2012

14

Julio

10:30

Ana Quintela

Alfonso Albert afronta el último tramo de su carrera

El ex jugador ACB de entre otros equipos Joventut de Badalona y Pamesa Valencia analiza con nosotros el último tramo de su carrera profesional.

 

Alfonso Albert alcanzó el éxito profesional muy pronto. Empezó a jugar al baloncesto en el campo de la “Cochera” de Torrent, y con 18 años ya debutaba en la ACB en la temporada 1991-92, con el Joventut de Badalona, donde también formaría parte del equipo que se proclamó ‘Campeón de Europa’ en el 1994. Con 21 jugaba con la Selección Española de Baloncesto y a los 24 fichó por el Pamesa Valencia. Y no sólo eso, sino que a nivel personal ha sabido digerirlo, asimilarlo y ahora, cerca ya de los 39 y de su retirada de las canchas, afronta ilusionado el reto de reinventarse.
Cuándo un jugador profesional, que ha conseguido los mayores éxitos en su carrera deportiva, piensa en la retirada… ¿qué pasa por su cabeza?
El miedo a retirarnos es un momento que nos atenaza, pero hay que afrontarlo porque el deporte tiene fecha de caducidad. Has jugado al baloncesto muchos años y muy pocos lo han compaginado con los estudios. Pasas a un mundo en el que te tienes que pelear con gente que te lleva mucha ventaja. Animo a todos los deportistas a analizar todas las experiencias que han vivido y aplicarlas a cualquier campo laboral.
En su caso concreto, ¿cómo lo ha enfocado?
Me estoy formando para dedicarme al Coaching dirigido a empresas o a equipos de chavales como entrenador. Es algo que me gusta mucho porque los deportistas hemos adquirido una serie de herramientas en nuestra carrera profesional, que puede ayudar a muchos otros profesionales y personas.
Sería interesante poner en marcha algún proyecto de este tipo con los equipos de ‘basket’ de Torrent…
Desde luego, ese sería uno de mis objetivos. Estoy en conversaciones con Quique Carratalá para impulsar la idea de crear una “Escuela de Baloncesto” en el pabellón de El Vedat. Realmente me veo capacitado para entrenar a niños e inculcarles el espíritu deportivo. Sería una muy buena forma de motivar a jóvenes que están muy perdidos.
¿Cómo influye la disciplina que requiere un deportista profesional en su desarrollo personal?
Adquieres muchos valores como el sacrificio. Cuando eres deportista profesional tienes que dejar de hacer muchas cosas. Esto cambia tu “chip”, que piensa en llevar una vida ordenada, aprender, entrenar… Con 15 años los entrenamientos diarios ya formaban parte de mi vida. También he tenido la suerte de compartir vestuario con todo tipo de personalidades y razas. Esas vivencias te dan nociones de lo que significa “liderazgo”, “trabajo en equipo”…; y de que todos hemos de ir en una dirección, porque si hay alguien que quiera salirse nos implica a todos. Eso quizás haya sido lo más difícil del deporte en equipo.
¿Cuál es el mejor momento y el más amargo que has vivido en tu carrera deportiva?
El mejor, cuando en el 94 ganamos la ‘Copa de Europa’ con el Joventut de Badalona. Es lo máximo a lo que puede aspirar un Club en nuestro continente. Y lo peor, las lesiones. Tuve una muy importante cuando jugaba en el Pamesa que me dejó sin jugar durante 7 meses.
¿Qué cree que tiene el baloncesto que no tiene el fútbol?
Aunque el fútbol me gusta y es el “deporte rey”, encuentro el baloncesto más emocionante. Durante los 40 minutos que dura el partido los jugadores no paramos de correr. Es un intercambio de canastas continúo. En EE.UU. el “deporte rey” es el basket. Es puro espectáculo. Vas a un partido y parece que estés en Las Vegas.
¿Cómo fueron sus comienzos en el baloncesto?
Mi entrenador, Albert Roig, me propuso jugar en el “Club de Basket Torrent” por mi altura. Yo era más de fútbol y el baloncesto lo conocía poco. Empecé a entrenar en “La Cochera” y me fue gustando. Quería imitar a la gente que entrenaba y lo hacía bien. Con un balón en las manos siempre se te ocurren cosas. Finalmente fiché por “La Salle Paterna”.
Debutó con 18 años en el C.B. Joventut de Badalona…
Fuimos a jugar a Andorra un campeonato de clubes… con La Salle Paterna y allí había ojeadores del Joventut de Badalona, que consideró que podía llegar a tener una gran proyección. Mi primer sueño y el más importante lo cumplí cuando debuté con 18 años en este equipo. Lo de la Selección vino un poco más tarde. Cuando debutas por primera vez estás muy nervioso y en mi equipo era de los más jóvenes. Esto fue bueno para mí porque fui cogiendo experiencia y ganando confianza, quitándome miedos, entrenando y aprendiendo, que al final es lo más importante.
Y luego llegarían los partidos con la Selección Española…
De los 18 a los 21 años fui cogiendo protagonismo en el Badalona, hasta que tuve la oportunidad de debutar con la Selección. Llegar a ser profesional era un sueño y este debut el siguiente paso. Hay muchos que no han tenido la oportunidad. No es fácil.
Con 28 años y en plena madurez deportiva ficha por el Pamesa…
Me formé en el Joventut, pero llegué en plena madurez deportiva con 28 años al Pamesa. Éste es el momento en el que más exprimes tu experiencia, recoges los frutos de lo que has sembrado. Trabajé muy duro para llegar a ser profesional. Tienes más responsabilidad porque eres un jugador más veterano, pero también un rol más importante.
A lo largo de tu vida deportiva, tus 2,11 metros de estatura te han beneficiado, ¿pero cómo se lleva en el día a día?
La ropa, puertas, zapatos… todo tiene que tener unas medidas especiales… En los hoteles nos ponían unos suplementos especiales en las camas. Te acabas amoldando a lo que hay. Si te tienes que agachar, te agachas… Cuando eres más pequeño lo pasas peor, pero yo he tenido la suerte de dedicarme al baloncesto y los prejuicios se te van rápidamente.
 

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