Brasil 1954: Río de Janeiro acogió el Mundial

Estados Unidos se tomó la competición con seriedad e hizo valer su calidad

MUNDOBASKET: Nos acercamos a su Historia (3)

Brasil 1954

 

 

FIBA designó en Buenos Aires durante el desarrollo del Mundial de Argentina a la ciudad brasileña de Sao Paulo como sede de la segunda edición del Campeonato del Mundo de 1954.

Las autoridades brasileñas vetaron la participación de los países europeos del bloque comunista y el escenario de los partidos tuvo que trasladarse a Río de Janeiro al no haber finalizado las obras previstas para su disputa en Sao Paulo. En vísperas de comenzar el Mundial de Baloncesto Brasil se encuentra en un grave estado de crispación política y social. La ciudad de Sao Paulo, que conmemoraba el cuarto centenario de su fundación, no cumple sus compromisos. La construcción de nuevo pabellón, requisito indispensable para acoger el certamen, supone un obstáculo insalvable para un país en el que reina el caos. La cancha donde debían disputarse los partidos no tenía la cubierta finalizada porque los arquitectos no han logrado solucionar los problemas surgidos en la construcción de la cúpula. El gobierno decide contrarreloj trasladar el certamen a Río de Janeiro, a una grandiosa instalación con capacidad para 35.000 personas anexa al estadio de fútbol de Maracaná.

 

Participación

La organización decidió que jugaran 12 países para que el formato de la competición fuera más racional. Los 12 equipos quedaban encuadrados en cuatro grupos de tres cada uno que jugaban una pequeña liguilla, de manera que los dos mejores equipos de cada grupo jugaban la fase final del campeonato, también en la modalidad de todos contra todos. Los colistas disputaban una fase de consolación (puestos 9 al 12).

El gobierno brasileño había roto relaciones diplomáticas con los países de la órbita soviética y se negó a conceder los visados. La Unión Soviética, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 y campeona europea un año después, se quedó fuera del certamen. Hungría y Checoslovaquia, segundo y cuarto del Campeonato de Europa, también padecieron el boicot.

Se invita a Francia (bronce en el europeo), a Israel y a Yugoslavia. Yugoslavia sí tenía el reconocimiento internacional de las autoridades brasileñas a pesar se su régimen comunista, y no había sufrido ninguna sanción después de no presentarse a jugar frente a España en el primer Mundial.

Los organizadores consiguen que FIBA conceda siete plazas para equipos americanos, algo desproporcionado, y además son otorgadas por invitación previa. Acuden a Río de Janeiro las mejores selecciones del Nuevo Continente (Canadá, Estados Unidos, Uruguay, Paraguay, Chile y Brasil) a excepción de México que declina la invitación y que es sustituido por Perú. Argentina, campeón en Buenos Aires, estuvo ausente debido a que la selección se descompuso tras las acusaciones de profesionalismo vertidas contra sus integrantes. Filipinas y Formosa (Taiwán) representan al continente asiático. Eran las dos mejore selecciones de una zona en la que la 2ª Guerra Mundial todavía pasaba factura.

El 23 de octubre de 1954 las delegaciones de los doce países participantes saltaban a la cancha del Gimnasio de Maracaná para la ceremonia de inauguración del 2º Campeonato del Mundo de Baloncesto.

 

Estados Unidos da el nivel y compite

El Baloncesto estadounidense había demostrado en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 que se encontraba a años luz de distancia del resto de sus rivales. Ni siquiera la Unión Soviética, que volvía a la escena internacional después de la guerra, pudo hacer frente al combinado norteamericano que se llevó la medalla de oro. Al mismo tiempo que los universitarios estadounidenses acaparaban medallas de oro en las citas olímpicas, la NBA se asienta y ofrece protección y dinero a los jugadores que acaban su ciclo universitario.

El Campeonato del Mundo no atrae a los dirigentes del Baloncesto estadounidense y a Brasil vuelven a enviar una selección compuesta por jugadores blancos - aunque ya quedaba poco para que los jugadores de raza negra  adquiriesen el protagonismo que reclamaban y merecían – que participaban en campeonatos estatales y que nunca alcanzaban la categoría de profesionales NBA. Aquel equipo, que no estaba entre los mejores que Estados Unidos hubiera podido formar, tenía buen nivel, suficiente para plantar batalla a los brasileños, máximos favoritos, y conseguir el título mundial sin conocer la derrota.

