2014

20

Octubre

13:50

Dani Alento

El partido de los 44 minutos

La NBA es una Liga abierta las modificaciones que puedan ayudar a mejorar el espectáculo. Este pasado fin de semana ha programado un partido de pretemporada de 44 minutos en lugar de los 48 habituales. A continuación te explicamos que se esconde detrás de este experimento.

El baloncesto es un deporte dinámico, siempre abierto a modificar sus reglamentaciones para adaptarse al gusto del público y ganar espectacularidad. Dentro de este deporte, el espectáculo por antonomasia está en la NBA, una Liga con reglas diferentes a las del resto del baloncesto mundial, y que siempre se ha mostrado celosa de sus diferencias.

La idea entre los responsables de la liga profesional norteamericana es que si el resto del baloncesto mundial busca la convergencia, ésta debe llegar por un acercamiento de la FIBA a los postulados de la NBA y no al revés. Así pasó, por ejemplo, con la línea de 3 puntos (copiada a su vez por la NBA de la extinta ABA) y la división del partido en cuartos.

En los últimos tiempos, no obstante, esta posición ha cedido, y los muros de pureza y ortodoxia han empezado a resquebrajarse, permitiendo la penetración de algunos aspectos FIBA. La primera expresión de esta permeabilidad fue permitir la defensa en zona a los equipos profesionales norteamericanos. La segunda puede ser la reducción del tiempo de juego de los partidos de la NBA, fijados ahora en 48 minutos.

La salud de los jugadores como pretexto

La madrugada de este domingo, hora española, los Boston Celtics han derrotado por 90 a 95 a los Brooklyn Nets en un partido que ha durado 44 minutos en lugar de los 48 habituales, con cuatro cuartos de 11 minutos. Oficialmente, esta modificación experimental de la duración de un partido de baloncesto de la NBA (aunque sea de pretemporada) surge de una sugerencia de los entrenadores, preocupados por evitar lesiones a sus jugadores sobrecargados de minutos de juego en un plazo de tiempo relativamente breve.

Tal como explicó Rod Thorn, director deportivo de la NBA,  “en nuestra última reunión con los entrenadores debatimos sobre la duración de los partidos, y se nos sugirió que experimentásemos con un formato más breve. Después de consultar con nuestro comité de competición, accedimos a permitir que Nets y Celtics jugasen un partido de pretemporada de 44 minutos para obtener unos datos preliminares que nos ayuden a un análisis posterior de la duración de los partidos”.

El hecho de acortar un minuto cada uno de los cuartos (de los 12 habituales a 11) ha llevado a la NBA a reducir también el número mínimo de tiempos muertos. En cada uno de los cuatro períodos del partido se detiene el juego un mínimo obligatorio de dos veces, para poder colar la publicidad que ayuda a mantener este espectáculo. En los partidos oficiales, en el segundo y último cuarto el número mínimo de tiempos muertos es de 3, pero en esta ocasión se ha rebajado esta cifra a 2.

Con esta limitación simplemente se ha vuelto atrás en el tiempo. Tras el cierre patronal que dejó la liga regular de la temporada 1998-99 en 50 partidos, la NBA introdujo dos tiempos muertos extra para intentar recuperar parte de los ingresos publicitarios que había perdido con el lockout. Y en vista de su buen funcionamiento (económicamente hablando), los mantuvo en las siguientes temporadas. Y son estos dos tiempos extras los que suprimió en el duelo entre Nets y Celtics.

Si esta reducción del tiempo de juego se aplicase en la siguiente liga regular, estaríamos hablando de una reducción global de 328 minutos de juego por equipo, el equivalente a unos 7 partidos de los 82 que disputa cada una de las franquicias. Sin embargo, las macrocifras no siempre muestran la realidad. Porque no es lo mismo jugar 7 partidos menos en una temporada que 4 minutos menos en cada partido. Como bien ha señalado Erik Spoelstra, entrenador de los Miami Heat.

