Brasil 1963

IV Campeonato del Mundo FIBA

Brasil 1963 Foto: basketdigital.com

Brasil 1963

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Mundobasket: Nos acercamos a su Historia (5)

Brasil 1963

Los soviéticos se consideraron expoliados en Chile 1959, pero si entonces eran un país debutante en el Mundial (aunque subcampeón olímpico) con poco poder en las altas esferas de la FIBA, en estos cuatro años trascurridos habían extendido su influencia en la organización y no estaban dispuestos a dejarse avasallar de nuevo.

Cuando en plena disputa del Mundial de Chile, la FIBA eligió a Manila como sede del siguiente campeonato, que debía celebrarse en diciembre de 1962 para restablecer el carácter cuatrienal roto por los retrasos chilenos ya conocidos, las autoridades filipinas ofrecieron las máximas garantías para que ningún problema político afectara la disputa del evento. Tres meses antes del comienzo del torneo, Bulgaria y la URSS pasan factura y se mantienen en sus trece de no reconocer a Formosa. Como quiera que está prevista la presencia de los chinos nacionalistas, ambos países anuncian que no viajarán hasta Manila.

El Gobierno de Filipinas niega los visados de entrada en el país a todos los participantes de la órbita comunista (en realidad sólo a Yugoslavia, dado que la URSS ni siquiera lo solicitó) cuando algunas selecciones participantes han comenzado a llegar a Manila. William Jones actuó con firmeza. El baloncesto "amateur" no podía crecer al margen de los países del bloque comunista europeo y una prohibición como la dictada por las autoridades filipinas acabaría muy mal para la FIBA, por lo que decide reunir con carácter urgente a su Comité Central.

A la reunión asisten siete miembros de los nueve que forman tan selecto grupo. Curiosamente uno de los ausentes -que denunció el hecho de no haber sido convocado- era el senador Ambrosio Padilla, vicepresidente de la FIBA y presidente de la Federación Filipina, que no pudo presentar sus alegaciones. A excepción del presidente de la FIBA, el brasileño Dos Reis Carneiro, todos los presentes en aquella reunión eran europeos: tres pertenecientes al bloque comunista  -el húngaro Ferenk Happe, el búlgaro Mladen Nikolov y el soviético Nikolai Semasko-, un español -Raimundo Saporta-, un italiano -Delio Scuri-, y el propio William Jones. De la reunión los filipinos salen damnificados ya que se decide anular la celebración del Mundial, se prohíbe su presencia en las próximas dos ediciones del campeonato y se les obliga a pagar una muta de 2.000 dólares, aunque finalmente sería rebajada hasta la mitad.

La FIBA concede la responsabilidad de organizar el Mundial a Brasil, en base a que la cancha de "Maracanazinho" se había revelado como un escenario excelente en la edición de 1954 y por la buena acogida que el público brasileño seguramente dispensaría al torneo habida cuenta del gran potencial de su país.

 

De Manila a Brasil

Los brasileños recibieron de la FIBA un plazo de algo menos de seis meses para tenerlo todo listo y cumplieron con creces. El día 12 de mayo las selecciones participantes estaban preparadas. Se decidió mantener el mismo formato utilizado con éxito en Chile: tres grupos de cuatro equipos en la primera fase, de los que saldrían los seis que junto a los anfitriones disputarían por el sistema de liguilla las primeras plazas. Los seis equipos derrotados en la primera fase jugarían entre sí para determinar las plazas de consolación.

La disputa de las medallas por el sistema de liguilla conllevaba el peligro de que todo estuviera decidido en la última jornada privando de emoción y brillantez a la misma, como así ocurrió. Aunque las voces que abogaban por la celebración de unas eliminatorias para decidir las medallas comenzaban a oirse, la FIBA no instalaría esta modalidad hasta 1.978.

Los países americanos vuelven a ser mayoría como viene ocurriendo desde la primera edición. Además de Brasil se presentan a la cita Estados Unidos, Canadá, México, Puerto Rico, Argentina, Uruguay y Perú. Se echa de menos a Chile pero su buena estrella había decaído tras la medalla de bronce conseguida ante su público cuatro años antes. Europa cuenta con cuatro participantes: Yugoslavia, Unión Soviética, Francia e Italia, que debuta en el Mundial después de su renuncia por motivos económicos en 1.950. Completa el cupo Japón, como representante de Asia, tras las ausencias forzadas de Formosa y Filipinas.

