El último
trámite antes de concluir la liga LEB se resolvió a favor del Bruesa. Los dos
nuevos equipos ACB hicieron de la final de la LEB una fiesta del baloncesto, ya
olvidada la tensión de los intensos partidos de semifinales que les dieron la
codiciada plaza en ACB. Bruesa tuvo más paciencia y supo remontar al final de
un bonito y casi intrascendente partido.
Desde el
primer minuto quedó claro que ambos equipos se tomaban este encuentro como una
fiesta. Libres de la presión de los partidos precedentes, las defensas estaban
frías y las muñecas calientes, como bien señala el marcador de los primeros
minutos, que proyectaba un tanteo de más de 100 puntos para cada equipo.
Brown y
Triguero se lucían haciendo alarde de fundamentos y acierto anotador. Durante
esta primera parte a los de Hussein le entraban los triples sin el menor
problema (8 de 13, un 62%), al igual que los lanzamientos cercanos al aro (74%
de acierto).
Al Bruesa
le costó algo más entrar en el partido. Fisac tuvo que llamar al orden a sus
jugadores y pedirles intensidad defensiva, lo que permitió al equipo vasco no
perderle la cara a un Polaris que hasta ese momento se mostraba superior en
todas las facetas del juego.
Sin
embargo, los del Bruesa no estaban dispuestos a que fuera el anfitrión de la
final el único que disfrutara de la fiesta. Una nueva vuelta de tuerca a su
presión defensiva les terminó por meter en el partido (66-61).
El último
cuarto se iniciaría con una mínima ventaja local de 4 puntos (69-65). Doblas
conseguía anotar con facilidad bajo el aro del Polaris. Un triple de Lewis puso
por delante a su equipo (71-72) al poco de inciarse el último cuarto. Bruesa quería
hacerse con la guinda de la copa. Había hecho lo más dificil, remontarle a un
Polaris que jugaba con soltura. Ahora le había dado la vuelta a la situación y
eran los locales los que jugaban con el marcador en contra.
Durante los
últimos minutos ambos equipos aplazaron momentáneamente la fiesta y decidieron
poner toda la carne en el asador antes de terminar la temporada pues, al fin y
al cabo, había un trofeo en juego.
Las
defensas empezaron a funcionar a toda máquina, especialmente la del Bruesa, que
había conseguido poner contra la pared al Polaris. Ya no era un partido de
exhibición y a Bruesa parecía hacerle más ilusión el trofeo del campeonato LEB,
por mucho que el premio gordo, el ascenso a la ACB, ya lo tuviera en su mano.
Los de
Hussein no fueron capaces de dar un último empujón que les pusiera arriba en el
marcador. El trofero de campeón de LEB viajará al País Vasco.
Los 3.500
espectadores que presenciaron el partido despidieron a ambos equipos con una
larga ovación durante la entrega de trofeos para el campeón y subcampeón,
además del galardón al MVP de la final, que recayó en Juanjo Triguero.