La polémica entre minutos y partidos

Spoelstra no cree “que sea una cuestión de cuanto duran los partidos. Para ser sincero, pienso que hay demasiados partidos.Se debería buscar una manera de reducir los partidos en noches consecutivas para que no haya más de 20 por temporada. Creo que este es el principal problema, y no reducir cuatro minutos de juego un partido en concreto. Pero estoy abierto a ver que sale de esto. Pienso que todo el mundo estará de acuerdo en que probablemente hay demasiados partidos en muy poco tiempo”.

Lebron James, que estuvo a sus órdenes cuatro temporadas, coincide con él. “No son los minutos, son los partidos. Los minutos no significan nada. Podemos jugar partidos de 50 minutos si es necesario. Se trata de los partidos. Los jugadores creemos que 82 son demasiados. Pero no se trata de los minutos. Una vez estás en la cancha, no importa si juegas 22 o 40.” La estrella de los Cavaliers es partidaria abrir negociaciones sobre este tema para explorar soluciones que protejan a los jugadores de futuras lesiones por sobrecarga de competición.

Dirk Nowitzki también secunda esta opinión: “no son necesarios 82 partidos para determinar los mejores 8 equipos de cada conferencia”. El alero de los Mavericks, partidario de una liga regular de alrededor de 65 partidos, es consciente no obstante que “se trata de dinero, y cada partido de menos significa que ambas partes pierden dinero, propietarios y liga, y jugadores. Por eso no creo que las cosas vayan a cambiar pronto”. El alemán señaló otro aspecto que se debería pulir, un exceso de tiempos muertos que ralentiza en exceso el juego y enfría a jugadores y público.

Aunque la reducción de partidos parece del todo razonable e irrefutable, choca de lleno con otra lógica: la empresarial. Los dueños de los equipos, como bien dice Nowitzki, miran por su margen de beneficios. La salud de los jugadores no es un factor en si mismo sino un elemento más de la contabilidad que debe ser cotejado con el resto de componentes del balance. Y me atrevería a añadir que, de entre todos estos componentes, no es uno de los que tenga más peso específico.

Precisamente el dueño de los Mavericks de Nowitzki, un Mark Cuban que acostumbra a hablar claro, se pronunció contra la opinión de su estrella con un razonamiento que mezclaba pasión y economía: “Nunca tengo suficiente NBA. Es el mejor entretenimiento del mundo. Así que cuanto más, mejor. A más partidos mayor riesgo. Pero jugamos en instalaciones y empleamos a un montón de gente que se beneficia de estos partidos”.

Michael Jordan, en su rol de propietario de los Charlotte Hornets, tampoco está de acuerdo en la reducción de partidos de la temporada. Y ha llegado hasta el meollo de la cuestión: “Si eso es lo que quieren, propietarios y jugadores podemos evaluarlo y discutirlo. Pero bajarán los beneficios de ambas partes. ¿Están preparados los jugadores a renunciar a una cantidad de dinero a cambio de jugar menos partidos? Esta es la cuestión, porque no puedes pretender cobrar lo mismo jugando menos encuentros”.

La verdadera razón del experimento

En realidad, si la NBA quiere acortar la duración real de sus partidos (que no de tiempo de juego necesariamente) es para acercarse a los estándares de programación televisivos. Como ya anticipábamos en los primeros días de Adam Silver como comisionado de la Liga, uno de sus objetivos podía ser que la duración de las transmisiones no superase las dos horas de duración, el tiempo estimado que los espectadores mantienen su atención ante el televisor antes de empezar a perder interés.

En este sentido, el experimento ha sido un éxito. El partido entre Nets y Celtics tuvo una duración de una hora y 58 minutos, por debajo de la media habitual de dos horas y quince minutos. El primer cuarto duró 19 minutos, 29 el segundo y 25 los dos restantes. Se podría argumentar que al ser un partido de pretemporada se señalaron menos faltas, pero eso no es cierto. Los Nets fueron castigados con 19, y los Celtics con 26. Ambos equipos acreditaron un promedio la pasada temporada de entre 21 y 22 personales por partido, y con 4 minutos más de juego. Por cierto, el descanso duró 14 minutos en lugar de los 15 marcados. Todo ayuda a reducir, por insignificante que sea.