URSS y Francia se clasifican sin problemas para la fase final en el grupo A instalado en la localidad de Belo Horizonte (Minas Gerais). Los soviéticos ganan sus tres encuentros sin dificultades; los franceses se imponen a Uruguay (64-54) en la primera jornada, pierden con la URSS (57-70) en la segunda y ganan a Canadá (79-57) en la última, regresando de este modo a una fase final tras pasar sin pena ni gloria por las dos primeras ediciones del certamen.

Los integrantes del grupo B son enviados a Curitiba (capital del Estado de Paraná). Perú y Japón se muestran infinitamente inferiores a Yugoslavia y Puerto Rico que se disputan la primera plaza del grupo con triunfo yugoslavo por 5 puntos (83-78), mientras Japón obtiene la tercera con una concluyente victoria sobre los peruanos (70-50).

El grupo C se instala en Sao Paulo. A priori parece el grupo más solvente pues México e Italia eran dos equipos en ascenso, Argentina siempre mostraba gran competitividad y los Estados Unidos tenían que ser respetados, al margen del equipo que enviaran. Los argentinos defraudan y pierden todos sus partidos por paliza, a excepción del jugado ante México en el que vencen por una canasta (84-82). Italia debuta con buen pie y vence con solvencia a mexicanos y argentinos, para perder en la intrascendente última jornada con los estadounidenses, sus compañeros de viaje para la siguiente fase.

Brasil esperaba en Río de Janeiro a sus rivales para comenzar la disputa de las medallas. URSS y Estados Unidos se mostraron muy potentes en la fase previa, aunque los observadores también daban posibilidades a Yugoslavia.

 

Fase Final

El comienzo de la Fase Final del campeonato resultó espectacular. En la primera jornada Estados Unidos y Yugoslavia libran una de las batallas más intensas vistas en un Mundial. Los yugoslavos con Ivo Daneu y Radivoj Korac en plan estelar se impusieron (75-73) a un conjunto norteamericano de cierta entidad en el que un jovencísimo Willis Reed apuntaba posibilidades, pero no tantas como podría pensarse vista su excepcional carrera posterior -mejor jugador de la NBA en 1.970 y 1.973 y campeón esos dos años con New York Knicks-. Estados Unidos se encontraba lejos de aquella maravillosa selección que había enloquecido a los aficionados en los Juegos Olímpicos de Roma disputados tres años antes, pero a diferencia de otras citas mundialistas, se trataba de un conjunto potente, capaz de pelear por el título con ciertas garantías. El partido se convirtió en un bello espectáculo marcado por el talento de varios de sus protagonistas y por la igualdad. Se impuso el conjunto balcánico, pero cualquier otro resultado hubiera sido tan posible como justo.

La derrota estadounidense en la primera jornada marcará el posterior desarrollo de la competición, al tiempo que confirma las posibilidades de Yugoslavia. Los "plavi" poseían un talento excepcional y una particular forma de ver y de practicar Baloncesto. La fábrica yugoslava comienza a producir sus primeros y magníficos productos y su selección ofrece en Brasil una pequeña muestra de lo que en poco tiempo será capaz de ofrecer.

Estados Unidos no podía fallar más si quería mantener sus aspiraciones al título o, como mal menor, a las otras medallas. Tras imponerse a Francia con cierta comodidad (81-61), llegó el momento de la verdad ante una Unión Soviética que también había dado buena cuenta de los galos en su único partido de la fase decisiva. Los estadounidenses practican un excelente baloncesto, pero no saben rematar un partido en el que ganaban por 6 puntos al descanso (34-40). En la segunda parte la reacción de los soviéticos, entrenados por Alexander Gomelski, un hombre llamado a proporcionar graves disgustos a los Estados Unidos tanto en Mundiales como en Juegos Olímpicos, no se hizo esperar. Su buena defensa y gran espíritu de lucha obran el milagro y los soviéticos entran en el último minuto del partido con opciones de victoria. Su calma contrasta con las prisas estadounidenses y el conjunto europeo se alza vencedor por un ajustado 75-74, suficiente para acabar con las posibilidades del alcanzar la medalla de oro para los Estados Unidos, que una vez más, ven cómo su prepotencia les priva de mayores logros en un Mundial.

