2014

10

Junio

12:26

Dani Alento

Lebron James y la guerra de los refrescos

Los Miami Heat han conseguido volver de San Antonio con un empate a 1 en las Finales de la NBA y el factor campo a su favor. Lebron James, clave en este resultado, fue protagonista de forma involuntaria de un choque entre los dos gigantes de los refrescos, Coca Cola y PepsiCo.

Las Finales de la NBA de este año están dejando un buen número de imágenes que pasarán a la posteridad. Si en las semifinales del Este el soplido de Lance Stephenson a la oreja de Lebron James dio la vuelta al mundo, en el primer partido de la Final entre los Spurs y los Heat el rey de la NBA volvió a ser protagonista.

Durante el enfrentamiento inaugural de las Finales de la NBA entre San Antonio Spurs y Miami Heat el aire acondicionado no funcionó en el AT&T Center de San Antonio, Tejas. Al considerable esfuerzo físico de un partido de estas características vino a sumarse una altísima temperatura sobre la pista. La estrella de Miami fue el jugador que más acusó esta averia. Tras pedir dos tiempos muertos para poder respirar un poco (uno en el tercer cuarto y otro en el cuarto), abandonó el juego de forma definitiva a 4 minutos del final con rampas en las dos piernas.

La deshidratación que sufrió Lebron James durante esta primera cita de la finales desencadenó una batalla en las redes sociales dentro de la eterna guerra comercial entre Coca Cola y Pepsi Cola.  Los Heat encajaron un parcial de 16 a 3 con su líder en el banquillo. Y sus aficionados echaron la culpa de la derrota final por 110 a 95 a Gatorade, bebida isotónica oficial de la NBA desde 1984. Los mensajes empezaron a acumularse en twitter, hasta que la marca propiedad del grupo PepsiCo contraatacó con una argumentación de peso. Recordó a los enfadados seguidores de Miami que Lebron James tiene firmado un contrato con su competencia, Powerade (propiedad de Coca Cola).

El partido fue el más comentado de la temporada en twitter, con 3,2 millones de mensajes. Gran parte de ellos tuvieron que ver con las rampas de Lebron. Aprovechando la ocasión, desde la cuenta de Gatorade se publicaron tuits sacando pecho, con una cierta ironia, sobre las virtudes de su producto respecto al de su rival. Mensajes como “la persona con calambres no era cliente nuestro, nuestros atletas resisten el calor” o “le estábamos esperando en la banda, pero él prefiere beber otra cosa”. Mientras tanto, la cuenta de la competencia permanecía en silencio ante la tormenta que se le venía encima.

 

 

 

Finalmente Gatorade se disculpó y borró de su timeline los mensajes de la discordia. Queda la duda de si lo hizo como ejemplo de buena praxis o para evitar que la situación se volviese en su contra. Porque Lebron James se hidrató durante el partido, sin dejar de beber en el banquillo. Y lo más curioso es que no consumía Powerade, sino la otra. Eso si, antes le había arrancado las etiquetas a los envases para no hacer publicidad del rival de su patrocinador (según informa ESPN).

Para colmo de coincidencias, la estrella de la NBA que ejerce de principal promocionador (previo pago, claro) del refresco istónico de PepsiCo, además de Paul George de los Pacers, es Dwayne Wade, compañero de Lebron en los Heat. La batalla entre sus respectivas marcas no se ha trasladado a la relación entre los dos jugadores, en una guerra que Gatorade empieza a perder. Tras dominar el mercado durante decadas, con una cuota cercana al 80%, el producto de Coca Cola empieza a comerle terreno. El año pasado la presencia de Powerade rebajó la cuota de mercado de Gatorade hasta el 69,5%.