Jugadores y entrenadores no han sentido en el juego el efecto de estos cuatro minutos de menos. Joe Johnson, jugador del equipo de Brookly, afirmaba no haber “notado ninguna diferencia en absoluto. Es lo mismo. Si estás en la pista la misma cantidad de minutos, da igual”. Su compañero Deron Williams opinaba que “es muy difícil darte cuenta del minuto de menos por cuarto, cuatro por partido, cuando estás en la pista y no piensas en ello”. Los dos entrenadores tampoco han apreciado cambios sustanciales que afecten a sus planteamientos.

Las palabras de Johnson nos acercan a otra de las consecuencias futuras si se implanta esta disminución de minutos. Una reducción exclusivamente del tiempo de juego no tiene porque traducirse en una reducción de los minutos que determinados jugadores permanecen en la pista. Probablemente, las estrellas seguirán disputando un número de minutos muy similar a lo largo de la temporada. Los grandes damnificados serán los miembros de las segundas unidades, que si verán mermada su presencia en el juego. Y por consiguiente, sus remuneraciones.

Más medidas para acortar los partidos

Reducir el tiempo de juego es una manera de conseguir bajar del límite de 2 horas de duración de la retransmisión, aunque a la vez provoca una reducción del espectáculo. Hay otras maneras de ayudar a lograr este objetivo sin privar a los espectadores de su dosis razonable de baloncesto. Por ejemplo, limitando el visionado de las repeticiones de televisión por parte de los árbitros para tomar una decisión en una jugada confusa.

 A excepción de los lances de final de período, en que no se ralentiza el transcurso del partido y por tanto se puede hacer “de oficio”, se podría adoptar un sistema similar al del “ojo de halcón” del tenis. Un número fijo (y no muy alto) de reclamaciones por equipo ante decisiones arbitrales. Si el reclamante tiene razón, las sigue manteniendo. Si el veredicto de los árbitros no le da la razón, el equipo que ha impugnado la decisión previa de los colegidos habrá consumido una de sus opciones. Si las consume todas, no puede solicitar más visionados de imágenes.

El periodista Chris Bernucca, en www.sheridanhoops.com, da otras opciones interesantes y útiles para ganar tiempo. Obviamente, empezar los partidos con puntualidad británica, a la hora marcada, ayudaría mucho. Una forma de lograrlo sería reduciendo por reglamento las presentaciones de los equipos, o que empezaran incluso antes que la misma retransmisión. Pero la puntualidad del salto inicial debería ser  innegociable. Y ya con el juego en marcha, procurar que los jugadores entren y salgan rápido de la pista al ser sustituidos, aplicar a rajatabla la regla de los 10 segundos de tiempo máximo para lanzar un tiro libre e impedir que un mismo equipo pida 2 tiempos muertos consecutivos.

También se podría hablar de una mayor reducción de los tiempos muertos a disposición de los entrenadores, pero este parece un tema tabú por el momento. Por la sencilla razón que es una buena fuente de ingresos para unas televisiones que acaban de firmar un nuevo contrato valorado en 24.000 millones de dólares. De alguna parte tendrán que sacar el dinero para pagar esa cifra, y cada segundo de publicidad vendida ayuda a ello.

Si la NBA de verdad se preocupa por la salud de sus jugadores, todo lo mencionado en este aparatado no son más que parches. La solución evidente parece reducir el número de partidos que componen la temporada, o alargar la duración de la misma para dar mayor tiempo de recuperación a los protagonistas del espectáculo entre enfrentamientos. Se debería evitar al máximo que los equipos jueguen dos o más noches consecutivas, aunque eso suponga alargar la duración de sus giras cuando juegan fuera de casa. Pero mucho me temo que en realidad no estamos hablando de la salud de los jugadores sino de la reformulación de un formato de televisión.


@danielalentomor

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