2012

31

Mayo

22:12

Juan Manuel Muñoz

Equipo desaparecido, afición olvidada

Una breve y fría referencia en el comunicado emitido por el presidente es el único recuerdo institucional hacia una afición triste y dolida por la desaparición del primer equipo del Ciudad Ros Casares.

“Me duele en el alma”. No lo ha dicho el presidente del Ros Casares ni su directora general, sino la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá. En una línea similar, su entrenador Roberto Íñiguez, que llegó al club hace sólo unos meses, agradeció recientemente el apoyo de su afición de forma reiterada. Una afición que ha visto cómo su presidente ha pasado, en menos de un mes, de garantizar la continuidad del equipo a anunciar su desaparición sin más declaraciones de por medio. Una afición que ha escuchado o leído cómo su directora general se declaraba “feliz y contenta” en el mismo día en que su equipo oficializaba su desaparición, sin lugar para la tristeza ni para un mínimo gesto de cariño a sus seguidores, con la misma frialdad con la que ha anunciado la marcha de entrenadores y jugadoras a lo largo de estos años. Ni siquiera a través de su página web ni de sus redes sociales, ha mandado el club un mensaje a sus aficionados. Un breve y frío agradecimiento en el último párrafo del comunicado emitido por el presidente ha sido el único recuerdo institucional a una afición dolida y desinformada, que ha pasado del cielo al infierno en un mes.

El apoyo al baloncesto femenino del patrocinador Ros Casares durante estos 13 años es de agradecer, pero la gestión de la situación en su recta final ha sido nefasta. Resulta difícil de comprender por qué el patrocinador no puede mantener un mínimo apoyo económico sólo unos meses después de realizar la mayor inversión de su historia, es decir, una planificación pensada para ganar a toda costa y no para sobrevivir. Al mismo tiempo, resulta incoherente que el equipo desaparezca después de que el presidente dijera hace menos de un mes que todo iba a seguir igual.

Durante estos años, ha habido unos aficionados que se han ilusionado y han sufrido con este equipo. En algunos casos, sacrificando otras cosas para acompañar al Ros Casares por España y Europa, animando en los partidos, preparando pancartas, tifos y otros instrumentos de animación con la única ilusión de ver jugar a su equipo. Estas son las grandes víctimas emocionales de la desaparición del Ros Casares, las que no estaban “felices y contentas” ayer, las huérfanas de baloncesto femenino en Valencia… quién sabe hasta cuándo. Porque en un club, además de un patrocinador y unos profesionales, hay unos sentimientos.

@jmmunozsport

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