Para cerrar el episodio de las rampas Lebron James volvió a la carga en el siguiente partido, picado por las críticas injustas que le acusaban de “blandengue”. Se fue hasta los 35 puntos y los 10 rebotes. Y lo más importante, además de que el aire acondicionado funcionase correctamente, es que los Heat se llevaron el triunfo del AT&T Center por 96 a 98 robándole la ventaja de campo a los Spurs. En estos dos primeros partidos de la final las estadísticas indican que el equipo de Florida aventaja en 11 puntos al de San Antonio mientras James está en pista, y cede de 24 cuando su estrella se sienta.

Más allá de la anécdota de los calambres y este pequeño altercado entre dos gigantes comerciales, el episodio demuestra la importancia de Lebron James en los esquemas de su equipo. Su ausencia del juego durante la mayor parte del último cuarto del primer encuentro desequilibró (y de que manera) un partido hasta entonces igualado. El peso de Lebron en los Heat va más allá del que por lógica debe tener el mejor jugador del mundo respecto a sus compañeros, y no se refiere solamente a su anotación.

Porque Erik Spoelstra, entrenador del equipo de Florida, ha diseñado un sistema de juego ofensivo que se sustenta principalmente por la presencia de su estrella en pista. Es algo más complejo que el habitual “pelotas a la figura y el resto a bloquearle para que tire cómodo y atentos al rebote para dársela otra vez”. Es una concepción casi filosófica del juego del baloncesto que propone una deconstrucción de los principios básicos que han marcado este deporte durante décadas.

Los conceptos al uso indican que el base principalmente dirige y ordena, los tiradores anotan desde fuera y los pívots hacen valer sus kilos y sus centímetros en la pintura. Un concepto ortodoxo de baloncesto como el que practican los Spurs. Se ha ido matizando a lo largo de la historia de nuestro deporte con la presencia de los bases “jugones”, los cuatros abiertos y los treses reboteadores, pero sin romper definitivamente con esta disposición de juego.

Los antecedentes del Small Ball

Don Nelson, entrenador de los Golden State Warriors entre 1988 y 1995, dio un aviso de lo que podía deparar el futuro. El técnico unió en pista un trío de bajitos compuesto por el base Tim Hardaway, el escolta Mitch Ritchmond y el alero Chris Mullin (“Run TMC”), a los que llegaba a sumar incluso al escolta lituano Sarunas Marciulionis. ¿Y de pivot puro? Pues ni tenía ni quería tenerlo más allá de las aportaciones puntuales del simpático Manute Bol (2,31), taponador en defensa y triplista en ataque. La táctica era correr, penetrar y tirar. Así, sin más.

Aquellos Warriors ofrecieron un gran espectáculo que los aficionados más veteranos aún recordamos, a pesar de que el trío sólo permaneció unido dos temporadas (1989-90, 1990-91). Pero la trascendencia en títulos del experimento fue nula. En 1991 cayeron en las semifinales del Oeste ante Los Lakers. La noticia fue que llegasen hasta ellas eliminando en primera ronda a los Spurs de David Robinson con Tom Tolbert, exjugador del CB Canarias de la ACB (temporada 1988-89, 26,7 puntos y 8,4 rebotes de media en 17 partidos jugados) en el papel de cinco.

La estrategia de Nelson llegó a su cénit cuando Tolbert, que medía dos metros pelados, sorprendió al equipo de San Antonio subiendo la pelota en ataque como si fuera un base. Aunque tras pasar la linea de medio campo, la daba rápidamente. Con un reglamento NBA más estricto que el actual en las reglas defensivas, David Robinson estaba casi obligado a salir a marcarlo si no quería ser sancionado con defensa ilegal. Y eso dejaba la pintura libre y el camino despejado para el trio de anotadores de los Warriors.

Papeles invertidos en los Heat

El sistema actual de los Heat recoge aquellos principios formulados por Nelson (quien también ideó la idea del point forward o alero creador de juego en torno a Paul Pressey en los Milwaukee Bucks) y los radicaliza más aún. Los pivots ni siquiera pisan la pintura. Spoelstra ha puesto de titulares como 4 y 5 en los últimos partidos a Rashard Lewis y Chris Bosh.

