Hace tiempo que los cimientos del Asefa Estudiantes no gozan de buena salud. Las últimas temporadas, lejos de ser un éxito, han consistido más en un ejercicio de supervivencia que en un disfrute del baloncesto. El subcampeonato de ACB conquistado ante el FC Barcelona en 2004 marcó el techo. Nunca antes un equipo de ‘patio de colegio’ había cuestionado la supremacía de los que siempre están por encima, de los Real Madrid y FC Barcelona, pero aquel año quedó claro que el dinero no es garantía de nada en cuanto a competir se refiere.
Tras aquella gesta, aún quedaba gasolina para seguir en la parte alta, pero con la salida de Pepu, de Jiménez y de Sergio Rodríguez empezaron a tambalearse las raíces.
Desde esas fatídicas fechas, la directiva ha ido probando con una estrategia de prueba-error que ha llevado a la pésima situación actual.
El segundo punto de inflexión se produjo con la brillante campaña donde la plantilla entrenada por Luis Casimiro consiguió meterse en la Copa del Rey y en Playoffs, dando oxígeno a una afición que comenzaba a perder la ilusión. Aquello tuvo lugar en 2009-2010, y se siguió confiando en Casimiro, pero solo un año más.
¿Qué se esperaba?
A rey muerto rey puesto. Casimiro se fue a la calle y llegó otra vez Pepu. Todo era ilusión y buenas palabras. El plan no podía ser más ilusionante. La grada no se lo podía creer. Se volvía al modelo de cantera y algunos norteamericanos a priori “de garantías”, pero nada más lejos de la realidad.
La apuesta por la cantera fue una auténtica falacia, y los fichajes, bueno el papel de los fichajes es ya de sobra conocido por todos. Antoine Wright y Luis Flores tuvieron que ser expedientados y Cedric Simmons vagaba por la pista como quien se dedica a pasar el rato sin más. Implicación cero y un proyecto que empezó a juguetear con el descenso demasiado pronto.
También es verdad que es muy fácil hablar a toro pasado, y que casi nadie podía esperar un rendimiento tan fraudulento de los fichajes, pero lo cierto es que cada decisión de esta campaña no ha beneficiado nada al equipo. Los únicos con crédito fueron Trifón Poch y Tariq Kirksay, pero el problema es que llegaron demasiado tarde. A Willie Deane tampoco se le pedía pedir mucho más, y la llegada de Louis Bullock demostró una vez más que la directiva se estaba equivocando de pleno, con una incorporación que dividió a un sector de la grada y que deportivamente no aportó nada.
Con todo esto, a principio de temporada la ilusión estaba por las nubes, y se hablaba incluso de Copa del Rey y Playoffs, pero después quedaría claro que las expectativas muchas veces no se corresponden con la realidad.
¿Qué se ha conseguido?
Un descenso histórico, tanto porque ha sido la primera vez que el club termina entre los dos últimos clasificados de la ACB, como por su poco valor ya que el año que viene volverá a competir en la Liga Endesa debido a la incapacidad del CB Canarias para hacer frente al canon que exige la competición.
De lo poco positivo, el gran papel de Germán Gabriel y de Jayson Granger, que se han revalorizado en el mercado. Tariq Kirksay también se lleva una buena nota. Otro jugador que no termina de despegar ha sido Daniel Clark, intermitente en varios tramos, pero que ha vuelto a reivindicarse en los últimos partidos. Su salida del club podría darle alas.
Y la temporada que viene….
De momento, Nacho Azofra no seguirá al frente de la dirección deportiva, y todo está en el aire. A día de hoy no hay entrenador, aunque es probable que Trifón Poch vuelva a llevar las riendas. Solo Jayson Granger, Jaime Fernández y Lucas Nogueira continuarían, pero no hay nada cerrado.
Lo único claro, que la entidad debe aprender de los errores del pasado, y que una mala planificación podría volver a llevar al equipo a la ruina, ya no solo a nivel económico, sino en el prestigio y credibilidad.
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