Esta vez ha sido nuestra selección la que, tras una ventaja inicial de 11 puntos conseguida al acabar el primer cuarto, ha podido disfrutar de un partido relativamente plácido que nos ha llevado a la primera victoria frente al combinado neozelandés, poco más o menos lo que estaba previsto.
A lo largo del encuentro se han podido observar bastantes mejoras, en especial más fluidez ofensiva a nivel individual, pero seguimos padeciendo ciertas carencias en lo que se refiere al sentido colectivo del juego y a la anticipación defensiva.
Pocos problemas para anotar con continuidad tuvieron la mayor parte de nuestras jugadoras, entre ellas algunas que en el primer partido frente a la selección china casi no tuvieron oportunidad de hacerlo, como Isa Sánchez o Nuria Martínez, mientras que Ana Montañana se ha mostrado como la más dominante en funciones ofensivas, ante un conjunto neozelandés que carecía de la capacidad de neutralizarla, y Amaya Valdemoro ha ejercido a la perfección las tareas de intimidación defensiva.
En cambio, como conjunto se arrastran carencias que nos han impedido romper el partido hasta el último cuarto, cuando por fin fructificaron las rotaciones de Evaristo y las neozelandesas, muy cansadas, han acabado de perder la fe en la victoria.
Posiblemente, falta atención y coordinación mientras que sobra precipitación e individualismo, por eso picamos en todas las fintas, llegamos tarde a las ayudas y cometemos faltas innecesarias, por eso se mantienen los problemas en el rebote defensivo incluso ante jugadoras con menos centímetros como las de nuestras antípodas, por eso nos cuesta salir de la presión tras saque de fondo mientras nosotras presionamos fatal al rival, por eso no aprovechamos muchas transiciones ofensivas con clara superioridad y perdemos tantos pases de riesgo.
En definitiva, a nivel individual las jugadoras van ganando en ritmo y confianza, asentándose en su juego y sintiéndose bien en la cancha, pero colectivamente aún nos queda margen de mejora. Esperamos que en los próximos partidos un mejor conocimiento de las rivales nos lleve a tomar decisiones más inteligentes, que se incremente la capacidad de sacrificio en detrimento del lucimiento personal, y que se disponga de mejores soluciones tácticas para frenar a las líderes de los equipos rivales, algo que en este partido no se ha sabido hacer con Jilian Harmon, a la que le hemos permitido hacer el partido de su vida.
Nos esperan las checas en apenas dos días, un enfrentamiento que determinará si vamos a poder seguir aspirando a una de las dos posiciones cabeceras del grupo o nos tendremos que conformar con luchar por la tercera y cuarta posición.