2015

11

Mayo

12:13

Dani Alento

El 'Hack-a-Shaq' amenaza el espectáculo en la NBA

La práctica de hacer faltas personales de forma descarada sobre el peor lanzador de tiros libres del equipo rival no tiene ningún castigo especial en la NBA. Ello ha dado pie a una táctica que ralentiza el juego. En la serie de play offs entre Clippers y Rockets hemos tenido el último ejemplo.

Los Angeles Clippers consiguieron el liderazgo definitivo en su serie de semifinales de la Conferencia Oeste frente a los Houston Rockets con la victoria en el cuarto partido que ponía la eliminatoria 3 a 1 a su favor. Un triunfo incontestable, 128 a 95, en el que además se rompió uno de los récords de la NBA.

El pívot de los Clippers DeAndre Jordan lanzó la friolera de 34 tiros libres, casi 5 veces más que lanzamientos de campo (7). De estos 34, 28 fueron en la primera parte, lo que supone un nuevo récord de la liga. El jugador que más tiros libres lanzó en un partido de play offs es Shaquille O’Neal (39) en las Finales del año 2000 entre Los Angeles Lakers y los Indiana Pacers. En liga regular el ahora jugador de los Rockets Dwight Howard, cuando militaba en los Orlando Magic, fue 39 veces a la línea de los 4,60 en enero de 2012 en un partido contra los Golden State Warriors.

No es que Jordan estuviera especialmente incisivo en ataque. No es que Jordan estuviera masacrando a sus contrincantes con su juego en la pintura. No es que Jordan estuviera forzando faltas a sus oponentes gracias a sus habilidades defensivas. Simplemente es que Jordan es un pésimo lanzador de tiros libres (no llega al 42% en el global de su carrera como profesional).

Lo que pasó en el cuarto partido de la serie de play offs entre los Clippers y los Rockets no es otra cosa que la táctica del “Hack-a-Shaq” llevada hasta sus últimas consecuencias. Hasta el esperpento, diría yo. Y abre el debate sobre si la NBA debería variar su reglamentación para penar las faltas no motivadas por el juego, sino hechas sólo para que el equipo contrario malgaste sus posesiones ofensivas.

Evidentemente no todos los jugadores tienen el mismo acierto desde la línea de tiros libres. Al fin y al cabo, cada uno de ellos tiene sus propias cualidades. Los entrenadores siempre han inculcado a sus jugadores que no conviene hacer falta sobre un rival con un alto porcentaje de acierto en esta disciplina. Que es mejor buscar a los menos dotados para esta suerte de juego, especialmente en los finales apretados de partido. De la misma manera, el entrenador atacante intenta que la pelota esté en las manos de sus mejores lanzadores.

En el baloncesto FIBA este tipo de faltas tácticas están penadas. Cuando se comete personal sobre un jugador sin balón y que no está incidiendo en el desarrollo del juego sea bloqueando o maniobrando para recibir o colocarse para el rebote, o cuando la infracción ocurre sin que la pelota esté en juego, se considera falta antideportiva. El jugador que la ha recibido va a la línea de tiros libres, pero su equipo retiene la posesión una vez éste ha lanzado. En la NBA esta acción se equipara a una falta normal.

La táctica para frenar a O'Neal

El “Hack-a-Shaq”, ideado por el entrenador de los Dallas Mavericks Don Nelson para aprovechar los malos porcentajes del jugador de los Chicago Bulls Dennis Rodman, se hizo popular como una estrategia para frenar el dominio avasallador de Shaquille O’Neal. Algunos de los grandes jugadores de la historia como Bob Cousy, Wilt Chamberlain, Bill Rusell o Kareem Abdul Jabbar han modificado la concepción del juego, y han provocado una variación del reglamento del baloncesto a fin de limitar su supremacía incontestable. El legado de O’Neal aún no se ha traducido en ninguna nueva regla, pero si en una táctica que pervierte el espíritu del reglamento.

El pivot de los Orlando Magic, Los Angeles Lakers, Miami Heat, Phoenix Suns, Cleveland Cavaliers y Boston Celtics fue un pésimo lanzador de tiros libres. En sus 20 temporadas de liga regular tiró 11.952 para anotar 5.935 (52,7%). Jugó 17 años los play offs. Lanzó 2.317 para convertir 1.168 (50,4%). O’Neal es el sexto máximo anotador en la historia de la NBA (este ranking sólo tiene en cuenta los puntos conseguidos en la liga regular) con 28.596 puntos. Tras su retirada, el gigante se lamentó porque de haber trabajado más esta parte del juego podría haber superado a Chamberlain (31.419) y Michael Jordan (32.292) en esta lista. Pero Shaq dedicaba los veranos a hacer otras cosas.

