2013

17

Mayo

18:17

Dani Alento

Marc Gasol, el último pívot clásico

El baloncesto es, como la energía, una esencia en continua transformación. El juego en la NBA es cada vez más rápido y vistoso, al gusto de los espectadores. Y los grandes pívots que antes desempeñaban un papel clave se están convirtiendo en especialistas. Aunque haya algunos que se resisten a aceptarlo.

En el baloncesto existe un axioma que se tomaba como verdad absoluta hasta la aparición de los Bulls de Michael Jordan: no hay equipo campeón sin un pívot dominante. La historia de la NBA está llena de ejemplos que demuestran la veracidad de esta afirmación, y con las excepciones justas para confirmarla.

La lista se inicia con los Minneapolis Lakers de George Mikan, y sigue con los Boston Celtics de Bill Rusell, o de la pareja Kevin McHale - Robert Parish (sin olvidarnos del sexto hombre Bill Walton), Los Angeles Lakers de Wilt Chamberlain, Kareem Abdul Jabbar o Shaquille O’Neal, los New York Knicks de Willis Reed, los Filadelfia 76ers de Moses Malone, los Houston Rockets de Olajuwon o los San Antonio Spurs de David Robinson y Tim Duncan.

Michael Jordan guió a los Bulls a 6 campeonatos de la NBA sin necesidad de un gran pívot dominante. Aunque en los tres últimos tenían en la plantilla a Dennis Rodman, uno de los más grandes reboteadores de la historia del baloncesto. Y en los tres primeros al versátil Horace Grant. La sombra de “Air” ha oscurecido hasta tal punto a sus compañeros que da la impresión que ganó los anillos él solito.

Hasta que llega Lebron James, con su físico y polivalencia, para darle una vuelta de tuerca más a los conceptos del baloncesto. Y el “small ball” se pone de moda. Equipos "pequeños", veloces, hiperactivos, que pasan la pista a toda velocidad en ataques vertiginosos. Un ritmo sin pausas que deja fuera de juego a los pívots clásicos, los de la vieja escuela.

Marc Gasol, líder de la vieja escuela

Pero como los galos de Asterix, no todos han sucumbido a esta moda. Y entre los resistentes, existe un líder claro, por encima de los siete pies (2,13) de estatura. Pesado, imposible de mover una vez ha ganado la posición. Como si hubiera echado raíces. Duro en defensa y sólido en el rebote. Con buenos fundamentos, productivo en ataque y excelente visión de juego. La columna vertebral que aguanta a su equipo en momentos difíciles y da coherencia a su juego. Marc Gasol.

Ha sido el primer europeo en ganar el premio al mejor defensor de la temporada. Un galardón que algunos no han entendido, y así lo han manifestado públicamente. Como Lebron James (él también optaba a esta distinción) o el tres veces ganador Dwight Howard (otra muestra de inteligencia por su parte, compartiendo vestuario con el hermano de Marc, Pau, que es quien debía pasarle la pelota y abrirle huecos tras la lesión de Kobe Bryant).

Otro ejemplo de las discrepancias entorno de la relevancia de su papel lo hallamos en que el mediano de los Gasol no figura en el primer quinteto defensivo de la temporada de la NBA. El mejor defensor individual ha sido relegado al segundo quinteto. El premio al jugador surge de una votación entre periodistas. El cinco ideal se configura a partir de los votos de todos los entrenadores de la competición.

Por suerte para Marc, en Memphis si que le valoran como se merece. Para su socio en la pintura Zach Randolph, es el mejor pívot de la NBA. Y el propietario del equipo, Robert Pera, ha lanzado a través de su cuenta de twiter una campaña de promoción de su asalariado, capaz de hacer posible lo imposible con total normalidad y sin aparente esfuerzo. Un Chuck Norris del siglo XXI.

En estos playoffs Marc Gasol ha aumentado su rendimiento ante la canasta contraria respecto a sus números de liga regular. En la serie contra los Clippers promedió 17,3 puntos. Contra los Thunder, ha aportado 19,4 por noche. Es el jugador de su equipo que más minutos permanece en pista. Lidera a los Grizzlies en tapones, mientras que es el segundo en la lista de anotadores, de reboteadores y de pasadores.

