Cuando comenzó el partido se preveía que la situación no iba a ser fácil. El Panathinaikos empezó pisando fuerte (3-11) y dejó claro en el coliseo malagueño que va camino de ser aquel equipo tan rocoso que eran antaño, a pesar de tener en sus filas a jóvenes valores que dentro de muy pocos años, si no lo son ya, serán de los mejores jugadores del continente. Un equipo entrenado por Obradovic nunca puede ir con la piel de cordeo puesta y en Málaga ante el Unicaja no fue distinto, aunque los de Aíto dieron emoción al partido desde la línea de 6,25. A base de triples aguantó el Unicaja un primer arreón de los griegos, que veían como su bien hacer en los primeros diez minutos se venía abajo con la efectividad lejana local (19-13).
Omar Cook se emergió como la figura de la remontada y buen momento malagueño. Su más que notable acoplamiento y su mejor dirección de juego, alternando con acciones en ataque y en defensa dignas de mención, dieron vida a Unicaja, que a trancas y a barrancas conseguía mantenerse por delante en el marcador, aunque nunca por más de cuatro o cinco puntos (34-30). Jasikevicius sigue siendo de esos jugadores que parecen no estar pero que a la primera ventaja que le das no te perdona y fue un pilar básico para lo que estaba por llegar en el Palacio de los Deportes malagueño. El lituano se puso a mandar, a anotar y a defender y el Panathinaikos fue otro equipo. El marcador era de 61-61 y lo peor estaba por llegar.
Ocho puntos en un periodo es muy poco para un equipo que aspira a estar en Berlín tras su maravillosa primera fase de la competición y su buen comienzo del Top 16. Unicaja salió a jugar los últimos diez minutos como intimidado por el rival, abusando del lanzamiento exterior –que esta vez no dio resultado- y dejando muy solo a un Haislip que se peleaba con todo el mundo. Cabezas pecó de impulsivo y perdió tres balones que sirvieron para que los griegos se escaparan en el marcador a base de triples, aunque lo cierto es que cuando peor estaba Unicaja el Panathinaikos sólo pudo llevarse el partido por méritos del rival, no propios.