2013

2

Octubre

12:08

Dani Alento

NCAA: El curso de Andrew Wiggins

Desde Lebron James, ningún jugador de instituto había recibido tanta atención como el canadiense Andrew Wiggins. Ninguno había despertado tantas expectativas. Y ninguno ha corrido tanto peligro como él de defraudar. Memorizad su nombre, porque lo vais a oir mucho.

La temporada 2013-14 del baloncesto universitario podrá ser recordada por muchas cosas. Por haber aglutinado una hornada de jóvenes talentos increíble. Por los cambios de conferencia de algunas universidades, con los primeros pasos para convertir la Atlantic Coast en una superconferencia. Pero sobretodo por ser el año que Andrew Wiggins pasó en la NCAA.

Andrew Wiggins ya ha sido bautizado –seguramente de forma prematura-  como el nuevo Lebron James. Igual que la estrella de los Miami Heat, ha dominado el baloncesto de high school gracias a un físico mucho más desarrollado que el de sus rivales de categoría, y que le ha permitido sacar el máximo provecho posible a su coordinación y habilidades técnicas (que nadie lo dude, las tiene, y muchas).

Su proceso de selección de universidad fue muy seguido. Muchos aficionados esperaron en vilo para saber cual sería su equipo en su seguramente única temporada NCAA antes de ser elegido con el número 1 del draft de la NBA del 2014 (siempre y cuando no se lesione, no se busque problemas extradeportivos y haga una temporada mínimamente decente). Y el chico prodigio eligió Kansas, para alegría de sus seguidores y decepción del resto de aspirantes.

Wiggins, un alero polivalente de 2 metros de altura, nació el 28 de febrero de 1995 en Ontario (Canadá) fruto de una acertada combinación genética. Su padre, Mitchell Wiggins, jugó 6 temporadas en la NBA (hubieran sido más de no haber pasado dos años suspendido por consumir cocaina). Su madre, Marita Payne-Wiggins, es una atleta canadiense que ganó dos medallas de plata en los Juegos Olímpicos de Los Angeles, en 1984 (en los relevos del 4x100 y 4x400 metros). El joven talento tiene dos hermanos mayores jugando en la NCAA, pero no están a su nivel.

 

 

Una promoción de novatos excepcional

Wiggins no será el único gran talento que debutará este año como universitario, sino el abanderado de una promoción de jugadores “freshman” de gran talento. Disputándole los honores de primero de la clase encontramos a su némesis, Julius Randle. El  ala pívot zurdo de la Universidad de Kentucky mide 2,05 y sabe jugar tanto de cara como de espaldas a canasta. Randle será el líder de un equipo tan joven como él.

La universidad que entrena John Calipari, además de a Randle, ha reclutado a los gemelos Harrison. Andrew es un base de 1’95 con gran capacidad para elevar el juego de sus compañeros, mientras que su hermano Aaron se decanta por la posición de escolta. Junto con el alero zurdo James Young, considerado el mejor anotador puro de la clase, y el pívot Dakari Johnson podrían configurar un cinco inicial novato de mucho nivel. El ala pívot Marcus Lee relevará a Randle cuando vaya al banquillo.

Claro que Wiggins tampoco estará solo. A la plantilla que dirige Bill Self también se han incorporado el pívot Joel Embiid y el escolta Wayne Selden. Embiid es un joven camerunés de 2,13 que sólo juega a baloncesto desde hace 2 temporadas, pero con movimientos muy coordinados y un amplísimo margen de mejora.

Duke no podía quedarse con las manos vacías. Ha conseguido al alero Jabari Parker, un talento natural y otro de los que intentarán disputar el liderazgo de Wiggins. Noah Vonleh, un versatil alero capaz de jugar tanto al poste como de cara, vestirá la camiseta de Indiana. Y Arizona disfrutará con Aaron Gordon y su gran habilidad para jugar por encima del aro (ya le comparan con Blake Griffin).

 

 

Veteranos con mucha clase

Pero esta avalancha de jóvenes con ganas de comerse el mundo se encontrará con algunos veteranos poco dispuestos a dejarse pisar. Jugadores como Adreian Payne, Keith Appling y Gary Harris (Michigan State), Russ Smith y el MVP de la última Final Four Luke Hancock (Louisville), Shabazz Napier (Connecticut), Semaj Christon (Xavier), C.J. Fair y Jerami Grant (Syracuse), Alex Kirk (New Mexico), Perry Ellis (Kansas), LaQuinton Ross y Aaron Craft (Ohio State), y Kyle Anderson (UCLA).

