2014

18

Junio

15:14

Dani Alento

El mejor equipo fue campeón: los Spurs

Los Spurs de San Antonio se han proclamado campeones de la NBA derrotando en la final por 4 victorias a 1 a los Miami Heat. El mejor equipo de la liga regular también lo fue de los playoffs. Un triunfo inapelable, sin puntos oscuros. Porque fue totalmente justo.

Los Spurs han ganado de forma justa y merecida el anillo de campeones de la NBA. Con un baloncesto revolucionario para los estándares de la liga profesional. Porque en el reino de las estrellas individuales, el conjunto de San Antonio ha practicado un juego coral, sin egoísmos. La final ha presentado dos conceptos antagónicos del baloncesto, pero ambos rompedores.

Como ya hemos comentado en artículos anteriores, Miami Heat intentaba alterar el orden establecido de las posiciones en la pista en busca de más ventajas para la superioridad individual de sus estrellas. La idea era invertir la situación de los jugadores, sacando fuera a los de dentro para que los de fuera pudieran entrar. Frente a ellos, los Spurs han vuelto a las esencias más puras de nuestro deporte para reelaborar el juego desde la base recuperando el sentimiento colectivo, anteponiendo el grupo a los individuos.

Esta ha sido la filosofía de este equipo desde que Gregg Popovich asumió el cargo de entrenador jefe en 1996. La llegada de Tim Duncan como número 1 del draft del 1997 dotó a la franquicia de la pieza que le hacia falta. Una estrella tranquila, discreta, enemiga del protagonismo. Si los Spurs tenían en Popovich el capitán perfecto de la compañía, en el pivot encontraron el sargento indispensable para mantener cohesionada a la tropa con su ejemplo, el líder silencioso que lidera con el ejemplo y mantiene a los soldados alerta ante posibles amenazas.

El dúo ha conseguido ganar la NBA en tres decadas diferentes. Duncan es el primer jugador en romper esta barrera de longevidad. Ni siquiera el mítico Bill Rusell, 11 veces campeón, lo hizo. El que más se había acercado hasta ahora era John Salley (1989, 1990, 1996, y 2000, contando que éste último año pertenece al siglo XX y no al XXI). La racha empezó en aquel lejano 1999 con el teniente de navío David Robinson imponiendo su disciplina en la zona. Siguió con el título del 2003, última temporada de Robinson y la primera con el trio mágico (Duncan, Parker, Ginobilli) al completo. Continuó con los campeonatos del 2005 y 2007 (en este último derrotando en la final a los Cavaliers de Lebron James). Y se cierra, por ahora, con el anillo del 2014, el que rompe con la maldición del equipo en los años pares. Y entremedio, la final del 2013 perdida ante los Heat.

El triunfo del grupo

En este último título los Spurs han desplegado un juego que ha maravillado de forma unànime a todos los aficionados. Con una exquisita circulación de balón y un concepto diferente de la penetración a canasta. Normalmente, cuando un jugador llega a 1 metro de la canasta tira o busca el pase definitivo. El equipo de Popovich rompe esta norma. Porque cuando el primer jugador del equipo penetra (habitualmente Parker), sus compañeros saben que doblará la pelota hacia fuera. En otros conjuntos, el segundo receptor acostumbra a lanzar. En los Spurs, busca una segunda penetración para doblar nuevamente el balón.

El objetivo de estos movimientos no es otro que acumular defensores bajo canasta, liberando así espacio en la media y larga distancia. Una vez lo han conseguido, el ataque resulta sencillo y los tiros librados aparecen casi solos. Eso explica el 54,2% de acierto en los lanzamientos de campo del equipo, récord en una Finales de la NBA desde que se instauró el reloj de posesión. Y cuando el contrario deja de picar en la finta y busca cerrar el pase en lugar del tiro entra en acción Ginobilli, un finalizador a la antigua usanza. La defensa vuelve a cerrarse y el juego del gato y el ratón empieza de nuevo.

El que Ginobilli, considerado una de las estrellas del equipo, nunca sea titular es una rareza que sólo ocurre en los Spurs. Precisamente otro de los factores claves que explica el éxito de los Spurs en su quinto anillo, y que viene a complementar su concepto de juego coral, es la producción de su banquillo. Los reservas más anotadores de la NBA en la liga regular (45 puntos por partido) han aportado en la serie 188 puntos, a una media de 37,6 por partido. Boris Diaw fue titular a partir del tercer encuentro de la Final en el lugar de Tiago Splitter para defender mejor a los pivots abiertos de los Heat, pero eso no dejó sólo a Ginobilli en la segunda unidad. La aportación del base australiano Patrick Mills para cerrar la serie ha sido espectacular. Duncan y Parker nunca están solos.

