2015

25

Mayo

11:46

Dani Alento

Livingston y Carroll, la historia de dos supervivientes

Shaun Livingston, de los Golden State Warriors, y DeMarre Carroll, de los Atlanta Hawks, están disputando las semifinales de la NBA con suerte dispar. Sin embargo, los dos tienen algo en común, un instinto de lucha que les ha llevado a superar las adversidades que se les han presentado en la vida.

En el segundo cuarto del primer partido de las finales de la Conferencia Oeste los Golden State Warriors perdían de 16 frente a los Houston Rockets, 33 a 49. Con el equipo completamente desarbolado y al borde de un descalabro de tremendos efectos psicológicos de cara al desenlace de la eliminatoria, Shaun Livingston salió al rescate de los californianos. El base sumó 10 puntos en poco menos de 3 minutos de juego. Resucitados por el director de juego de su segunda unidad, los de Steve Kerr llegaron al descanso con una ventaja de 3 puntos, 58 a 55.

Este momento de gloria fue la merecida recompensa para un jugador que ha sabido encajar los golpes que la vida le ha lanzado, levantándose una y otra vez de la lona. Livingston iba para estrella del baloncesto. Con una altura de 2 metros y jugando de base en el instituto, fue bautizado como el nuevo “Magic”Johnson. Era el jugador de moda, el hombre del momento. Recibió una beca de Duke para la Liga Universitaria, pero decidió aprovechar su momento álgido y dio el salto a profesionales. Los Angeles Clippers lo eligieron en el cuarto lugar del draft del 2004.

Las lesiones ya empezaron a perseguirle en su año rookie. Una dislocación de rótula en su rodilla derecha limitó sus partidos a 30 en su primera temporada como profesional. En su segundo año, ya recuperado del percance anterior, pudo participar en 61 partidos de la liga regular. Pero en su tercer curso su carrera se truncó. Fue el 26 de febrero del 2007. En una entrada a canasta se destrozó la rodilla izquierda: dislocación de rótula y articulación tibio-femoral, rotura de los ligamentos cruzados anterior y posterior, rotura del menisco lateral y esguince de un ligamento lateral.

Los médicos no las tenían todas consigo sobre la recuperación de Livingston. En un primer momento no descartaron la amputación de su extremidad. Luego, no estaban seguros de si volvería a andar. Con 21 años parecía que su carrera se había acabado. Pero Livingston no se rindió. Tras quince meses de sufrimiento y trabajo, volvió a las pistas para encontrarse con un panorama totalmente distinto: adiós a los contratos garantizados, adiós a una estancia larga en una franquicia, adiós a sus posibilidades de ser una estrella.

Miami, Tulsa (NBDL), Oklahoma, Washington, Charlotte, Milwaukee y Cleveland fueron lugares de paso en su carrera hasta que la liga pasada, bajo las órdenes de Jason Kidd, cuajó un buen año en los Brooklyn Nets. Jugó 76 partidos de Liga regular y 12 de playoff. En la NBA nunca había jugado tantos partidos en una misma temporada. Ahora un jugador distinto, sin tanto brillo ofensivo, sin tanto protagonismo, sin tanta participación en las jugadas decisivas, con mucha mayor dosis de sacrificio en su juego para el lucimiento de sus compañeros. Pero, a sus 29 años, sigue siendo un buen jugador de baloncesto.

DeMarre Carroll, otro luchador sin tregua

En el primer partido de las semifinales del Este, los Atlanta Hawks se llevaron las manos a la cabeza cuando en el último cuarto DeMarre Carroll se lesionó la rodilla. El cabeza de serie de la conferencia no sólo iniciaba esta ronda cediendo el factor campo ante los Cleveland Cavaliers sino que además podía perder a uno de sus jugadores clave, un alero que les asegura puntos pero también defensa. Y sin embargo, hace apenas dos años, la noticia de la noche no hubiera sido esta desafortunada lesión, sino el hecho de que Carroll fuera titular en la NBA.