Después de Shaquille O’Neal, el siguiente en sufrir de forma habitual los rigores de esta persecución por parte de sus rivales fue Dwight Howard. El ahora pívot de los Rockets acredita un 57,3% de acierto en los tiros libres durante la liga regular y un 56,4% durante los play offs. Precisamente la decisión del entrenador del equipo de Houston Kevin McHale de empezar a hacer faltas sobre DeAndre Jordan nace a causa de los problemas de faltas de su jugador interior.

“Superman” Howard se había cargado rápidamente de faltas en este partido ante los Clippers. En 3 minutos y 41 segundos de partido al pívot le habían señalado 2 personales y una técnica. Apenas un segundo más tarde Jordan recibió la primera falta de Josh Smith. A falta de 5:20 para el final del primer cuarto entró en pista Clint Capela. Un minuto y 48 segundos más tarde el suizo se fue al banquillo con cuatro personales, todas cometidas sobre el pívot de los Clippers.

En el segundo cuarto el numerito se repitió con el exblaugrana Kostas Papanikolaou como protagonista. El griego cometió 3 faltas sobre Jordan en tan sólo 37 segundos. Kevin McHale,  antigua estrella de los Boston Celtics de los 80 echó mano de este recurso al verse obligado a sentar a Howard. Con un equipo pequeño en pista, intentó sacar de ritmo a sus rivales y hacerles malgastar sus ataques forzando a tirar a su peor tirador. La estrategia, sin embargo, no le dio los resultados que esperaba.

DeAndre Jordan (26 puntos, 17 rebotes) sólo anotó 14 de sus 34 tiros libres, pero a cambio su compañero Chris Paul (15 puntos, 12 asistencias) no se desgastó tanto. El base de los Clippers anda renqueante de una lesión muscular, y los continuos parones le dieron el respiro que necesitaba para aguantar más minutos en pista. Además, con tanto tiro libre el equipo de Los Angeles pudo asentar su defensa en casi cada ataque rival, quedándose los Rockets sin opciones de anotar en transición.

Los jugadores y la liga, en contra

La táctica no gustó especialmente a los jugadores. Además de la víctima, cuya cara reflejaba lo que sentía mientras lanzaba, su compañero Blake Griffin afirmó que “ralentiza demasiado el juego. Es una locura que alguien lance 28 tiros libres en una mitad”. McHale ni siquiera tuvo la aprobación de su estrella, James Harden. El jugador franquicia de los Houston Rockets manifestó que “personalmente, no me gusta, pero cada entrenador tiene su filosofía”.

Está por ver cómo reacciona la NBA. El partido entre los dos equipos duró cerca de 3 horas. Para los aficionados locales en el pabellón, la distancia en el marcador entre ambos conjuntos convirtió la noche en una agonía interminable. Para los que estaban en su casa viéndolo por televisión, fue un auténtico tostón. Cuando la Liga profesional tiene como objetivo para las próximas temporadas reducir la duración de sus partidos a unas 2 horas, la franja que los programadores televisivos consideran óptima, espectáculos como éste suponen un paso atrás.

El comisionado de la NBA Adam Silver ya anunció en abril que espera que se va a abrir un período de discusiones para crear reglas que penalicen esta práctica. Silver afirmó que “cuando veo alguno de estos partidos en televisión, francamente no creo que sean un gran espectáculo para nuestros aficionados, y eso es lo importante”. El máximo responsable de este negocio habló de un calendario de trabajo que empezaba este mes de mayo en una reunión de los directivos responsables de los equipos, seguía con una reunión del comité de competición en junio y se acababa con la reunión de los propietarios de las franquicias en julio.

La primera de las tres reuniones fue un fracaso en toda regla para las tesis de la NBA. La mayoria de los 30 general mánager se mostró contrario a una variación del reglamento para penalizar las faltas intencionadas. Un informe presentado por la Liga demostró que este problema se concentra en unos pocos jugadores. De hecho, el 76% de las cometidas esta temporada recayeron sobre cinco jugadores: De Andre Jordan de Los Angeles Clippers, Dwight Howard, Josh Smith y Joey Dorsey de los Houston Rockets y Andre Drummond de los Detroit Pistons. Por tanto, hay 3 ejecutivos preocupados por el tema, y otros 27 intentando sacar provecho por él.

Silver tampoco contará con el apoyo de los entrenadores de jóvenes en esta labor. El comisionado ha reconocido haber recibido mensajes de estos técnicos contrarios a la abolición de esta práctica. Según ellos, su existencia funciona como incentivo para que sus jugadores entrenen y mejoren en los tiros libres. Yo no soy entrenador, sino espectador. Así que el comisionado puede contar con mi respaldo, aunque no sé si le será de mucha ayuda. Un día de estos le enviaré un mail para decírselo.


@danielalentomor

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