Aprovechando la victoria de los Spurs, cometeré un sacrilegio. Defenderé una postura que hace años que mantengo ante mis conocidos. Reconociendo que Michael Jordan ha sido el mejor jugador individual que he visto, afirmo que ha hecho mucho daño a la NBA. Porque una legión de niños que le han visto malinterpretaron que el Rey ganaba los partidos sólo, sin ayuda, cuando tenía un elenco de sufridos jugadores detrás. Trasladaron esta idea a su juego, y cuando crecieron y llegaron a la Liga el juego se resintió.

En estas finales Lebron James, más por obligación que por gusto, se ha apuntado a la táctica Juan Palomo (yo me lo guiso, yo me lo como) en muchos momentos de los partidos. Un triunfo de Miami hubiera reafirmado el efecto Jordan otra generación más. Con la victoria de las huestes tejanas y su juego de equipo, espero que el ejemplo de juego colectivo y sacrificio por el bien del bloque cunda. Por el bien del juego futuro en la NBA.

Leonard, el MVP del esfuerzo

Evidentemente que ha habido jugadores destacados en el bando de los ganadores. Pero lo han sido por el aprovechamiento del trabajo del resto de compañeros para anotar sus puntos. En toda sociedad equilibrada, los derechos van acompañados de deberes. En los Spurs, el derecho a recibir la pelota en ataque va acompañado del deber de dejarte la piel en defensa. Y en esto también ha brillado el justo MVP Kawhi Leonard.

Siempre concentrado (no se le ha visto sonreir en ningún momento de los partidos), el alero ha anotado una media de 17,8 puntos por partido. Y eso que en los dos primeros se había quedado en 9. Ha ido creciendo conforme avanzaba la serie, para acabar con 20 puntos y 14 rebotes en el cuarto partido, y 22 y 10 en el último, Pero su misión principal no era anotar, función para la que tenía compañeros sobradamente preparados. El papel que su entrenador le había reservado era mucho más sacrificado.

El joven alero de los Spurs tenía la difícil misión de frenar al rey de la liga, Lebron James. Mirando la estadística del buque insignia de los Miami Heat, no parece que lo haya conseguido. James anotó 25 puntos en el primer partido de la serie (el de las rampas), 35 en el triunfo de la franquicia de Florida en el segundo, y 22 y 28 en las dos derrotas en casa que les dejaban con la espalda contra la pared y 31 en el definitivo. Y sin embargo, a pesar de este promedio de 28,2 puntos por noche, Leonard ha hecho un gran trabajo.

Y es que si el Rey Lebron ha llegado a esos guarismos anotadores ha sido gracias a su alta efectividad en el lanzamiento. En los duelos contra los Spurs, el jugador de los Heat ha anotado 52 de sus 91 intentos de canasta (con un magnífico 14 de 27 en triples empañado por el 3 de 9 del quinto partido). El trabajo de Leonard no se ha centrado en que fallase sus tiros, sino en evitarlos. Analicemos algunas estadísticas más.

Lebron, defendido por su némesis, ha lanzado a canasta el 19% de los balones que han pasado por sus manos. Contra otros defensores este porcentaje ha subido hasta el 33%. Con Leonard marcándolo, Lebron no ha podido tocar pelota en el 33% de las posesiones de los Heat. Con otros defensores, se ha quedado sin participar del ataque en el 23% de posesiones. Cuando más le necesitaba Miami, en los momentos más complicados de la eliminatoria, Popovich ponia su secante sobre la figura rival, dejando sin oxígeno a los Heat.

Para Leonard, este ha sido un triunfo bálsamico. De las finales del año pasado la imagen más recordada es el triple de Ray Allen en el sexto partido que forzaba la prórroga, salvando a los Heat y permitiéndoles forzar un séptimo en el que se proclamaron campeones. Pero antes de ese momento fatídico, los Spurs tuvieron 2 tiros libres a 20 segundos del final de los 48 minutos reglamentarios para ganar el anillo. Fallaron uno. El jugador que los lanzaba era Kawhi Leonard.

En el último cuarto del último partido de las finales de este año Leonard, con problemas de faltas, se mantenía serio en el banquillo mientras en la pista su equipo ganaba de 20. Su rostro denotaba algo más. Un cierto grado de angustia. Tan sólo a 2 minutos del final se dejó ir. Y cuando el alero se quitó la máscara, en su cara el sentimiento predominante no era la alegria. Era el alivio de quitarse una pesada carga de encima, de haber expulsado el fantasma que convertía sus sueños en pesadillas.

Leonard, a punto de cumplir 23 años, es el MVP más joven de una final desde que lo fuera Tim Duncan el 1999. Como su veterano compañero, el joven alero prefiere hablar en la pista que fuera de ella. En el momento en que fue elegido como mejor jugador, su entrenador Popovich no pudo reprimir una carcajada. Porque sabía que Leonard tendría que hacer una de las cosas que más odia tras recoger su merecido premio: hablar en público. Mismo carácter, misma disciplina, los Spurs tienen el relevo asegurado cuando Timmy cuelgue las botas. La segunda parte de El Hombre Tranquilo.

