En este segundo artículo sólo puedo hablaros del que ha sido, hasta hace unas horas, mi compañero de equipo y durante meses de puesto, el finlandés Juha Sten. Jugador internacional que desgraciadamente no ha tenido este año su mejor temporada.
Recuerdo allá por el mes de septiembre, cuando casi todos éramos completos desconocidos, nuestro primer día de entrenamiento. Nos separaron en dos grupos, y mientras unos corríamos los que serían los primeros (¿de miles?) kilómetros del año, el otro grupo fue a podoactiva para que les hicieran las correspondientes plantillas. A mí me tocó en el grupo de Juha, y pronto pudimos comprobar su sentido del humor.
Mientras esperábamos la llegada del doctor, Juha sacó su inseparable diccionario de finés-español y, leyendo una de las frases que podría necesitar al encontrase en un hospital dijo con una peculiar y más que aceptable pronunciación: “Estoy embarazada”.
El segundo hecho que recuerdo claramente de él tuvo lugar en el primer partido de pretemporada. Estábamos hacia el final, con el partido más que decidido, y Juha había hecho un muy buen encuentro. En un contraataque dos contra uno, Juha dio un pase con la cabeza, lo que le valió una buena bronca.
Para ser justos, Juha ha tenido mala suerte este año. Ha contado con un montón de problemas físicos, terminando con este último en el talón de Aquiles que le ha obligado a regresar a su país para operarse inmediatamente.
Además de ser una gran persona, Juha es una persona que lo da todo en la cancha. Muchas veces (muchas, muchas), le he visto este año en el suelo luchando por el balón. También me sorprendió la fuerza con la que entra a canasta, sin importarle quién se encuentra delante ni su integridad física.
He compartido muchas anécdotas con él, pero seguro la más divertida, y a la vez la más extraña, tuvo lugar en un viaje de Madrid a Huesca. La primera semana que nos tocó descansar, algunos aprovechamos para irnos a casa. Álvaro Izquierdo, natural de Torrejón, me llevaría a Madrid. Juha y su novia, Ula, otra gran persona, iban también a Madrid, donde a la mañana siguiente cogerían un avión a Granada para ver al amigo finlandés de ambos, Rannikko. Yo me llevé a mi recién adquirida ardilla. Pues bien, pasados los días de vacaciones, Álvaro y yo fuimos a recogerles al aeropuerto. Yo tenía a mi ardilla en una cajita de cartón, ya que la jaula era demasiado grande para llevarla encima, por lo que estaba en el maletero.
Dejé a la ardilla en el coche, dentro de su caja, mientras Álvaro y yo fuimos a la puerta de salida. Al volver, la caja estaba roída y la ardilla desaparecida. Miramos por el parking, por el coche, por todos lados. Yo ya la daba por perdida, así que iniciamos el camino a Huesca sin esperanzas de recuperarla. Ya en plena carretera, Álvaro frenó de repente, la ardilla andaba por el coche y se le había subido a la pierna. Atrás, Ula y Juha se reían. Tuvimos que parar, en plena noche y en plena A-2, para ver si la encontrábamos. Nada.
Viajamos a Huesca los cuatro un poco tensos, sabiendo que había una ardilla suelta por el coche. Ula y Juha no pudieron dormirse, y en cuanto a Álvaro y a mí, estábamos seguros de que estaba todo el rato por nuestros pies. Fue un viaje inolvidable por lo surrealista de la situación, y la ardilla… logramos sacarla dos días después. Estaba en el maletero, y cuando la cogí estaba temblando y muerta de miedo.
Otra cualidad de Juha es su humildad y su capacidad de trabajo. Pero si tuviera que destacar una, sería su humanidad, (además de su facilidad para aprender idiomas, ya que desde hace varios meses se defiende muy bien en castellano).
Hay personas con las que convives mucho tiempo y no te dicen nada, pero Juha, con siete meses de convivencia, se ha convertido en un amigo. Me ha prometido que volverá a España. Quiere regresar y hacerlo bien. Sé que calidad tiene de sobra.
Por el momento le deseo mucha suerte con la operación. Y luego suerte con la selección. Nähdään pian, ystävä.
Un saludo a todos los enCancheros.
Óscar