Filipinas 1978

Emocionante VIII Campeonato del Mundo, con partidos vibrantes en la fase final y en la lucha por las medallas. Tres equipos europeos (Yugoslavia, URSS e Italia) entre los cuatro primeros y Brasil consiguiendo el bronce. Jugadores expertos y eminentes, elegantes, decisivos.

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Filipinas 1978

 

La FIBA tenía una deuda con Manila, capital de las Filipinas, tras el escándalo suscitado en la edición del Mundial de 1.962, suspendido y organizado un año más tarde en Brasil. El cambio en la cúpula directiva de la Federación Internacional abre los caminos de la reparación hacia los filipinos. William Jones, impulsor del castigo tras la negativa filipina de conceder los visados de entrada en el país a los participantes de regímenes comunistas, deja con su retirada las manos libres a su sucesor Borislav Stankovic.

El nuevo mandatario confía en los hombres que se encuentran al frente del baloncesto filipino, hasta el punto de que su presidente Gonzalo “Lito” Puyat lo sería de la FIBA dos años después, y pelea porque Manila recupere una organización que le correspondió dieciséis años antes y que no pudo llevar a buen puerto. Ahora no existirán problemas, la confianza en los dirigentes es total, éstos garantizan el apoyo ilimitado al Gobierno de su país y dicen contar con las infraestructuras necesarias.

El apoyo del Gobierno lo tienen de manera incondicional, pero en el asunto de las infraestructuras la realidad resulta menos complaciente. El Presidente de Filipinas Ferdinand Marcos, que en 1.972 había establecido la ley marcial en todo el país, necesita ofrecer una buena imagen al mundo y se vuelca en el gran acontecimiento. El lujo rebosa en lo aparente, todas las delegaciones son instaladas en los hoteles más lujosos de la capital filipina y las órdenes son expresas: que no falte de nada a los participantes…aunque la paupérrima imagen de la ciudad ofrezca un fuerte contraste.

Mientras que jugadores y dirigentes se desplazan en lujosos vehículos proporcionados por la firma Toyota, responsable de la liga profesional que se juega en las Islas, los responsables de la organización no pueden hacer nada para solventar: el pegajoso calor y la falta de aire acondicionado en una de las canchas elegidas para disputar los encuentros.

El asunto de las maravillosas infraestructuras era tan ficticio que los organizadores se ven obligados a renunciar a las tres sedes habituales y congregan en Manila y sus alrededores todo el certamen, aunque lo dividen en dos canchas: el Rizal Memorial Coliseum y el Arena Coliseum de Quezón, a 15 kilómetros del centro capitalino.

Las dos canchas elegidas son la cara y la cruz del país; el lujo y la pobreza; lo moderno y lo arcaico. El Rizal Memorial Stadium, en pleno centro de la ciudad, cuenta con una capacidad de 10.000 personas pero carece de aire acondicionado, algo indispensable para que jugadores y espectadores puedan soportar el bochornoso ambiente. La condensación por el calor es tan grande que la pista tiene que ser secada en cada jugada para evitar lesiones. Por su parte, el Arena Coliseum, propiedad de un multimillonario de la zona apellidado Araneta, no tiene nada que envidiar a las mejores canchas del mundo; dotado con aire acondicionado, puede albergar a 25.000 espectadores, por lo que rápidamente la FIBA decide que los encuentros más importantes se disputen allí.

El otro problema que suscita la organización es el referido a las fechas (1 al 14 de octubre). Los campeonatos europeos se encuentran en sus inicios y las federaciones deben suspenderlos si quieren contar con los mejores jugadores. También afecta a la pésima selección que representará a Estados Unidos, pues los mejores universitarios del país no parecen dispuestos a perderse partidos y entrenamientos con sus equipos para acudir a disputar un torneo tan poco valorado por sus paisanos.