Los Heat, fin de ciclo

Lebron James y compañía han plantado menos cara de la esperada. Y no únicamente por haberles ganado sólo un partido a los Spurs. Es por la forma en que han perdido los otros cuatro. Una sensación de impotencia en la pista en muchos momentos que tiene su reflejo perfecto en el marcador de la serie: 458 puntos anotados (91,6 de media) por 528 recibidos (105,6 por partido). Mientras los Spurs pasaron de 100 en cuatro de los enfrentamientos, los Heat no fueron capaces de llegar a esa cifra en ninguno de los cinco.

Se ha cargado mucho las tintas sobre Dwayne Wade. Y con razón. El escolta ya  no es el que era, y en estas finales sus prestaciones defensivas han dejado mucho que desear. Lo cual, ante un juego que se genera desde el exterior como el de sus rivales, equivale a media sentencia de muerte. Defender mal es un pecado que puede perdonarse si en ataque generas más puntos de los que estás regalando en tu canasta. Wade ha acabado las series con una media de 15,2 puntos. Tras unos tres primeros partidos correctos, se colapsó en los dos últimos incapaz de superar a sus defensores (7 de 25 en el lanzamiento). Su balance, por lo tanto, es claramente negativo.

Pero sería injusto echarle todas la culpas a Wade y sus maltrechas rodillas, Porque el otro vértice del triángulo de estrellas tampoco estuvo a la altura. Chris Bosh acusó el ajuste de Popovich a partir del tercer partido situando a Diaw como titular por Splitter. Tras anotar 18 puntos en cada uno de los dos primeros encuentros, en los tres siguientes se quedó en una media de poco más de 11 puntos. También se le ha acusado de falta de liderazgo, pero es injusto. Se le fichó para asumir un rol terciario, adaptando su juego al de sus dos compañeros de triunvirato. Se le ha obligado a vivir cada vez más lejos de la pintura. Es muy difícil cambiar en tres partidos la dinàmica de 4 temporadas.

Respecto al resto de jugadores, llama la atención el espectacular bajón del base Mario Chalmers. Pieza importante en los dos anillos del equipo de Florida, este año se le ha visto perdido en la pista. Sin incidencia alguna en ataque y convirtiéndose en un auténtico coladero en defensa. Erik Spoelstra le mantuvo como titular hasta el penúltimo partido de la temporada, esperando una reacción que no llegó. Chalmers cerró la temporada en el banquillo. Ocupó su lugar en el cinco inicial Ray Allen, lo que agravó otro de los problemas de los Heat. Vamos, desvestir un santo para vestir a otro.

Porque pocos datos demuestran más la soledad del Big Three (bueno, básicamente de Lebron James) que la aportación anotadora de los jugadores de banquillo. La segunda unidad de los Heat sumó 112 puntos, con un promedio de 22,4 por partido. De esta cantidad, 41 pertenecen a los sumados por Allen en los cuatro que fue reserva. El escolta fue el único respaldo consistente saliendo desde el banquillo.

Pero estos datos no demuestran plenamente la magnitud del desastre. Porque dadas las diferencias en el marcador durante las Finales, se han visto muchos minutos sobrantes disputados por jugadores irrelevantes. En el quinto partido, cuando los Spurs ganaban de 20 al final del tercer cuarto, el banquillo de los campeones ya había sumado más de 30 puntos mientras que el de los subcampeones sólo contabilizaba 2. Un dato demoledor.

Los grandes fichajes de la pretemporada de los Heat fueron dos apuestas arriesgadas, Michael Beasley y Greg Oden. Y ambas han salido mal. Beasley fue descartado por su entrenador en los cuatro partidos iniciales de la Gran Final, y Oden no se vistió de corto en el quinto. Spoelstra confiaba en el bloque que ya tenía, y sólo Rashard Lewis con su anotación en los tres primeros encuentros y Chris Andersen con su honesta entrega han dado la cara. La aportación de Norris Cole ha sido irrelevante, Udonis Haslem ha tenido pocos minutos (igual no está para muchos más) y Shane Battier pensaba más en su retirada que en ganar el anillo. El resto de la plantilla, ni está ni se la esperaba.

Ahora se abre una crisis en los Heat. Este verano Lebron James, Chris Bosh y Dwayne Wade pueden dar por acabados sus contratos y declararse agentes libres. A James no le faltarán novias dispuestas a armar un equipo campeón para él. Bosh tampoco  se quedará sin ofertas, si es que decide cambiar de equipo,  aunque no con el sueldo que cobra ahora. Wade, tal vez por su nivel el más prescindible en Miami, es precisamente el que tiene más posibilidades de quedarse para asegurar los 41,6 millones que le quedan por cobrar las dos próximas temporadas. Por suerte para los Heat, la mayoría del equipo queda libre el 30 de junio. Y eso le deja bastante margen para reforzar su Big Three o remodelarlo (tal vez intentando el fichaje del codiciado Carmelo Anthony). Siempre y cuando Lebron se quede.


@danielalentomor

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