Tristeza, pena, nostalgia. Todo ello mezclado de indignación y malestar. Unas líneas para reflexionar y hacer ver que son muchos los que sueñan y pocos los que apoyan.
Hola chicos,
Os escribo desde la más profunda tristeza que puedo tener. Imagino la que se habrá montado con todo lo que se ha decidido, pero tengo que deciros que yo no tengo la culpa. Sinceramente, no me esperaba nada de esto. Tantos años perteneciendo al deporte, tantos años sufriendo por ver a donde iría a parar, si sería un nuevo y esperado destino, o sería lo mismo de siempre. A mí lo que me gusta es viajar, conocer sitios nuevos, nuevos amigos, nuevas amigas jugadoras, pero por lo que me han contado, parece que a unos pocos les importo menos que nada y no quieren que ni yo me divierta. ¿Por qué me hacen eso? ¿Por qué limitan mi hogar de ocho a cuatro equipos? Estoy llorando de impotencia.
¿Acaso no he aportado al baloncesto femenino español lo que ellos querían que aportase? ¿No he sido rentable para ellos? Si esto último es así, no ha sido por culpa mía, ni mucho menos, sino por culpa de ellos mismos, más ocupados de otros asuntos sin importancia y de ligas menores, con todos mis respetos, que de una competición que, aunque soy modesta, creo que siempre he sido el gran atractivo del año. Por mi han luchado muchos, y llegar a poder luchar por llevarme a casa ha cumplido los sueños de tantos y tantos equipos modestos. Todo esto me produce una tristeza enorme, ni comparada a cuando me ningunearon en Jerez, donde no vi ni una sola foto mia por toda la ciudad.
Desde lejos siempre he escuchado a las aficiones rugir, cantar, saltar, celebrar, animar, a cada uno de sus equipos con la ilusión de poder verme de frente y soñar conmigo. Aún recuerdo la cara de las aficionadas salmantinas cuando Nuria Martínez me levantaba sobre el escenario que este mismo año volveré a ver, cuando ya tenía la idea de que sería el centro de España el que me hiciera volar por los aires. También tengo gratos recuerdos de cuando Ros reconquistó el título, pero muchos mejores recuerdos tengo de cuando equipos como León o Ibiza, en los últimos años, han tuteado al siempre teórico campeón vestido de naranja, o al propio equipo ibicenco eliminando al favorito de turno. Si es que… Me duele tanto que me hayan quitado de un plumazo estas ilusiones, que es como si me hubiesen quitado diez años de vida. No sé lo que aguantaré en pie, porque ellos mandan sobre mí, pero pienso que me quieren quitar de en medio pronto, sin motivo aparente alguno. Y tenéis que ayudarme. Me rompe el corazón volver a recordar el primer día que vi la luz, en Palma de Mallorca, allá por el año 1943. Ha llovido tanto, y he conocido tantas casas, que imaginarme siempre en las mismas a partir de ahora me hace temblar.
No dejéis que me hundan. Ya que no puedo hablar en voz alta, porque me tienen con la boca tapada, os lo hago saber a vosotros a través de estas líneas. Ayuda, por favor, que me quieren enterrar para siempre. Pero, vosotros que me conocéis bien, ¿sabéis lo que más me duele? Imaginarme la cara de los equipos que han soñado conmigo los dos últimos meses, imaginarme la cara de las aficiones que esperaban vivir conmigo el mejor fin de semana de baloncesto femenino del año, con los regalos de Reyes bajo el brazo y pidiendo un último presente de su Rey Mago favorito, uno que tuviera mis mismas curvas. Eso es lo que más me duele, el poder sentir la tristeza de muchos y oír las risas de otros, que nos ningunean sin sentido.
Sin más que deciros ni contaros, os da un fuerte abrazo y mis más sinceros agradecimientos,
LA COPA DE LA REINA