Hola a todos y a todas. Supongo que como buenos aficionados a este deporte, alguna vez os hayáis preguntado el proceso que lleva a un niño a pasar de jugar en el patio de su colegio, a hacerlo en estas ligas de renombre.
Lo primero y más importante, y también bastante lógico: te tiene que gustar mucho el deporte de la canasta. Pensad que, jugar al baloncesto, no se puede realizar de forma mecánica, sin ganas, como (por desgracia) sí es posible ejecutar otras ocupaciones, sino que hay que ponerle mucha ilusión y pasión. Y claro, juntar estos adjetivos sin que estén sustentados sobre la base de la motivación y el disfrute es una mala receta.
Lo siguiente es tener una mentalidad de trabajo. Ninguna capacidad se desarrolla sólo con talento. Hace falta dedicarle tiempo. Y en ese tiempo, dedicarle intensidad y concentración para que el entrenamiento no sea en vano. Lo cual será mucho más fácil si el primer requisito se cumple. Aquí hay que añadir también esfuerzo, sufrimiento y superación. Palabras a priori un poco grandes y que asustan, pero que acaban convirtiéndose en buenas amigas.
Otro consejo interesante es aprovechar el verano. Es en este tiempo cuando puedes trabajar sobre aspectos que más nos cuestan y que, por diversas razones, no es fácil entrenar durante el año. En mi caso, me he dedicado en estos pasados meses estivales a un trabajo sobre todo físico con un preparador amigo mío. Además de detalles técnicos del juego en los que no entraré para no aburriros.
Todo esto implica estar dispuesto a renunciar a algunas cosas. Toda elección en la vida lleva consigo el hecho de dejar de realizar alguna otra cosa. Ese viaje con amigos que me coincidió con un partido, aquel cumple de esa chica al que no pude ir porque entrenaba… Pero no pasa nada. La sensación posterior es parecida a cuando estudias mucho para un examen, y luego éste te sale bien y apruebas. Algo así como el deber cumplido, orgullo de uno mismo, o simplemente satisfacción personal.
Por supuesto también está implicada la suerte. Y hablo de ésta en forma de ausencia de lesiones que no frenen tu progresión, de entrar en un grupo con calidad humana donde te encuentres a gusto, de encajar (o aprender a encajar) en la forma de juego del equipo…
Juntando todo esto (seguro que se me olvidan bastantes cosas) se hacen deportistas. Y un pequeño apunte para todos los niños y niñas, adolescentes y demás personal en edad escolar. Se puede ser perfectamente un buen deportista y un buen estudiante. Hay tiempo para todo y, al menos desde mi experiencia, una cosa ayuda (y mucho) a la otra.