2013

19

Noviembre

13:55

Iván Rodríguez

Draper, Slaughter y la cara bonita del hambre

Lejos de la magia que desprende este Real Madrid, apartados de los focos, dos currantes se afanan en su sala de máquinas para que el show continúe. Sin hacer ruido, con menos autógrafos. Dontaye Draper y Marcus Slaughter.

Domingo noche y me aferraba al fin de semana con una pinta de cerveza en mano, en la barra de un bar –servidor es mucho “de bar”-, manteniendo la típica conversación también de bar con el tema estrella en tascas y ascensores desde hace un lustro: la jodida crisis. Parados, precarios, empresas con dificultades y currantes en el alero… nada ajeno para nadie.

Hablamos del componente cíclico de las crisis capitalistas, pero nadie en mi cuadrilla, que nos movemos a ambos lados de la treintena, recordábamos una crisis de esta magnitud en el pasado. Claro que hemos oído hablar de la enorme crisis del 29, y de la del petróleo en el 73 (ésta además la hemos visto en “Cuéntame…”). Tirando de memoria, recuerdo que no era raro escuchar un telediario que no mencionara la palabra “crisis”, en su versión soft, durante los convulsos 80 y primeros 90, con Juegos Olímpicos y todo. Si no era la economía, era el Real Madrid o el Barça quien la sufría. Pero la crisis, como las meigas, “haberla, la había”.

La nueva emigración, la reforma laboral, los desahucios… En lo que todos coincidíamos es en que esta depresión nos está mostrando, por primera vez en nuestras vidas, la cara del hambre. Bancos de alimentos, comedores sociales, menús low cost, recogidas solidarias de comida, cambios legales para evitar el desperdicio diario de toneladas de alimentos en supermercados. Casi "a lo posguerra". Crisis hardcore.

El hambre es un concepto difícil de explicar para quien, como el que escribe estas líneas, no la ha sufrido durante más de media hora en su vida. Más que el hambre, la resignación por no poder calmarla con una furtiva visita a la nevera. No tener nada que echar a la boca –ni saber cuándo se tendrá- y tener que buscarse la vida para conseguir alimento para sí y para la prole. Hambre, en su vertiente de “necesidad”.

Antihéroes en el Palacio

Hambre, en su acepción de “ambición”. Agudizar el ingenio, tragar saliva y echarle corazón y gónadas. Y pensando y escrutando, vinieron a mí historias de deportistas cuyo éxito no podría explicarse sin el punto de partida de la necesidad, de la miseria y las dificultades. Fondistas africanos, futbolistas curtidos en potreros de Villa Fiorito o Fuerte Apache en Buenos Aires, o de las favelas cariocas, jugadores de baloncesto sin tíos ricos en Bel-Air que les alejaran de pandilleros, drogas y armas automáticas.

Llegados a este punto, vino a mi recuerdo la deliciosa entrevista de Javier Gómez a Dontaye Draper, para Jot Down. Creo que ya he comentado alguna vez que soy mucho de lo que se ha llamado “el antihéroe” (no tanto como de bares, para ser honesto). Del defensa mejor que del goleador, de Filemón antes que de Mortadelo. De los que no acaparan tantos flashes ni portadas. De “D-Draper” y de Marcus Slaughter.

El baloncesto europeo no es el que era hace 30 años, cuando los nacionales eran la comparsa de un par de americanos superlativos que marcaban la diferencia. En este Real Madrid Rudy, Mirotić y los Sergios se llevan a las groupies al camerino -entiéndase la metáfora- tras el concierto, pero Draper y Slaughter pellizcan el imprescindible bajo que nadie escucha, pero sobre el que cabalga armoniosa la melodía.

Piezas clave para que el Real Madrid cuente por palizas (con diferencias de +26 en promedio) los cinco compromisos disputados en Euroliga, y también marche en solitario al frente de la competición doméstica sin conocer la derrota en seis fechas. Invictos en noviembre, y sin visos de que la situación cambie al menos hasta la visita a la Fonteta el 22 diciembre, o al Sinan Erden bizantino (Anadolu Efes – Real Madrid, también a mediados del próximo mes).

Una vez más, los “intangibles”

Máximos exponentes del “hambre” del que tanto habla Pablo Laso. La ambición que toca mantener ardiente para no bajar los brazos. Junto a Salah Mejri y Dani Díez son los hombres menos utilizados por el técnico vitoriano, y apenas juegan un cuarto completo por partido, siempre partiendo desde el banquillo (una sola presencia de Draper en el cinco inicial, ante Valladolid). Son los habituales del tercer cuarto, los obreros que echan el carbón a las calderas para que el barco siga navegando a toda máquina. Huelguistas a la japonesa que limpian para que surja este resplandeciente Madrid de otoño.

Fuera relajación. Intensidad, defensa. Sus estadísticas no reflejan la dimensión real de su influencia en el juego, salvo si reparamos en que ambos poseen el mejor ratio balones recuperados / pérdidas en el equipo blanco. Draper recupera ¡cuatro bolas! por cada una que pierde, Slaughter 2,66. Tras las torres Mejri y Bouroussis, Draper es quien más personales comete en el Real Madrid. Por eso Marcus se ganó a pulso la prórroga de su contrato para la presente campaña. Por eso “D” es un negro de West Baltimore que viste la misma ajedrezada que en su día portaron Petrović, Kukoć o Perasović.

Por todo eso me sonreí cuando el bueno de Draper anotó sobre la bocina el triple que aniquiló a Bamberg en el último Top 16. O cuando Laso pide a la desesperada que Marcus que se coloque a la vanguardia de una zona press, que el californiano agradece con robos y más robos, para que el Madrid gane un día más. Perdónenme la frivolidad de mezclar deporte de élite con hambre y crisis, pero si el hambre tiene una consecuencia positiva, la única, es la respuesta humana de esfuerzo, crecimiento ante la adversidad, imaginación y actitud. Y de eso, el 4 y el 44 van “hasta arriba”. Focos para ellos.


@ivanrm81

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