ya no pudo remontar posiciones, venció a Canadá (83-80) y Australia (99-87) y plantó cara, como siempre en los últimos años, a la URSS (106-93), pero la derrota les llevó a luchar por la medalla de bronce.

Mientras, Estados Unidos mantenía su marcha de crucero –cómoda victoria frente a Colombia y apurada contra Canadá (71-69)- y tenía una fecha marcada con círculo rojo en el calendario: 26 de agosto, su partido contra la Unión Soviética. El equipo de Gomelski desconocía la derrota y apretó el ritmo en el duelo ante los yugoslavos (99-94), sus enemigos viscerales. De nuevo Kikanovic se mostró letal (28 puntos), pero anduvo solo frente al bloque soviético. Para ellos, la fecha del 26 carecía de importancia: tras ganar a España, ya estaban clasificados para pelear por la medalla de oro.

Estados Unidos sí tenía necesidad de vencer a los soviéticos, pues después les quedaba cerrar la fase final frente a Australia y querían huir de cualquier sorpresa. La URSS no se tomó el partido muy a pecho al principio pero, cuando sus rivales apretaron en defensa y tomaron ventaja, reaccionaron con vigor. Había poco en juego pero el espectáculo fue maravilloso. Ganó Estados Unidos (99-93) pero la URSS prometió desquitarse en la lucha por el oro. Los 25.000 espectadores se felicitaban ante el excelente baloncesto que les aguardaba.

 

28 de Agosto 1982: Se juegan las medallas

Rivers tuvo el oro en su mano

España y Yugoslavia juegan el partido por la medalla de bronce, pero los españoles parecieron no enterarse hasta que comenzó el segundo tiempo. Un desastroso arranque, con una defensa de juguete ante los tiradores yugoslavos les hizo encajar ¡60 puntos! Aunque en ataque estuvieron más acertados -47 puntos-, los 13 de diferencia serían decisivos al final. España reaccionó pese a la descalificación de Corbalán por un incidente con Kikanovic y acortó distancias en el marcador. A falta de 3 minutos todo parecía decidido (99-114) pero la heroica reacción española dio emoción a los últimos segundos: 115-119, con doce segundos del final, 117-119 a dos del bocinazo. No hubo tiempo para más.

El aperitivo no había estado mal, pero quedaba el plato principal. Cuando soviéticos y estadounidenses saltan a la cancha, los 25.000 espectadores que abarrotan el “Auditorio del Pueblo” no imaginan lo que les aguarda. Desde el comienzo se entabla una batalla encarnizada. Los soviéticos alternan defensa individual con una mixta  con un hombre siempre sobre Rivers; los estadounidenses, fieles a su presión. Las diferencias en el marcador son exiguas, Myskhin (31 puntos al final) se muestra imparable, mas los norteamericanos responden con un Rivers pletórico (24 puntos en total) y su juego de conjunto. Al descanso, corta ventaja de Estados Unidos (47-49), tónica que se mantiene en la reanudación; las diferencias nunca superarán los siete puntos hasta llegar a un último minuto memorable.

Estados Unidos pierde por un punto (95-94) y presiona en toda la pista. Un balón suelto da lugar a un salto entre dos a nueve segundos del final, lo gana Wiggins para Estados Unidos, corre el tiempo y Rivers se levanta desde la esquina, el balón sale de su mano antes de que suene la sirena, golpea en el aro y se sale. La URSS ha ganado la medalla de oro. Rivers, el mejor jugador estadounidense no ha podido dar a su país un título que se le resiste desde 1.959. Entre el jolgorio soviético por el triunfo destaca la figura de Arvydas Sabonis: apenas ha jugado unos minutos en el campeonato, pero ha tomado nota de todo lo que ha visto. Pronto lo pondrá en práctica.

El máximo anotador del torneo fue Dragan Kikanovic con 190 puntos en 9 partidos (21,1 de media). La mejor media correspondió al uruguayo Wilfredo Ruiz con 24 puntos (168 en 7 partidos).

Los máximos reboteadores fueron: Gerald Kazanowski (CAN) con 6,1 rebotes de media por encuentro; Bill Wennington (CAN) con 5,9;  Fernando Romay (ESP) con 5,2; Fernando Martín (ESP) con 4,7 y Mitchell Wiggins (USA) con 4,5.

Igualaron como mejores pasadores Glen Rivers (USA) y Dragan Kikanovic (YUG), ambos con 37 asistencias en 9 partidos jugados (4,1 de media). Juan Antonio Corbalán (ESP) fue 4º en esta clasificación con 20 asistencias en 8 partidos (2,5 de media).

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega


José María Miguel

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