Bernandino Pérez Maza, quien en su época como jugador fuese un discreto base, se convirtió, desde que asumió el cargo de gerente del Gran Canaria, en un icono e ídolo de la afición. Anteriormente, en la 1985/86 ya había llegado a la isla en calidad de jugador, pero donde destacase no sería sobre el parquet, sino en los despachos. Cinco temporadas jugando con la camiseta amarilla le harían sentir "como uno más” pese a ser sevillano hasta la médula.
Una vez tomase el papel de gerente del club claretiano, se convertiría en el fabricador de sueños del equipo, aportando su granito de arena en la permanencia del equipo gran canario año tras año en la ACB. Luego iría a por metas más altas, haciendo llegar a Europa, a Copa del Rey y a PlayOffs a los isleños gracias a sus fichajes sacados de la manga. Y es que si por algo se ha caracterizado este hombre a lo largo de su carrera, ha sido por su acierto a la hora de fichar.
Acierto no implica tan sólo que el jugador traído rinda desde el primer momento, sino cuánto costó ese jugador, de dónde ha venido, y sobre todo, si rinde en proporción a su valor. Y eso siempre lo cumplían los jugadores de Berdi. Descubridor de talentos como Larry Lewis, Marcus Goree, Will McDonald, Kennedy Winston… y apostante en jóvenes nacionales como Fran Vázquez (que hasta esa temporada no había gozado de mucha confianza) o Hernández Sonseca (hoy discutido en el Madrid, pero en su tiempo importante para el GranCa). Además deja perlas en la cantera como Joel Freeland o el también inglés Ryan Richards.
Querido por toda la isla, Berdi Pérez ha dejado su huella personal en el Centro Insular de los Deportes, donde tendrían que ponerle una estatua. Bueno… primero habrá que dejar hacerle su trabajo en su nuevo destino: Unicaja Málaga.