Mis compañeros de la Facultad creen que es buena idea organizar un viaje de cuatro días a la ciudad del Tamesis, después de un largo mes lleno de exámenes y noches en vela. El objetivo es hacer turismo y de paso encontrar algo relacionado con un deporte tan minoritario en las islas como es el baloncesto, todo un reto.
Así pues, yo, mi maleta de veinte quilos y el retraso de la RENFE ( para no variar) llegamos a la “Estació de França” antes de tiempo. En la entrada mis compañeros Iris y Oriol ya me esperaban impacientes para coger el autocar que nos llevaba al aeropuerto gerundense. Durante el trayecto, soportamos en silencio por parte de dos chicos y tres chicas una infumable conversación sobre la situación social que atravesaba la ciudad de Barcelona, compaginando a ratos con la delicada situación que pasaba Leo en “Supervivientes”. Después de tanta cultura general llegamos por fin a la destinación asignada, “Eli” , “Meri” y Enric llegan un poco mas tarde que nosotros. Ya estamos todos los que tenemos que estar.
Los problemas comienzan a la hora de embarcar, mi maleta y la de “Meri” supera con creces el límite establecido (16 kg). Como no teníamos la intención de pagar 10€ por kilo de mas nos repartimos el peso entre los 5, ya que Oriol inconscientemente embarca su flamante bolsa del AXA F.C Barcelona con tan solo 12 kg para sorpresa de todos.
Tras pasar los respectivos controles de seguridad (donde por cierto se me cuela una botella de agua en la mochila) ya estamos en el avión, el despegue es inminente. “Meri” y Iris se cogen de la mano asustadas, mientras yo con mi cámara de fotos hago un video para inmortalizar el momento. - Road to London!! -
A diez mil pies de altura todo se ve desde otro punto de vista. Los verdes y bastos prados ingleses comienzan a vislumbrarse por la ventana hacia las tres de la tarde aproximadamente. Una rubia azafata me obliga a dejar de leer y colocar las revistas en el suelo, estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Stansted.
Con cinco grados centígrados y un frió de narices Inglaterra nos acoge con los brazos bien abrigados, por suerte como iba con dos chaquetas y un yérsey debido a los problemas con las maletas el frío lo notaba mucho menos. Cuarenta y cinco minutos después ya estábamos en el corazón de la ciudad, Liverpool Street.
Cansados y cargados de ilusión cogemos el metro, primer “sablazo” del viaje, ni mas ni menos que cuatro pounds de coste de la tarjetita del “tube”. Gracias a nuestro GPS andante Oriol llegamos a Edware Road, lugar donde tenemos nuestro hostel, a diez minutos de Picadilly Circus. The Green Path es un edificio formado por dos plantas, en la primera está el típico “pub” inglés con billar y en el piso de arriba está el “hostel”, donde nos albergamos todos los turistas.
En el mostrador una chica muy parecida a la cantante mejicana Julieta Venegas nos atiende. Por desgracia nuestra Julieta nos comunica algo imprevisto, tenemos que dormir en habitaciones separadas, en un principio acordamos que los seis dormiríamos en la misma habitación, pero no ha podido ser.
De mala gana aceptamos y subimos hacia las habitaciones. Ellas no encuentran a nadie, en dos literas hay dos maletas encima y en la pared hay cuadros con lugares emblemáticos de la ciudad. Nosotros en teoría tampoco, la ventana estaba abierta y la calefacción a temperaturas insospechadas por el hombre en una habitación con ocho colchones de fondo. De repente, algo se mueve en una de las literas de arriba, un rostro rubio nos mira de arriba abajo con los ojos semiabiertos y al acabar su “scanning” intenta decir algo. Cordialmente sale de nuestra boca un “Hi”, pero él se gira de espaldas y nos contesta tirándose cierta flatulencia maloliente.
Sorprendidos pensando que puede ser típico de su país de origen salimos de la habitación y nos vamos a cenar a un Mcdonald’s que había cerca de allí, hay que planear el plan de ruta para los próximos tres días.
Lo peor de todo es que llevamos cinco horas en tierras londinenses y no hemos encontrado NADA sobre baloncesto, pero la esperanza es lo último que se pierde. Al volver al “hostel” todas las preocupaciones desaparecen cuando los “Ubitos” me preparan una fiesta sorpresa en la propia habitación, no siempre se cumplen 23 años, el año Jordan comienza con buen pie.
Por desgracia llegan dos inquilinas de habla francesa, quieren dormir y nos echan de la habitación de las chicas. Tenían que madrugar, creo que se tenían que levantar a las cinco de la mañana a comprar croissants con foigras, porque sino no entiendo porque quieren irse a dormir con los Lunnis a las diez de la noche la verdad..
Volviendo a nuestra habitación encontramos una pareja Australiana muy simpática que nos cuenta sus aventuras y nos recomienda lugares que vale la pena visitar. Después de una improvisada terapia de grupo entre los 6 ya son las dos de la mañana, a las siete hay que levantarse, nos esperan tres largos días.
Antes de irme a dormir cogiendo un trozo de papel en forma de pelota miro la basura que había enfrente la puerta y me pregunté..Encontraré algo? Arqueo el brazo, golpe suave de muñeca y rebotando contra la pared el papel entra, afirmativo.
Se apagan las luces y con un sincronizado “good night” el mundo se apaga durante unas horas, con la calefacción a 25 grados centígrados a tan solo un par de centímetros de mi cara. Lo dicho, mucho frío me parece que no voy a pasar.