Casi la mitad de los lanzamientos (19 de 41) de la pareja en los dos primeros choques de la final han sido triples, y el resto fueron mayoritariamente de media distancia o penetraciones llegando con bote desde el exterior. El jugador interior suplente con más minutos es Chris Andersen, el único con presencia exclusiva en ataque dentro de la zona. Sólo ha mirado 6 veces a canasta en estos 2 duelos, ya que sus funciones básicas son bloquear y rebotear.

La idea es clara. Los interiores salen para que los exteriores entren. Dwayne Wade y Lebron James generan de forma individual el desequilibrio que da lugar a las opciones de canasta de los de Florida. El escolta está sacando partido de su superioridad física sobre Ginobilli o Green para llegar hasta debajo de canasta. James explota su mayor velocidad ante Boris Diaw para penetrar. Ante Kahwi Leonard, usa su lanzamiento de media distancia para obligarle a salir y abrirle espacios para acabar llegando igualmente hasta la zona.

Lebron, la clave de todo

Las estadísticas de los dos partidos de la serie final disputados hasta ahora vuelven a servirnos para ilustrar la importancia del “Rey James” en este sistema táctico. El 40% de los puntos del equipo de Miami dentro de la zona son obra directa de James o fruto de una de sus asistencias. Con Lebron en pista, el 47% de los lanzamientos a canasta de los Heat se producen en la pintura. Cuando la estrella está en el banquillo este porcentaje baja hasta el 30%. Pero la importancia de Lebron en los esquemas de Spoelstra no se limita al aspecto ofensivo. Es aún mayor en defensa.

Su físico le permite emparejarse con interiores rivales, resistiendo sin demasiados problemas el cuerpo a cuerpo contra los mastodontes de la liga. Y este hecho permite al técnico de Miami dar una vuelta de tuerca más a su planteamiento ofensivo, alineando al jugador más determinante de la liga como ala pívot para sumar a su batería exterior a Ray Allen sin sufrir demasiado en la protección de su aro. Con Chris Bosh jugando de cinco, todos los jugadores en pista se situan en ataque fuera de la línea de 3 puntos. Y los rivales se quedan sin referencias defensivas claras. Eso es lo que le pasó a Indiana Pacers en las semifinales del Este.

Los Spurs le pueden oponer un quinteto compuesto por Tim Duncan como hombre alto, Boris Diaw, Kahwi Leonard, Daniel Green o Manu Ginobilli de escoltas, y Tony Parker, que puede variar a Diaw o incluso Leonard jugando de cuatro, y Ginobilli y Green simultaneamente en pista cuando Miami presenta su versión más pequeña. En los minutos finales del segundo partido que acabó con el triunfo de los Heat, Gregg Popovich mantuvo la primera versión ante el cinco de tamaño “mini” de su contrario (Bosh, James, Allen, Wade y Mario Chalmers). Y la víctima del desequilibrio, el que pagó los platos rotos, fue Duncan, al que el planteamiento rival sacó de sus posiciones.

Con 93 a 92 Lebron James penetra a canasta. Los Spurs saben que esa va a ser la opción elegida por los Heat para anotar y todos sus jugadores están esperándole con un pie dentro de la zona, para cerrarse sobre él. Pero como si se tratase de un juego de muñecas rusas, Lebron conoce las intenciones de sus rivales, y cuando Duncan da un paso hacia adelante dobla el balón a Bosh, sólo en la esquina. El ala pivot de los Spurs no tiene piernas para rectificar y llegar a impedir un triple mortal.

En el siguiente ataque de los de Florida, 93 a 96 en el marcador, Green (que ha entrado por Leonard) se abalanza sobre James cuando este suelta la pelota, empeñado en impedir que reciba de nuevo. Bosh encara a Duncan más allá de la línea de tres puntos. Le rompe la cintura fácilmente y cuando llega la ayuda de Diaw hace una asistencia para una fácil canasta de Wade bajo canasta. Ninguno de estos 5 puntos son de Lebron James, pero no hubieran sido posibles sin él en la cancha.


@danielalentomor

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