2015

31

Mayo

11:43

Dani Alento

Lebron - Curry, la madre de todas las batallas

A partir del 4 de junio, Golden State Warriors (mejor equipo de la liga regular) y Cleveland Cavaliers (segundo mejor del Este) se disputarán el honor de ser el mejor equipo de la NBA. Lebron James contra Stephen Curry. Un éxito seguro en lo que se refiere al espectáculo…y a las audiencias de televisión.

En la sede central de la NBA los ejecutivos están radiantes, más contentos que un niño con zapatos nuevos (yo prefería un helado de chocolate, pero el dicho popular habla de zapatos). Este año tienen la final soñada, el duelo entre dos grandes estrellas de impacto mundial que casualmente nacieron en el mismo hospital, el Akron General Medical Center, aunque con 38 meses y 14 días de diferencia. Y cada una con su historia épica detrás. El duelo lo tiene todo para interesar a los espectadores, para conseguir unas audiencias de televisión de escándalo.

Cleveland es una ciudad pequeña (a escala norteamericana), pero Lebron James es una estrella global que atrae seguidores de todo el mundo. Los Warriors no son de Los Angeles, el gran mercado televisivo del Oeste, pero están lo bastante cerca como para interesar a su público. Además, practican un juego agradecido de ver y tienen a un líder con aureola de buen chico, Stephen Curry. Y con una preciosa hija, Riley, que llena de ternura las ruedas de prensa postpartido, para tormento de los periodistas serios que esperan una respuesta a sus preguntas.

James, el fruto de la evolución en el baloncesto

James ejemplifica la versión 2.0 del rey de la NBA. Su presencia dio por cerrada la etapa de búsqueda del sucesor de Michael Jordan. Y no porque fuera él. James es un nuevo prototipo de jugador cuyas raíces no emanan del astro de los Bulls, sino de hombres como Oscar Robertson, Magic Johnson o Paul Pressey. Jugadores cuya altura y/o técnica individual les permitía transgredir las posiciones clásicas en la pista.

Oscar Robertson es el primer gran base alto de la historia (1,96). Su irrupción en los años 60 del pasado siglo supuso una revolución. En la temporada 1961-62 se convirtió en el único jugador hasta el momento capaz de cerrar la liga regular con unos promedios de triple doble: 30,8 puntos, 11,4 rebotes y 12,5 asistencias por partido.

Dos décadas más tarde Magic Johnson recogió el testigo de Robertson. El base de los Lakers, de 2,06 de altura, acabó su periplo profesional jugando de ala-pívot de forma regular, algo que había hecho durante su carrera por necesidades puntuales del equipo. Coincidió en la NBA con Paul Pressey, el primer “point-forward” o alero distribuidor del baloncesto norteamericano.

Estos tres jugadores fueron capaces de integrar en su juego las prestaciones básicas de las diversas posiciones clásicas del juego en el camino hacia el jugador completo. Una senda por la que también han transitado Dirk Nowitzki y Pau Gasol, entre otros hombres altos con buena muñeca desde el exterior y una movilidad poco común en jugadores de su talla.

Lebron James es el último paso hacia el jugador total, por delante de Kevin Durant y Paul George. La estrella de los Cleveland Cavaliers anota, rebotea, dirige, intimida, recupera balones…En definitiva, es capaz de casi todo en una pista de baloncesto. Con uno de los físicos más imponentes en una competición en la que el atleticismo ha ido adquiriendo cada vez mayor preponderancia respecto a la técnica, Lebron puede jugar de base, escolta, alero y ala-pívot. Incluso de pívot si es necesario, pero en este caso anda limitado por la desventaja de centímetros (mide 2,03) respecto a sus rivales.

La nostalgia luce la camiseta de los Warriors

Stephon Curry, por su parte, es todo lo contrario de James. Desde su 1,91 de altura y una constitución física poco musculada, parece endeble cada vez que se empareja con un rival. Pero lo compensa con una técnica exquisita. Curry es un jugador “vintage”, la reivindicación del añorado baloncesto de los 80, la demostración que para jugar a baloncesto lo mejor es saber jugar a baloncesto (aunque parezca un contrasentido), que se aprende a jugar sobre el parquet y no en el gimnasio en interminables sesiones de pesas. Debo ser un romántico, pero me emociona ver moverse a la estrella de los Warriors sobre el parquet.

