Contracrónica de un viaje a Salamanca
La pasión por el baloncesto femenino llega hasta cotas insuperables. Aquí un servidor apareció en Salamanca desde Málaga para una fugaz aparición por el Wüzburg y de vuelta a la preciosa Costa del Sol. Un viaje de 24 horas, pero muy bien aprovechadas
Álvaro R.Villó | 12 de mayo de 2008, 22:32 h.

"Madrugar no es lo mío, pero por ver la semifinal de la Liga Femenina en Salamanca todo valía. El despertador sonó a las 7 de la mañana. Mi tren salía dirección Madrid (desde Málaga, mi ciudad) a las 8.30. Ya en el ambiente notaba que iba a ser una experiencia inigualable. Nunca había estado en Salamanca ni en el Wüzburg, y siempre me habían dicho que el baloncesto femenino se vive allí de una manera muy intensa y muy diferente al resto de España. No me quise quedar con la duda ni con la sensación de poder y no querer y hacia allí me dispuse a viajar.


El viaje, muy tranquilo, aunque algo nervioso. No entendía por qué. He visto muchos partidos de baloncesto femenino y muchas Copas de la Reina, pero estaba nervioso por llegar a Salamanca y vivir en cuerpo presente lo que meterse de lleno en el ambiente del Avenida, dentro de su afición, de su pabellón, vivir intensamente lo que viven ellos. Pues bien, me enfundé mi camiseta del Perfumerías, cogí mi bufanda y para el Wüzburg.


En los 20 minutos de camino andando desde casa de mi buen amigo Ricardo -mil gracias por esa estancia en tu casa, corta pero intensa- ya pude sentir lo que es Salamanca durante un día de partido del Avenida y sobretodo en un día donde el título de LF puede quedarse en casa. Las gentes cantando, alentando en todo su camino al pabellón. Todos con su bufanda al aire, con sus camisetas de Bermejo, Marcos, Sánchez... ¡hasta Nuria Martínez estaba presente con el número 11 en muchas espaldas! Era todo increíble, de verdad, nunca había vivido algo así. Pero lo mejor estaba por llegar.


Llegamos al famoso Wüzburg. Pequeñito pero muy acogedor, al menos eso me pareció por fuera. Ya dentro fue inexplicable. No me acordaba de que el adios de Montañana a Salamanca después de dos años. Todo el mundo desde el calentamiento cantando eso de “Ana, Ana, Ana... Ana Montañana” y la jugadora respondiendo a la afición con una leve sonrisa y con tres triples consecutivos en la rueda de tiro. El ambiente era genial. Salió el Ros. ¡Vaya pitada! ¡Cómo se notaba que el título estaba por la labor de quedarse en Salamanca! Me impresionó la que se llevó Palau y De Souza.


Comienza el partido y me adentré entre la afición. Cánticos, apoyo, mucho ánimo. Sí, se puede. Sí, se puede. Era lo más repetido. La cosa no comenzó bien. El Ros Casares lo mete todo y “nosotros” atacamos con un poco de miedo y nerviosismo. El Ros se escapa en el marcador. Anke de Mont anota un triple, el Avenida se acerca a 8 puntos y ruge el Würzburg. Anoto mis primeras impresiones en mi libreta. Y sigo disfrutando del ambiente. Celebro un 2+1 de Matic como si fuera el más fiel seguidor salmantino. Se pegan las emociones al ver a la gente saltar,gritar y jalear el nombre de Avenida, aunque yo tenía que contenerme, yo estaba ideando una contracrónica. Llega el descanso y de 9 gana el Ros ( 33-42 ). La afición piensa que SÍ, SE PUEDE. Converso con algunos aficionados locales. La temporada, aunque se pierda la final, ya ha sido un éxito, aunque la final hay que pelearla. Tienen toda la razón del mundo.


El tercer cuarto fue el del delirio. El pabellón saltaba a la cancha como si fuera el sexto jugador. Matic comienza a ponerse fina en el tiro y tras remontar una renta de 13 puntos, la pívot anota una canasta desde una de las esquinas que pone el 50-49 para el Perfumerías. La cosa parecía que acabaría en la Plaza Mayor, pero dos triples de Elisa Aguilar, que tiró muy sola, y Laia Palau en una acorbática posición silenciaba el caliente pabellón salmantino (51-57). Otra cosa que me sorprendio es que tras el triple de Laia la afición enmudeció... cinco segundos para cantar al unísono eso de “Vamos Avenida. Vamos Campeón”. Los pelos de punta. Las cosas tan negras y la afición tan fiel.


En el último cuarto me evadí un poco del mundo. Quise reflejar en mi libreta las caras de nerviosismo de los presentes, pero es muy difícil. La cosa se torció y el Avenida perdio. Bajé a la pista. Blanca Marcos llora desconsolada, Sheila Alaña es consolada por las dos filiales que subieron para completar la plantilla, Clara Bermejo lanza al aire un “me cago en la...” que duele a todos. La cosa estuvo tan cerca...pero estaba ya tan lejos...

La rueda de prensa fue de lo más realista que pude escuchar. Todos saben que está muy difícil, pero no van a parar de luchar. Eso es sentir unos colores y sobretodo, sentir a una afición.


Me alegro de haber pasado por Salamanca, aunque tan sólo fuera por unas horas – menos de 24-. Fue una experiencia inolvidable, que sin duda volveré a repetir. Me gustó Salamanca, me gustó la ciudad, preciosa, me gustó su afición y me gustó su pabellón. Y su jefe de prensa se comportó, al menos conmigo, para quitarse el sombrero.


Gracias Avenida. Gracias Campeón"



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| 1 de enero de 1970, 01:00
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El Wüzburg, uno de los pabellones más emblemáticos del baloncesto femenino español
El Wüzburg, uno de los pabellones más emblemáticos del baloncesto femenino español
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