2014

16

Enero

21:33

Dani Alento

Ricky “Chocolate Blanco” Rubio

Ricky Rubio aterrizó en la NBA como una gran estrella, la reencarnación del legendario Pete Maravich. Pero, ya en su tercera temporada, no está cumpliendo con estas expectativas, y corre el peligro de convertirse en un nuevo Jason Williams. De ahí el provocador título de este artículo.

La llegada de Ricky Rubio a la NBA se hizo esperar. El base fue elegido en el número 5 del draft del 2009 por los Timberwolves. El equipo de Minnesota, consciente de los problemas contractuales del base del Masnou para dar el salto a la liga profesional con su club de entonces, el Joventut de Badalona, eligió justo por detrás suyo en la noche de los novatos a otro base, Jonny Flynn. El ex de Syracuse no cuajó en la NBA. No es fácil ser “la otra”.

Durante las dos temporadas de Rubio en el F.C. Barcelona, que pagó a la Penya el traspaso más elevado de la historia de la ACB, esta historia de amor a distancia se alimentó a través de viajes de ejecutivos norteamericanos a la ciudad condal y mensajes de twitter, especialmente de Kevin Love, la gran estrella del equipo norteamericano. Hasta que finalmente el base llegó al plazo estipulado del contrato en que su clausula de rescisión era asumible y pudo cruzar el Atlántico.

A su llegada fue recibido por la afición como un adolescente corriendo hacia su primer amor, con la música de violines sonando más dulce que nunca. Su estilo de juego, desenfadado, fresco, innovador, con asistencias espectaculares, llevó a que comparasen al joven catalán con un mito de la NBA, otro virtuoso del juego, Pete “Pistol” Maravich

La convivencia es el mejor antídoto para el amor. El roce a veces hace el cariño, y otras deja en evidencia los defectos de la pareja, erosionando el pedestal en que hemos puesto a la persona amada. Y el pedestal sobre el que se alzaba Ricky tenía una base muy poco solida. Porque Maravich era un jugador vistoso y espectacular, con un gran dominio del balón y una visión excepcional para las asistencias, como el protagonista de nuestro artículo. Pero además era un gran anotador. Lo que precisamente no es Ricky.

Los problemas de tiro

Entre las muchas virtudes que tiene la perla de la cantera de la Penya no figura el lanzamiento a canasta. Sus porcentajes cara a canasta nunca han sido brillantes. Durante su última temporada en Badalona y su primera en Barcelona logró subir su acierto desde la línea de tres puntos hasta el 40%, un buen registro. Hasta que aumentaron la distancia de 6,25 a 6,75. Para un tirador eso no supone más que un pequeño proceso de adaptación. Para Ricky fue un obstáculo insalvable.

En la NBA, con la línea de triples aún más lejana, Ricky no ha alcanzado todavía una media de efectividad asumible para un base. 36,3%  en tiros de 2 y 34,3% en su temporada rookie,  37,4% en los lanzamientos desde dentro de la línea y 29,3% en los de fuera después de su retorno tras la grave lesión de rodilla. Este verano pasado Rubio trabajó el lanzamiento por su cuenta. Durante el Europeo con España mostró una suspensión a media distancia tras bote muy interesante. Pero ha sido volver a la NBA y esfumarse esta mejoría.

El base de los Timberwolves está anotando en su tercer curso en el equipo 8,7 puntos en 8,2 intentos por partido de media, con un 34,3% de efectividad en los lanzamientos dobles y un 35,9% en los triples. Estancamiento desde fuera de la línea, y clara regresión dentro de ella. Con las nuevas herramientas estadísticas que nba.com ha puesto a disposición de los aficionados, podemos estudiar con más detalle estas cifras.

Lo primero que llama la atención es que Ricky se colapsa lanzando desde el lado izquierdo del ataque. Algo que seguro que saben todos sus defensores. Cuando se trata de lanzamientos cercanos tras conducción de pelota, su nivel de acierto es del 37,9%. En acciones de recibir y tirar, su fiabilidad es del 32’8%  en los tiros de dos puntos y 39,2% en los de tres (por fin una cifra aceptable). Cuando intenta anotar tras bote, precisamente el tipo de movimiento que parecía haber mejorado, sus cifras bajan: un 30,4% global, lastrado por su 23,1% en los intentos de 3 puntos.