Curry es la traslación al baloncesto del mejor boxeador de todos los tiempos, Muhammad Alí. El lema del más grande, como él mismo se calificaba, era “vuela como una mariposa, pica como una avispa”. Alí, más ligero que sus oponentes del peso pesado, les hipnotizaba con su juego de pies alrededor del ring pero cuando dejaba ir una de sus manos el impacto era demoledor. Lo mismo que Curry. El base de los Warriors es hábil en el bote, rápido en el quiebro, mortal con su paso atrás para coger distancia (el mismo recurso que usan los boxeadores, en su caso para dejar fuera de distancia al contrario después de pegar). Y cuando suelta la muñeca, el directo a la mandíbula suele traducirse en tres puntos para los suyos.

El hijo de Dell Curry, un buen lanzador de tres puntos que jugó 16 temporadas en la NBA después de ser elegido con el número 15 de la primera ronda por los Utah Jazz en el draft de 1986, ha heredado la muñeca de la familia. Como su hermano pequeño, Seth. Pero Stephen le ha unido un bote excelente de pelota y una gran capacidad corporal para romper la cintura a sus rivales (las carencias de su padre y su hermano). Juega haciendo honor a la premisa de los tiradores natos: el siguiente tiro entrará aunque hayas fallado todos los anteriores. En una época de atletas, él es un virtuoso.

El séquito del hijo pródigo de Ohio

El duelo de estilos entre estas dos estrellas viene acompañado de la historia de redención de James. Nacido en Akron, Ohio, fue elegido en el draft por el equipo de su estado, los Cleveland Cavaliers. Y lo llevó hasta las finales del 2007, en las que cayeron ante los Spurs de San Antonio. Su salida de los Cavs para irse a los Miami Heat fue, sin embargo, desafortunada. No por el hecho de marcharse, sino por la escenificación que la acompañó. Convirtió su decisión en un espectáculo televisivo, lo que ofendió a muchos de sus seguidores.

Cuatro temporadas después, con cuatro finales jugadas y dos ganadas, Lebron volvió a casa como el hijo pródigo. En su primera liga después del retorno, ha llevado el equipo de nuevo a la final. Y lo ha hecho a pesar de las adversidades. A pesar de la grave lesión de Kevin Love en la primera ronda de los play-offs contra los Boston Celtics. A pesar de los problemas de tobillo, cadera y rodilla de Kyrie Irving a partir de las semifinales del Este contra los Chicago Bulls. James ha vuelto para ganar, para devolver la ilusión que se llevó.

El polivalente jugador no está solo en su empeño. La larga semana de descanso desde que acabaron las finales de conferencia hasta que la madrugada del 4 al 5 de junio (horario español) de inicio la Gran Final de la NBA le irá muy bien a Kyrie Irving para reponerse (que no recuperarse totalmente) de la plaga de lesiones y molestias que arrastra. El base es un auténtico jugón, un creador de juego inteligente que además posee un buen tiro. Tanto que a los Bulls fue capaz de meterle 25 puntos en el quinto partido jugando cojo. Contra los Hawks sólo jugó el primer y último encuentros de los cuatro de la serie.

Como en cualquier buen relato bíblico o historia de superación que se precie, hay un pecador arrepentido. J.R. Smith destacaba más en los Knicks por los escándalos que por su juego. El escolta apuró hasta el último trago la vida nocturna de Nueva York, y su rendimiento en la pista se resintió. En Cleveland, una ciudad mucho más modesta y tranquila, con menos distracciones, se ha centrado de nuevo en el baloncesto. Con él llegó desde Nueva York Iman Shumpert, un jugador que ha mejorado mucho sus prestaciones en los play-offs

Todo campeón tiene su lado oscuro, el malvado que se ensucia las manos para que los demás puedan lucirse. En los Spurs fue Bruce Bowen, en los Pistons y los Bulls, Dennis Rodman. En los Cavaliers ese papel corresponde a Matthew Dellavedova. El será, o intentará serlo, el secante de Curry. El base australiano ya asumió el papel de villano en las finales del Este contra los Hawks, quienes le acusaron de ser un jugador sucio. Dellavedova desquició a Al Horford, la estrella rival, quien tras un choque entre ambos en el tercer partido de la serie le lanzó un codazo que le costó la expulsión.

