2013

15

Octubre

10:08

Dani Alento

NCAA: El debate sobre el sueldo de los deportistas

La discusión acerca de si los deportistas universitarios deben cobrar o no, lejos de apagarse, ha ganado en intensidad. Así que volvemos sobre el que puede ser uno de los temas centrales de la temporada que en breve comienza.

El pasado 19 de septiembre os hablaba del debate que una temporada más tenía lugar acerca de si los deportistas universitarios debían cobrar o no por jugar. Pero a diferencia de otros años, el debate ha ido a más con nuevas aportaciones a favor y en contra. Por lo que parece, esta vez la cosa si va en serio, y podríamos asistir a algunos cambios de importancia.

El entrenador de Duke, Mike Krzyzewski, pidió una nueva definición del amateurismo, después de reunirse con el presidente de la NCAA, Mark Emmert, y se mostró optimista ante los cambios que se avecinan en el deporte universitario de los Estados Unidos. En el bando opuesto, el entrenador de Syracuse Jim Boeheim se mostró contrario a cambiar nada en este sentido. “Es la sugerencia más estúpida hecha nunca”. Una opinión compartida por los directores atléticos de las 351 universidades de la Division I.

El venerable entrenador respondía a las quejas de Chris Webber. El exjugador NBA se lamentaba de que la Universidad de Michigan aún vendiera su camiseta por 75 dólares sin darle una parte a él. Para Boeheim, Webber ya obtuvo suficiente recompensa con una educación gratuita. Y gracias a su paso por Michigan pudo labrarse una carrera en la NBA. El técnico recordó que existe un sistema de ayudas para los jugadores que tengan problemas económicos durante su estancia en el campus.

Unas ayudas a las que se acogió en su día Jalen Rose, compañero de Webber en Michigan. Rose propone un sueldo semestral de 2500 dólares para los deportistas de la NCAA. Sobre la idea de que la beca ya es suficiente pago, el ahora analista de la ESPN dijo que “te la has ganado, y te están pagando. No es un regalo. Si estuvieras jugando en cualquier otro lugar, no podrían tenerte becado. Así que te has ganado lo que tienes”.

 

La lucha llega a los tribunales

La NCAA tiene un frente abierto en los juzgados, tras la demanda de un grupo de exjugadores encabezados por Charles O’Bannon. Reclaman su parte de los ingresos conseguidos gracias a los videojuegos y objetos promocionales (camisetas, gorras, etc..), obtenidos incluso después de su salida del baloncesto universitario. En el caso del futbol americano, la empresa de videojuegos EA (Electronic Arts) ya perdió una demanda.

En el pleito de O’Bannon, EA y la licenciataria del merchandising, CLC (Collegiate Licensing Company) ya han llegado a un acuerdo con los abogados del exjugador de UCLA, dejando sola ante el peligro a una NCAA que ha manifestado públicamente que piensa llegar hasta el Tribunal Supremo si es necesario. Porque lo que ahora está en el punto de mira son los multimillonarios ingresos por televisión, que suponen el 80% de lo que recauda el deporte universitario.

Esta demanda ya provocó que la temporada pasada se dejaran de vender las camisetas de Louisville en apoyo de Kevin Ware tras fracturarse la pierna derecha en cuartos de final del March Madness. Los Cardinals habían renunciado a los derechos económicos sobre ella para que nadie pudiera decir que se lucraban con la desgracia ajena. Adidas, la fabricante, se comprometía a hacer donaciones al fondo de becas, con lo que la universidad obtenía de todas formas sus ingresos.

Todo ello sin el permiso explícito de Ware, motivo por el que tuvieron que ser retiradas de la venta. Porque si el jugador lesionado no daba su consentimiento, tanto la marca deportiva como la universidad podrían ser denunciadas por uso indebido de su nombre. Y si éste consentía, según la estricta normativa NCAA se arriesgaba a no volver a jugar nunca más un partido de la liga universitaria.

 

La pugna con la NBA

Después de dos artículos sobre el tema, supongo que debería tomar partido. Pero se me hace muy difícil. Mi alma de purista se muestra contraria a establecer un salario para los deportistas amateurs. Pero mi mente lógica se exclama ante la hipocresía que rodea el deporte universitario. Así que expondré algunos de los principales argumentos y sus contradicciones.