 

Cambio de formato e intereses de las televisiones

Esta VIII edición del Mundial presenta una novedad significativa que tendrá un gran éxito en el futuro. Se respeta el formato de los tres grupos iniciales con la clasificación de los dos mejores de cada grupo para la fase final y de los dos peores para la de consolación. Se mantiene la convalidación de resultados de la 1ª fase, que se instituyó en la edición anterior, y la incorporación a la lucha por las medallas del país anfitrión y el último campeón, pero tras la disputa de la liguilla de todos contra todos se incorpora la novedad de unas eliminatorias finales para establecer la clasificación definitiva.

Se enfrentan primero contra segundo para otorgar las medallas de oro y plata; tercero y cuarto, con la medalla de bronce en juego; quinto contra sexto; y séptimo contra octavo. La casualidad –o el propio potencial de los equipos- quiso que el desenlace de los ocho primeros puestos fuera el mismo tras la liguilla y después de la disputa de esas eliminatorias. Sin embargo, la fórmula gusta y se mantendrá en las siguientes ediciones, dado que evita triples empates y la posibilidad de llegar a la última jornada con todo decidido, aunque en el fondo de la cuestión se encuentran las necesidades televisivas.

La televisión ha irrumpido con fuerza en el mundo del Baloncesto y las audiencias quieren encuentros en los que la emoción esté asegurada; y qué mejor que un partido a cara o cruz con el título en juego.

 

Fase de grupos

Las eliminatorias de los diversos grupos no produjeron más sorpresa que una nueva decepción protagonizada por Checoslovaquia, definitivamente alejada de los puestos importantes. En el grupo A, Yugoslavia aplasta a Corea (121-65) y Senegal (99-64) pero sufre con un Canadá muy crecido (105-95). Los norteamericanos, a su vez, no tienen problemas para clasificarse por delante de los flojísimos coreanos y senegaleses.

El grupo B sirve para comprobar el regreso a la élite de Brasil, que presenta en sociedad a un joven que dará que hablar: Oscar Schmidt Bezerra. Los brasileños comenzaron el torneo con una orgía anotadora que se antoja irrepetible (154-97) ante China, pero sufrieron mucho (88-84) para ganar a una Italia muy rejuvenecida y que pisaba fuerte en el panorama mundial con Meneghin, Marzorati, Villalta, Bonamico, Bariviera,…y que les acompañaría a la siguiente fase tras vencer a Puerto Rico (93-80) y a los atribulados chinos (125-95).

Australia muestra sus progresos en el grupo C y consigue dejar en la cuneta a Checoslovaquia cuya renovación no ha dado los frutos esperados, Brabenec y Kropilak solos son incapaces de sacar las castañas del fuego. Estados Unidos debuta con susto ante los australianos (77-75) y gana sin dificultades a checos (96-79) y dominicanos (104-65).

La selección de Estados Unidos merece un pequeño análisis. La FIBA, durante la disputa del Mundial de Puerto Rico, tomó la decisión de expulsar de la organización a la AAU (Unión Atlética Amateur), que desde 1.932 representaba al baloncesto estadounidense, e inscribir en su lugar a la ABAUSA (Asociación de Baloncesto Aficionado de Estados Unidos). Durante esos días, mantuvo varias reuniones con los nuevos representantes federativos norteamericanos para intentar que subiera el nivel de sus equipos en los campeonatos.

La ABAUSA cumplió su compromiso en los Juegos Olímpicos de Montreal, ganados con autoridad por un equipo en el que destacaron Adrian Dantley, Phil Ford y Walter Davis. Pero en Manila vuelven a las andadas; los mejores universitarios no son convocados y en su lugar se envía una suerte de embajada religiosa agrupada bajo el lema “Atletas en acción” entre los que destaca el pívot (2,15 metros) Ralph Drollinger, famoso por haber rechazado una oferta de medio millón de dólares  por jugar en la NBA. Muy buenos chicos todos ellos, pero bastantes discretos dentro de una cancha de baloncesto.