Los genes de Thompson y la dieta de Green

Curry, por su parte, también puede presumir de tener una buena escolta. Él no es el único del equipo cuyo progenitor cobra la pensión de la NBA. Klay Thompson, el otro integrante junto con el base de los “Splash Brothers”, es hijo del número 1 del draft de 1978 Mychal Thompson. Nacido en las islas Bahamas, fue el primer jugador no nacido en los Estados Unidos en ser elegido en la mejor posición del draft. Estuvo 13 temporadas en la liga y ya en sus años finales, como reserva de Kareem Abdul Jabbar en Los Angeles Lakers, ganó 2 anillos de campeón. Su hijo buscará ahora el primero. El padre era ala-pívot, el hijo escolta. Y muy peligroso para el rival. No sólo por su capacidad anotadora, sino por su excelente labor defensiva. Este jugador es la demostración que se puede destacar en ambos aspectos a la vez. Los días de descanso le irán muy bien para recuperarse del rodillazo en la oreja que recibió de Trevor Ariza en la final del Oeste, y que le ocasionó una conmoción.

Otra de las piezas claves de los Warriors es el ala-pívot Draymond Green. Fue un jugador clave en la posición de alero alto en la Michigan State de la NCAA que entrena Tom Izzo. Pero en la NBA las exigencias para su posición son muy diferentes. Debo confesar que yo no le veía, con su físico sobredimensionado, adaptándose a la velocidad del juego de los profesionales. Tras su año rookie, Green debió pensar lo mismo porque cuando inició su segunda pretemporada había rebajado su peso de 112,5 kilos a 104. Ahora es una de las piezas centrales de la defensa de los de Steve Kerr, y un triplista fiable presto a aprovechar las oportunidades que se generan tras los dobles marcajes sobre Curry.

Harrison Barnes es el alero titular de los Warriors. Formado en la Universidad de North Carolina, en sus años universitarios se le echaba en cara que tras bote siempre salía hacia el mismo lado para buscar su tiro, el derecho. Y a pesar de que todos sus rivales lo sabían, era imparable. En el equipo de Oakland es el cuarto hombre, y lo ha asumido sin problemas. Sobre él o Green recaerá la tarea más ingrata de la final, pero a la vez la más decisiva: frenar a Lebron James, si es que ello es posible. El as en la manga del equipo es la presencia en el banquillo de Andre Iguodala, otro excelente defensor con un físico extraordinario que ya amargó a James Harden en las finales del Oeste y que dará un respiro a sus compañeros cuando la fatiga o las personales así lo requieran.

La versión B de los Splash Brothers

Una curiosidad de la serie es que el base de los Cavaliers Kyrie Irving ha compartido vestuario con la versión mala de los “Splash Brothers” de los Warriors, los otros hermanos: Seth Curry (2014) y Mychel Thompson (2011-12). Los cuatro miembros de la hermandad nacieron en 1988 y 1990, pero con los roles cambiados. Stephen es el mayor de los Curry mientras que Klay es el menor de los Thompson. Los hermanos de las estrellas del equipo californiano no coincidieron en Cleveland, pero si lo acabaron haciendo la temporada 2013-14 en la NBDL. Y precisamente en el equipo filial del campeón del Oeste, los Santa Cruz Warriors.

Nos espera una serie a priori apasionante, en que el Rey verá como una serie de jovencitos imberbes intenta echarle del trono. La segunda de la historia en la que se enfrentan dos entrenadores debutantes en la competición, Steve Kerr y David Blatt. La primera fue en 1947, en la primera temporada de la liga. Y entonces no tuvo mérito, ya que todos los técnicos eran “rookies”. En la NBA suspiran por que la Final se decida en el último segundo del último minuto del séptimo partido. Que la tensión y la emoción se mantengan hasta el momento final. Ojalá sea así. Como aficionados nos lo merecemos.


@danielalentomor

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