La vida de este jugador no ha sido un camino de rosas. Ya en la infancia, con tan sólo 5 años, perdió a un hermano de 9 a causa de un tumor cerebral. El año 2007, en la universidad, recibió un tiro en un altercado mientras, según explicó él, intentaba separar a uno de sus compañeros en Missouri. La bala pasó muy cerca de su tendón de Aquiles, pero por suerte no lo tocó.

El incidente demoró un año su salto a la NBA. Por reaparecer demasiado pronto, sobrecargó la otra rodilla, así que tuvo que esperar a acabar su temporada sénior para pasar a profesionales. Y para acabar de completar el panorama, el 2008 le diagnosticaron una rara enfermedad del hígado. No afectará a su carrera como profesional, pero si le convierte en serio aspirante a un trasplante, probablemente a partir de los 45-50 años.

Los Memphis Grizzlies le eligieron con el número 27 en el Draft del 2009. Con la lesión de Zach Randolph el entrenador Lionel Hollins le hizo jugar de 4, fuera de su posición natural de alero. Y como no le convenció, le envió a la Liga de Desarrollo. En febrero de 2011 fue traspasado a los Houston Rockets, que le despidieron 2 meses más tarde sin darle apenas minutos de juego. Durante ese verano entrenó con Kevin Garnett y Paul Pierce, quienes recomendaron al director deportivo de los Boston Celtics Danny Ainge su fichaje.

Pero DeMarre Carroll no acabó en Boston. La operación no cuajó, y en diciembre de 2011 fichó por los Denver Nuggets. Después de 2 meses más de calentar banquillo, fue despedido de nuevo a principios de febrero del 2012. Los Utah Jazz reclamaron sus servicios, pero para utilizarlo como un jugador secundario. Muy secundario. Hasta el 8 de abril del 2012, justo cuando el alero ya empezaba a cuestionarse su carrera en la NBA.

Los Jazz se enfrentaban a los San Antonio Spurs con la baja de su alero titular Josh Howard. Durante el encuentro, C.J. Miles y Earl Watson también se lesionaron. En el momento en que Jamaal Tinsley se cargó de faltas, al entrenador Tyrone Corbin sólo le quedaba una opción: DeMarre Carroll. El alero saltó a la cancha con hambre de baloncesto, convirtiendo 3 de sus 4 triples y anotando 16 puntos en 18 minutos. A partir de aquella noche aumentó la participación del alero en los esquemas del equipo, aunque sin dejar de ser un secundario. Durante la siguiente temporada Carroll se cargó de confianza para seguir luchando.

La semilla del éxito ya estaba sembrada, y había cuajado. Aquel 8 de abril del 2012, Mike Budenholzer estaba en el banquillo de los Spurs como ayudante del entrenador jefe Gregg Popovich. Cuando en el verano del 2013, una temporada después, Budenholzer accedió al cargo de primer entrenador de los Atlanta Hawks, tenía muy claro a quien quería fichar para su quinteto titular. Ahora, a punto de cumplir 29 años, Carroll juega más de 30 minutos de media por partido. Se ha revelado como un triplista fiable además de un sólido defensor. Y todo, además de por años de trabajo y dedicación, por una noche tonta en el tiro.

A pesar de su lesión de rodilla, DeMarre Carroll, no se ha perdido ninguno de los otros dos partidos de la serie disputados hasta ahora. Su sacrificio, sin embargo, ha sido en vano. Los Hawks, que han hecho una gran temporada cuando más lo necesitaban sus propietarios para sacar un buen precio en su venta (vale más un equipo ganador que uno perdedor) han perdido los tres enfrentamientos y están a sólo uno de la eliminación ante los Cavaliers. En la otra serie, los Warriors de Livingston dominan también 3 a 0 a los Houston Rockets. Todo apunta a unas finales entre los Cavs de Lebron James y los Warriors de Stephen Curry, dos de los mejores jugadores del momento. Un duelo entre dos estrellas del que hablaremos en las próximas semanas.


@danielalentomor

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