La decisión tomada por las autoridades estadounidenses molestó mucho en el seno de la FIBA y se llegó incluso a plantear la posibilidad de excluirles de futuros campeonatos, pero finalmente todo quedó solventado con nuevas promesas de cara a la próxima cita.

 

Centímetros soviéticos

Los Juegos Olímpicos de Montreal supusieron para la URSS un nuevo tropiezo. Yugoslavia no se resignaba a ceder el terreno ante su gran enemigo y los Kikanovic, Dalipagic, Cosic, Slavnic, Delibasic y demás talentos balcánicos se tomaron muy pronto la revancha de la derrota sufrida en Puerto Rico. Aquel fiasco en tierras canadienses había significado la “purga”  del seleccionador Kondrashin y el retorno de Gomelski.

Pocos días antes de iniciarse el campeonato se conocía el fallecimiento del pívot Alexander Belov, caído en desgracia tras los Juegos de Montreal, y que había pasado una temporada en prisión; unos decían que por cuestiones políticas, y otros, que a causa del contrabando realizado, a pequeña escala, por casi todos los deportistas soviéticos en aquellos tiempos. Poco se supo de las causas reales del fallecimiento de uno de los mejores jugadores europeos de todos los tiempos y autor de la célebre canasta de la final olímpica de Munich.

La baja de Belov no restaba posibilidades dentro de la zona a los soviéticos. Gomelski contaba con los 2,20 de Vladimir Tkachenko y los 2,14 de Alexander Belostenny, y en el perímetro con una batería de tiradores excelsos como Sergei Belov, Iovaisha, Myshkin, Eremin,… Sus posibilidades de revalidar el título eran muchas.

A las primeras de cambio el combinado estadounidense demostró que era muy bueno con la Biblia en la mano… pero bastante flojo manejando el balón. Estados Unidos pierde ante Italia (81-80), Yugoslavia (100-93), Brasil (92-90) y la URSS (97-76) sin que sus triunfos ante Canadá (96-90) y Filipinas (100-70)  le sirvan para luchar por las medallas.

Los triunfos de Brasil e Italia sobre Estados Unidos dejaron patente que el bronce sería para uno de ellos. Ambos tienen un equipo superior a canadienses, australianos y a los mencionados estadounidenses, pero se encuentran en un escalón inferior al de los dos grandes favoritos que les ganan en sus duelos.

Yugoslavos y soviéticos sabían que serían los protagonistas de esa eliminatoria final que la FIBA había establecido en aquella edición, con permiso del sorprendente Brasil. Su partido en la liguilla final, sin ser un trámite, apenas contará en la clasificación final, ambos tendrán que revalidar un hipotético triunfo en el momento de la verdad. Sin embargo, todos los protagonistas tienen el convencimiento de que el conjunto que se imponga en ese primer envite ganará el primer asalto, dejando a su rival seriamente tocado y sin permitirse más tropiezos.

Yugoslavia, entrenada ahora por Alexander Nikolic, se toma el encuentro con su desparpajo habitual. Los hombres de Gomelski dominan ambas zonas con un Tkachenko imparable pero muestran la habitual lentitud de los equipos del “zar rojo”; los yugoslavos, por su parte, ceden en los aledaños de los aros pero machacan desde el perímetro con Drazen Dalipagic (37 puntos) y Dragan Kikanovic (34 puntos). Al final, el claro 105-92 para los balcánicos constata que si los soviéticos quieren la revancha de Montreal deberán mejorar mucho.

 

Reválida yugoslava

La liguilla finalizó con Yugoslavia en primer lugar seguida de la URSS, Brasil, Italia, Estados Unidos, Canadá, Australia y Filipinas. Al mismo tiempo Checoslovaquia ganaba todos sus partidos y encabezaba el grupo de consolación seguida por Puerto Rico y China, mientras que Senegal regresaba a su país sin conocer la victoria.