Pagar un sueldo a los jugadores ataca de raíz los principios fundacionales de las ligas universitarias, competiciones en la que se miden estudiantes que representan a sus centros. Unos principios, por cierto, bastante elitistas. En un tiempo en que el acceso a la Universidad era algo limitado a determinadas clases sociales, sus miembros querían competir sin tener que mezclarse con las clases menos privilegiadas.

El deporte es una actividad extra, que complementa la vida del campus y crea sentimiento de comunidad. A la mayoría de estos deportistas ya se les recompensa por su esfuerzo con una beca. Remunerar a los deportistas los convertiría en asalariados y no en estudiantes, y rompería con las diferencias entre las competiciones NCAA y las ligas profesionales. De cantera de jugadores pasarían a ser competencia directa. ¿Cuánto tiempo resistirían el pulso?

David Stern, comisionado de la NBA, ya marcó el terreno. “Estoy muy orgulloso de nuestra liga de desarrollo (…). Oigo rumores de que a las universidades no les gusta lo que llaman como one-and-done. En la NBADL aceptamos jugadores de 18 años y les educamos mejor que en los programas universitarios en los que están”.

Aunque defendía la prohibición de jugar en la NBA a los menores de 19 años, Stern marcaba una línea roja. No sabemos en qué basaba sus palabras, porque hasta ahora todas las comparaciones entre la NCAA y la Liga de Desarrollo son contrarias a la liga filial de la NBA. Pero el comisionado lo dejó caer, por si acaso.

 

Una mano de obra muy barata

Pero el problema nace en la misma NCAA, que ha desvirtuado su propia competición convirtiéndola en un negocio en el que la mano de obra principal sale prácticamente gratis y sigue generando ingresos incluso después de haber abandonado la universidad.

Boeheim se muestra contrario a que los jugadores cobren. Y me parece razonable.  Pero sabiendo que el año 2012 el entrenador de Syracuse ingresó 1.800.000 dólares (y no es el que más cobra) me parece muy arriesgado por su parte negarle el pan y la sal a nadie. En un principio los entrenadores eran un profesor más. Ahora son profesionales cualificados,  y nadie se queja por ello.

Otro argumento contrario a que los jugadores cobren es que a cambio de su esfuerzo reciben una educación a la que de otra forma no tendrían acceso. Y que si no les parece bien, siempre pueden hacerse profesionales. El problema es que, en el caso del baloncesto, no pueden. Tienen vetada la entrada en la liga que mejor paga.

Como hemos dicho antes, la NBA no admite jugadores menores de 19 años, y si provienen de Estados Unidos además es obligatorio que hayan dejado el instituto como mínimo un curso antes de ingresar en la liga. Podrían irse a jugar a ligas menores o al extranjero, en clubs que no les van a pagar demasiado por su juventud y problemas de adaptación.

 

¿A quien le importa la educación?

La hipocresía alcanza su máximo refinamiento con las estrellas de instituto, que saben perfectamente que al año siguiente serán primera ronda de draft de la NBA. Y la universidad le ofrece una beca para un título universitario.  Ambas partes saben que esta educación será desaprovechada. Porque el jugador dará el salto a profesionales al finalizar su primer curso.

A nadie le importa demasiado el aprovechamiento escolar. El chico necesita un sitio donde pasar un año, poder entrenarse para jugar en la NBA y un buen escaparate para que las franquicias de la Liga puedan verle. Y la Universidad tiene su estrella que le reportará ingresos por entradas y camisetas, le garantizará una buena audiencia televisiva, y, con suerte, les llevará a ganar un campeonato.

Existe una normativa que penaliza a los equipos en función del comportamiento escolar de sus jugadores, el APR (Academic Progress Rate). Penaliza a las universidades cuyos deportistas no aprueban o se marchan antes de graduarse. La temporada pasada Connecticut, el entonces campeón del March Madness, quedó excluido del gran torneo nacional. Pero por el momento no ha conseguido los resultados esperados, y la normativa está siendo endurecida.

La convención anual de la NCAA será en enero. La dirección del organismo universitario espera poder aprobar alguna de las propuestas que salgan de ella en su reunión de abril, y organizar un encuentro con representantes de todos los centros universitarios en verano. La duda está entre intentar mantener las apariencias y hacer retoques estéticos, o admitir que la evolución de las competiciones universitarias exigen un cambio radical de modelo. ¿Se atreverán?


@danielalentomor

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