Pero su importancia va más allá de los números. Su presencia en el centro de la zona de los Grizzlies determina la actitud defensiva de sus compañeros, y las jugadas de sus rivales. Siempre atento a la ayuda ante las penetraciones de los jugadores contrarios, éstos dudan a la hora de entrar a canasta. Y por cada lanzamiento exterior que se juegan por miedo a Marc, aumentan las posibilidades de fallo. Y de rebote defensivo.

Cuando en febrero los Grizzlies traspasaron a su entonces líder anotador Rudy Gay, muchos interpretaron (entre ellos el que firma este artículo) que estaban tirando sus opciones esta temporada a cambio de una rebaja en la estructura salarial. El tiempo nos ha demostrado que nos equivocábamos. Sin Gay, el equipo se ha centrado en su verdadero punto fuerte, el juego interior. Y ha descubierto la mejor versión de Mike Conley, el base titular más infravalorado de la Liga.

Por primera vez en su historia, la franquicia de Memphis ha llegado a una Final de Conferencia. La baja de Westbrook ha sobrecargado de trabajo y minutos a Kevin Durant. Y los Oklahoma City Thunder han pagado el agotamiento de su estrella en los últimos cuartos de los partidos de una serie muy igualada, yéndose de vacaciones mucho antes de lo que esperaban. En primera ronda ante los Clippers los Grizzlies ya se beneficiaron de la lesión de Blake Griffin. ¿La suerte de los campeones?

Y ahora, las Finales de Conferencia

El rival de los Grizzlies en el campeonato de la Conferencia Oeste, y último obstáculo antes de la gran Final de la NBA, serán los San Antonio Spurs. Los tejanos han acabado con la bonita aventura de los Golden State Warriors en los playoffs de esta temporada. Un dato para los amantes de la numerologia, los cuatro campeonatos de los de Popovich han llegado en un año impar...como éste.

Volviendo a los Warriors, Stephen Curry nos ha dejado momentos inolvidables, secundado por Klay Thompson. El rookie Harrison Barnes ha demostrado una solidez en su juego propia de un veterano. Jarret Jack ha tenido buenos minutos saliendo desde el banquillo. Siempre nos quedará la incógnita de saber que hubiera pasado si David Lee no se hubiera lesionado. Tal vez la próxima temporada podamos averiguarlo si otro pívot de la vieja escuela, Andrew Bogut, se mantiene sano.

En el Este, los Heat de Miami pasaron a la final de Conferencia después de deshacerse de los Bulls. El equipo de Chicago no pudo recuperar a los lesionados Deng y Hinrich, y se descartó la probablemente apresurada reaparición de su estrella Derrick Rose. Aún así, dieron una lección de coraje y competitividad, jugando por encima de sus posibilidades, liderados por un Nate Robinson sin contrato para la próxima temporada y por un prometedor Jimmy Butler. Lástima que Carlos Boozer se sumó tarde a la fiesta.

La otra semifinal del Este aún está abierta a la hora de escribir estas líneas. Los New York Knicks han salvado la primera pelota de partido ante los Pacers, el equipo de otro gigante que se resiste al cambio de época, Roy Hibbert. Ahora la serie se traslada a Indiana, donde los Knicks no conocen la victoria esta temporada. Deberían ganar el próximo para jugárselo todo a una carta en un séptimo partido en el Madison Square Garden.

Es la oportunidad de Carmelo Anthony de quitarse el sambenito de encima de ser un buen jugador incapaz de hacer campeón a su equipo. Lástima que Melo ha perdido el acierto cara a canasta de la recta final de la Liga Regular. Y que J.R. Smith también ha bajado escandalosamente sus prestaciones, inmerso en un debate público sobre sus juergas nocturnas. Y que Iman Shumpert tampoco ve aro.Y que Jason Kidd lleva 9 partidos (desde el 23 de abril) sin anotar un punto. Si remontan será un gran guión cinematográfico, una conmovedora historia de superación. Lástima que hablamos de Nueva York y no de Hollywood.


@danielalentomor

Nos encanta lo que hacemos

Copyright 2016 enCancha.com | On-line desde 2004