La jornada final superó todas las expectativas. Filipinas y Australia la abrieron para decidir los puestos 7º y 8º. No cabía otro pronóstico que el triunfo australiano que llegó con un claro 92-74, confirmando la nefasta actuación de los anfitriones, incapaces de apuntarse una victoria en los ocho encuentros disputados. Ni el público, ni el calor, ni el favor arbitral permitieron a los filipinos darse una alegría.

Estados Unidos, relegado a la jornada matutina para pelear por la 5ª plaza ante Canadá, pagó así su soberbia y su escasa predisposición a tomarse el campeonato en serio. No formaba un buen conjunto y eso lo aprovecharon ciertos periodistas europeos para cantar la poca distancia que separaba al baloncesto norteamericano y europeo. Ganas absurdas de no reconocer la realidad. Estados Unidos ganó a Canadá (96-94) y se hizo con el pobre consuelo de la quinta plaza.

La jornada vespertina congregó a más de 30.000 personas en el Arena Coliseum de Quezón y abrió con el partido por la medalla de bronce entre Brasil e Italia. Se asiste a un toma y daca constante; los italianos entrenados por Giancarlo Primo, encuentran en Bertolotti (22 puntos) un artillero inesperado, pero los brasileños responden con Oscar (18 puntos) y Marcel de Souza (22 puntos). En los últimos minutos las defensas se endurecen, los italianos, acostumbrados a  los finales igualados, imponen su experiencia y llegan casi al final con un punto de ventaja, 84-85. Pero quedan cuatro segundos y Marcel de Souza se juega el todo por el todo: su lanzamiento lejano en el último segundo tarde una eternidad en entrar en la canasta rival pero, finalmente, lo hace y los brasileños se rencuentran con la senda del podio.

Tras las emociones vividas en el encuentro por la medalla de bronce, se registra una vuelta de tuerca; yugoslavos y soviéticos saltan a la cancha con la mente puesta en conseguir el oro y, si pueden, en humillar al rival. No hay lugar para ello: el partido es tan intenso y disputado, con prórroga incluida, que el mínimo triunfo yugoslavo (82-81) no obscurece a su rival.

Nikolic y Gomelski conocen el potencial que tienen enfrente, se temen y esperan cuarenta minutos de igualdad, mas la fulgurante salida yugoslava (23-14) en el minuto 11 un cambio en el equilibrio previsto. Los soviéticos cargan el juego en Tkachenko y recortan las distancias hasta irse al vestuario con empate a 41. En el segundo tiempo no se ofrecen concesiones; Yugoslavia toma cuatro puntos de ventaja a falta de cinco minutos, pero tres canastas consecutivas de Belov dan ventaja a los suyos. Los de Nikolic toman una mínima diferencia (73-71) en los últimos instantes, pero aparece la sangre fría de Myskhin e iguala sin que el lanzamiento desesperado de Delibasic rompa la igualdad.

La prórroga se pone difícil para los de Gomelski al cometer el gigante Tkachenko su quinta personal. Los yugoslavos aprietan el acelerador y ponen en el marcador un 82-77, un mundo en el tiempo suplementario. Aparece entonces el talento de Sergei Belov, que consigue dos canastas consecutivas, pero a quien le falta tiempo para concretar la remontada. Con el 82-81, Yugoslavia recupera el cetro mundial mientras que, en la distancia, las calles de Belgrado se llenan de exultantes aficionados.

Durante el desarrollo de este apasionante Mundial, la FIBA decidió otorgar la próxima edición a Colombia y reglamentar el asunto de los salarios de los jugadores. El Baloncesto seguiría siendo un deporte “amateur” pero ya nadie escondía que en la élite todos cobraban.

El máximo anotador del torneo fue D. Dalipagic (YUG) con 180 puntos en 9 partidos (20 de media).

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega

 

 

 


José María Miguel

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