Las críticas en la prensa

El primer “palo” a Ricky se lo dio uno de los blogs oficiales de la propia NBA, coincidiendo con el inicio del 2014. En el texto, además de citar el bajón en sus porcentajes cara a canasta, se recogía también la disminución en su número de lanzamientos por partido. Algo tal vez lógico en una plantilla a la que además de un recuperado Kevin Love (18,3 tiros por noche con 3 rebotes en ataque) se ha sumado el fichado Kevin Martin (15 intentos de media).

El hercúleo Pekovic también mira bastante a canasta (13,75 lanzamientos), pero vive de los balones interiores que le hacen llegar sus compañeros y los 4,3 rebotes ofensivos de media que captura. En su caso, es el eslabón final de la circulación de pelota.  Entre estos tres jugadores suman algo más de la mitad de los intentos de anotar por partido del equipo (89). Pero el bloguero de la NBA llegaba a la conclusión de que a Ricky se le había encogido el brazo por falta de confianza. Su receta: tirar más y mejor. Y podría mirar más a canasta, teniendo en cuenta que la pelota pasa por sus manos 86 veces por partido, 69,8 de ellas en pista contraria.

El segundo toque de atención vino pocos días después. El principal diario de Minneapolis, el Star Tribune, acusaba directamente a Rubio de estar matando al equipo con su inoperancia en el tiro. A causa de ella, los rivales le flotan (tal como ya hizo el Panathinaikos en los cuartos de final de la Euroliga del 2011) y no se aprovecha el bloqueo y continuación, la jugada clave en la NBA actual. El articulista llega a incluir al base del Masnou en la lista de fiascos de los Timberwolves en el draft. Y hay unos cuantos.

Jason "Chocolate Blanco" Williams

Es en este punto cuando aparece la sombra de “Chocolate Blanco”, el sobrenombre con el que el desaparecido Andrés Montes hizo popular al base Jason Williams. Si se esperaba que en su mejor nivel Ricky Rubio llegase a ser una versión actualizada de Pete Maravich, en su estado actual va camino de convertirse en una reedición de este jugador actualmente sin equipo tras anunciar dos veces su retirada (tranquilos, a Rubio no se le relaciona con el mundo de la droga como si pasó con Williams).

“Chocolate Blanco” Williams entró en la liga como una tormenta de verano, arrollando con sus increíbles asistencias. El director de juego de los Sacramento Kings era el jugador de moda en la NBA, dando pases que nunca antes nadie había dado (como la asistencia de codo por la espalda en el All Star del 2000). Pero no era efectivo, y no hacia mejorar de forma significativa a los Kings.

El año 2001 Williams fue traspasado a los Vancouver Grizzlies a cambio de Mike Bibby, un base no tan espectacular pero mucho más efectivo. Con él se cierra el quinteto que maravilló durante los primeros años del siglo XXI: Bibby, Dough Christie, Pedja Stojakovic, Vlado Divac y Chris Webber. Un cinco que se postuló como aspirante a ganar un anillo de la NBA. No lo consiguió, pero dejó un legado imborrable en forma de buen juego.

Williams si que ganó un anillo de la NBA. Fue el año 2006, con los Miami Heat de Lebron James y Dwayne Wade. Pero no como estrella principal sino como actor secundario, saliendo del banquillo como segundo base. Con una aportación más discreta. Y con un estilo de juego alejado del que le había hecho popular.

Ricky Rubio está en la encrucijada. Ser Ricky “Pistol”, elevando su juego anotador para ponerse a la altura de Maravich, o quedar como “Chocolate Blanco” Rubio, resignándose a ser un generador de highlights sin mayor trascendencia como Williams. Eso si, increíblemente espectaculares.


@danielalentomor

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