Los dos equipos siguieron estrategias opuestas: los norteamericanos escondieron su cartas hasta el momento decisivo; los brasileños las mostraron ante la algarabía de su entusiasta afición. En la primera fase Estados Unidos se impone contundentemente a Perú (79 – 49) y a Canadá (59 – 37), pero no parece gran cosa. Brasil se da un festín a cuenta de Filipinas (99 -63), la máxima anotación del torneo, y resuelve sin problemas ante Paraguay (61 – 52).  En los otros grupos, Uruguay y Francia pasan por encima de Yugoslavia, mientras que Formosa, Israel y Chile recurren a la diferencia de puntos favorable a los dos primeros para decidir la clasificación, después de ganar un partido cada equipo.

Brasileños y norteamericanos contaban con fuerzas muy similares. Los anfitriones incorporaron jugadores jóvenes al equipo base que finalizó en cuarta posición en el Mundial de Argentina y que acudió a los Juegos Olímpicos de Helsinki. Entre estas caras nuevas sobresalen dos futuras leyendas del Baloncesto mundial: Wlamir Marques, que con apenas 17 años se convertirá en el máximo anotador de su equipo, y Amaury Pasos, otro joven que fue elegido mejor jugador del campeonato paulista ese mismo año. Además, contaban con un buen ramillete de veteranos como el capitán Angelo Bonfietti, Mair Facci y Almir De Almeida. En Estados Unidos destacaban Joe Stratton (la estrella del equipo), William Johnson, Kirby Winter y Eddie Solomon. Los norteamericanos contaban con la fuerza del bloque como su mejor arma y practicaban un excelente defensa.

 

Fase Final

Durante la fase  final ambos equipos dejaron claro que la noche del 4 de noviembre se enfrentarían con el título en juego. Brasil fue eliminando rivales con autoridad. Ganaron a Formosa (61 – 44), a Israel (68 – 46), a Canadá (82 – 67), a Filipinas (57 – 41), a Francia (49 – 36) y a Uruguay (60 – 45). Los rivales no pudieron contrarrestar el poderío ofensivo de los brasileños.

Estados Unidos se deshace sin esfuerzo de Filipinas (56 – 43) y de Francia (70 – 49), pasa apuros ante Uruguay (64 – 59) y vapulea a Canadá (84 – 50), a Formosa (72 – 28) e Israel (74 – 30). El entrenador Warren Womble había construido una gran defensa, cuyos efectos se harían notar en el partido por el título. El cuerpo técnico estadounidense había estudiado con detalle los movimientos de ataque de los brasileños y habían elaborado el revulsivo oportuno.

 

Lucha por las medallas

Llegado el momento de la final, el Maracanazinho lleno a rebosar con 35.000 espectadores, se convirtió en un recinto festivo lleno de estruendo y decibelios. El equipo de Estados Unidos salta a la cancha tranquilo y concentrado al máximo. En el primer tiempo la defensa y la paciencia visitantes dan sus frutos. Brasil se estrella una y otra vez ante el muro formado por Solomon y Born, mientras que Stratton cuaja sus mejores minutos en el campeonato. Los 19 puntos anotados por los brasileños en el primer tiempo hablan por sí solos. Al descanso ganaba Estados Unidos 35 a 19.  En la segunda parte los norteamericanos no permiten la remontada. Brasil, presa de la impaciencia y de la impotencia, se diluye ante un rival que con el paso de los minutos se muestra más entero y confiado. Estados Unidos vence por 62 – 41 imponiendo su defensa ante un conjunto brasileño que había mostrado un ataque demoledor en todos los partidos anteriores.

Filipinas fue la aparición inesperada, logrando el tercer puesto. Carlos Loyzaga, Mario Palentino y Ponciano Saldaña formaban un trío de anotadores muy fiable que suplía perfectamente la escasa estatura. Sus apurados triunfos en la fase final  ante Francia (66 – 60)  y ante Uruguay (67 – 63) les permitieron hacerse con la medalla en su primera cita mundialista. Francia obtuvo la cuarta posición, lavando la imagen ofrecida en el certamen anterior en el que no pudo hacer valer su condición de subcampeón olímpico en 1948. Los franceses, encabezados por el entrenador Robert Busnel, contaban con jugadores como Jean Paul Beugnot y Robert Monclar, apellidos que en épocas más recientes han dado alegrías a los aficionados galos.

Los máximos anotadores del torneo fueron: Oscar Moglia (Uruguay) con 168 puntos en 9 partidos (18,6 de media); Carl Ridd (Canadá) con 164 puntos en 9 partidos (18,2 de media); Carlos Loyzaga (Filipinas) con 148 puntos en 9 partidos (16,4 de media).

 

FUNDACIÓN PEDRO FERRÁNDIZ

Centro Internacional de Documentación e Investigación del Baloncesto

Colección "EL BALONCESTO Y SU CULTURA"

HISTORIA DE LOS CAMPEONATOS DEL MUNDO

Mario Hernando y José Luis Ortega

 


José María Miguel

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