Michigan consiguió retener una temporada más a los sophomores (jugadores de segundo año) Glenn Robinson III y Mitch McGary. Robinson es hijo del número 1 del draft de 1994, Glenn “Big Dog” Robinson. La temporada pasada cedió el protagonismo a los ahora NBA Trey Burke y Tim Hardaway Jr. Pero este año debe ser el líder. El interior McGary tiene que confirmar que su explosión de juego durante el torneo NCAA de marzo no fue un espejismo.

Willie Cauley-Stein tendrá una temporada difícil. El pívot de Kentucky deberá sudar sangre para ganarse cada uno de sus minutos en pista ante la hornada de talento joven que ha reclutado su equipo. Este 2,13 con capacidad para jugar tanto de 4 como de 5 tiene talento y capacidad para ponérselo difícil a los recien llegados, a diferencia de su excompañero Kyle Wiltjer, que se ha marchado a Gonzaga.

James McAdoo no se vió favorecido el año pasado por el sistema de juego de North Carolina, un small ball con cuatro “bajitos” y este espigado alero haciendo de pívot. Esperemos que ahora como  júnior (jugador de tercer año) pueda jugar donde le toca. Doug McDermott intentará mantener su cartel de gran anotador. El alero sénior (de cuarto año, y último en la NCAA) de Creighton promedió la temporada pasada 22,9 puntos por partido con unos buenos porcentajes de acierto.

El más destacado de todos ellos, el líder de los veteranos, es Marcus Smart, un base con un físico tremendo y una capacidad atlética increíble. El sophomore de Oklahoma State tenía prácticamente garantizado ser uno de los cinco primeros elegidos del último draft, pero de forma sorprendente decidió seguir un curso más en la NCAA. Tiene ante si un inmenso reto: demostrar que vale la pena para los jugadores con más talento pasar más de una temporada en la Universidad.

 

 

Movimientos de conferencia

De la multitud de movimientos de universidades de esta temporada, nos centraremos en los ocurridos en torno a dos conferencias, la Big East y la ACC. Adios a la vieja y venerable Big East tal como lo conocíamos. Hola a la nueva Big East. Tal como explicamos en un artículo anterior, las siete universidades católicas de esta conferencia, y en las que el baloncesto es el deporte principal, dijeron adios a sus viejas rivales en las que el deporte básico era el futbol americano.

Providence, Georgetown, Saint John’s, Villanova, Marquette, Seton Hall y De Paul se marcharon en busca de un lucrativo contrato de televisión que ya han conseguido. A ellas se les han unido Butler  y Xavier (Atlantic 10), y Creighton (Missouri Valley). Se han quedado con el antiguo nombre de la conferencia, y con el Madison Square Garden para celebrar su torneo.

A los restos de la antigua Big East, que renunciaron al nombre a cambio de quedarse con casi toda la caja común de la conferencia (100 millones de dólares), se les han añadido otras universidades prófugas para crear una nueva conferencia. Connecticut, Temple, Rutgers, Louisville, Memphis, Central Florida, South Florida, Houston, SMU (Southern Methodist University) y Cincinnati componen una American Athletic Conference centrada en el futbol americano.

Sin embargo, dos de estos equipos ya tienen fecha de salida. Al final de la próxima temporada, Rutger emigrará a la Big 10 mientras que Louisville, en un movimiento de gran capacidad sísmica, ingresará en las filas de la poderosa Atlantic Coast Conference. Una ACC que esta misma temporada ya verá subir su nivel con las llegadas de Notre Dame, Pittsburgh y Syracuse.

Si unimos estos equipos a los ya presentes en la ACC como Miami, Duke, North Carolina, North Carolina State, Maryland, Wake Forest, Georgia Tech, Clemson, Virginia, Virginia Tech, Boston College y Florida State prácticamente tenemos un “March Madness” en miniatura. ¿Cuanto vale el contrato televisivo de este torneo de conferencia?

Cambios de reglas

Durante la próxima temporada, el defensor no podrá interponerse en el camino del atacante una vez éste haya empezado a levantar la pelota para lanzar o pasar. Si su posición no era correcta antes de este momento, la jugada se considerará como falta defensiva. Esta regla corrige la anterior, que marcaba el punto límite para el jugador defensivo en el momento en que su oponente saltaba. La NCAA pretende ampliar el margen de los árbitros para dilucidar si la falta es ofensiva o defensiva.

Otra de las razones de la medida es permitir más libertad ofensiva y mejorar el equilibrio entre ataque y defensa. El pasado curso, la media anotadora de la I División fue de 67,5 puntos por equipo, la menor desde la temporada 1981-82. La anotación ha ido bajando en cada una de las últimas cuatro temporadas. Para cambiar esta tendencia, se insiste a los árbitros que castiguen más el uso de manos y antebrazos en defensa. Además, se amplia el uso del monitor de televisión para ayudar a los colegiados en su tarea.


@danielalentomor

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