2014

23

Enero

20:02

Iván Rodríguez

Un desconocido Real Madrid aprende a perder en Moscú

Tras llegar a verse 19 abajo, el Madrid no supo culminar una remontada y se desvaneció en el último parcial, viendo así truncada su racha de 31 victorias consecutivas en competición oficial. El juego interior ruso y la pírrica aportación de Rudy, Mirotic y los pívots blancos, claves.

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CSKA MOSCÚ 85 – 71 REAL MADRID

Ni siquiera una trayectoria estelar como la que acompañaba al Real Madrid parecía merecer el respeto inherente al favoritismo. El nombre CSKA aún pesa mucho. Rimas Kurtinaitis, ex escolta madridista ahora a los mandos del Khimki, ya vio en su bola de cristal que hoy se acababa el recreo para los de la capital de España. El ‘sold out’ pendía de las taquillas del USH CSKA de Moscú, con los aficionados moscovitas salivando al olor de la sangre, ávidos de venganza después del inesperado traspiés de su equipo en Belgrado.

Lejos de enfrentar la adversidad y crecerse, los jugadores de Pablo Laso se dejaron envolver por un ambiente que les colgó el cartel de losers antes de la salida de vestuarios. Sergio Rodríguez aglutinó el carácter, ese carácter que otras veces –pocas este año, la calidad bastaba- sirvió para compensar una puntual desconexión del talento. Jugando a otra cosa, el resto de peones: sólo un pequeño fogonazo de Mirotić en el tercer parcial, esporádico Llull, el arranque de Darden. Después, el desierto.

Los interiores blancos se toparon con un muro infranqueable cada vez que el sistema establecía una acción en la pintura. Ni Bouroussis, ni Mejri, ni Felipe, tampoco “masacre” Slaughter. En el otro lado, Krstić danzaba cual grácil cisne en las gélidas aguas del Moscova. Asistiendo al serbio en el clínic, los siempre solventes Khryapa y Kaun, y Vorontsevich como brazo ejecutor hasta que en una inoportuna acción se lastimó la mano.

El Madrid regaló el primer cuarto (23-10), con Sergio Rodríguez en el banquillo y una tremenda borrasca que cubrió de nubes el aro moscovita. La aparición del Chacho comenzó a descontar puntos de una diferencia que llegó a situarse en 19 (37-18) en el segundo parcial. Enrachado, el Madrid clavó a su rival en la cuarentena, y disparó los nervios en los asientos rojos del USH cuando un 0-7 de salida tras el descanso estrechó la brecha a tres puntos.

Pese a que el Madrid encaró el último parcial a sólo cuatro de distancia (59-55), el CSKA retomó desde ese momento la manija del partido y las esperanzas de remontada se desvanecieron por completo. Rodríguez no encontró en sus compañeros el apoyo que demandaba una empresa de tal envergadura, y el equipo blanco se diluyó como un azucarillo, permitiendo al CSKA estirar el chicle hasta el 85-71 final. Diferencia exagerada, aunque sin duda merecida victoria la de un equipo que nunca cedió el mando de la contienda ante un batallón en el que sólo un soldado, de Tenerife para más señas, disparó con fuego real.

La estrella: Nenad Krstić nunca ha ganado la Euroliga, aunque su nombre va pegado al de una competición que le consagra semana a semana. El veterano pívot serbio se comió uno por uno a sus pares bajo tableros. 18 puntos, 6 rebotes y un par de asistencias. Ni siquiera las 7 personales provocadas sirvieron para frenar al ex Nets y Thunder.


@ivanrm81

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