La escasa cobertura que daban los medios de comunicación estadounidenses a los Campeonatos Mundiales hace que estas pobres actuaciones de sus selecciones apenas tengan repercusión en la crítica sociedad norteamericana. Estados Unidos mantuvo su política de preparar excelentes combinados para los Juegos Olímpicos, desdeñando el Mundial ante la indiferencia de los aficionados. Habría que esperar casi dos décadas -sobre todo a raíz del desastre olímpico vivido en Seúl´88- para que las autoridades deportivas estadounidenses dieran al evento mundialista la importancia debida.

 

Brasil 

Brasil contaba sus partidos por victorias e iba de fiesta en fiesta empujado por una afición como jamás se había visto antes en una cancha de Baloncesto. El público carioca superó el jolgorio del Mundial de 1.954. Cada partido de su selección parecía una reedición corregida y aumentada de su célebre carnaval: guirnaldas, confeti, banderas, bocinas, orquestas,... se utiliza todo elemento susceptible de dar colorido y ruido al ambiente. Y unas gradas repletas con más de 20.000 espectadores vestidos con los colores verde y amarillo.

Brasil no quería más decepciones ante su público y se marcó un reto: demostrar que podía ganar el título mundial con su talento sobre la cancha y no por descalificaciones de sus rivales como ocurrió cuatro años antes en Chile. El equipo había logrado la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Roma, y a los míticos Wlamir Marques y Amaury Pasos, había añadido al espectacular Ubiratán Pereria, un joven de excelente futuro.

Se deshacen sucesivamente y con comodidad de Puerto Rico (62-55), Italia (81-62), ¡Yugoslavia! (90-71) y Francia (77-63). Una victoria sobre la Unión Soviética abría de par en par el camino hacia lo más alto del podio y ésta se produce sin contestación: el 90-79 final suponía casi matemáticamente el oro para los anfitriones. La algarabía existente dentro del Maracanazinho se desborda por todo el país. 

La resaca de la victoria ante la URSS no impidió que la jornada de clausura fuera inenarrable. Se abrió con un duelo entre Yugoslavia y la URSS en el que las medallas de plata y de bronce estaban en juego. El partido fue digno de una gran final y un adelante de los intensos duelos que estos dos rivales iban a depararnos en el futuro. La victoria yugoslava por 2 puntos (69-67) otorgaba la plata a los balcánicos mientras que los soviéticos debían conformarse con el bronce. Estados Unidos, sin posibilidad alguna de medalla, cumplió el trámite en su último encuentro ante Brasil con gran profesionalidad y puso en apuros a los campeones. El partido fue igualado (39-39, en el descanso) hasta que en los dos últimos minutos la pasión del público contagió a los brasileños y descentró a sus rivales que acabaron cediendo por 85-81, entre una lluvia de serpentinas que obligó a parar el juego en muchas ocasiones.

Tras Estados Unidos, finalmente cuarto, se clasificó Francia con dos apurados triunfos ante Puerto Rico e Italia, en lo que suponía su mejor logro mundialista. La selección boricua se clasificó a continuación gracias a su triunfo sobre Italia, mientras que los transalpinos, a quienes algunos habían colocado como candidatos a medalla, defraudaban en su primera participación en un Mundial.

En Petrópolis, localidad muy próxima a Río de Janeiro, se disputó la fase de consolación que solamente sirvió para demostrar que nadie se interesa por los desahuciados y para que Argentina ganara unos cuantos partidos y lavara un tanto la pésima imagen ofrecida en la primera fase.

Cuando el capitán brasileño Wlamir Marques recogía el trofeo que distinguía a su selección como Campeona del Mundo, William Jones respiraba tranquilo, tras varios meses de tensión. Un Mundial que comenzó de la peor de las maneras se había convertido en un éxito rotundo merced a la presencia de cuatro grandes equipos, una organización más que aceptable y un público entusiasta. Lástima que durante la disputa de esta IV edición del Campeonato del Mundo la FIBA no se atreviese a conceder la organización del siguiente a un país europeo pues unos cuantos se encontraban preparados para ello. Le fue otorgada a Uruguay y...volvieron los problemas. 

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega

 


José María Miguel

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