2012

26

Abril

16:43

Alvaro Paricio

El sueño de Lauren

Niña prodigio, mito nacional, la carrera de Lauren Jackson nunca ha sido como la de otra jugadora. Con un físico que le hizo ser portada de revistas y mostrar su cuerpo sin tapujos fue su talento quien hizo realidad los sueños de una niña que hoy es una estrella mundial

 

 

Como otras muchas naciones, la historia de Australia es la narración de un sueño hecho realidad. Es el deseo de muchas personas que a lo largo de los años creyeron en hacer posible las esperanzas de un país creado desde la clandestinidad de ser el lugar señalado para ser el retén de delincuentes de la corona británica.

Del lugar y hecho más inesperado creció el sueño de un país que a lo largo de los años se ha hecho potencia económica, política y deportiva de primer orden. En la antípoda del primer mundo, Australia creció alimentando la fama de país emprendedor, esforzado y orgulloso; caracteres impregnados en la genética de sus habitantes que han forjado un largo curriculum de deportistas que han marcado un época en el deporte.

Apasionados por la cultura del trabajo, el país venera a sus deportistas y les convierte en referente social por el reconocimiento y el prestigio que sus gestas deportivas logran para la nación. Entre esas estrellas deportivas está una mujer que se ha convertido en mito deportivo viviente. Con apenas 31 años, el sueño de niña de Lauren Jackson de ser jugadora de baloncesto ha sido el reflejo de tantos otros antepasados con los que han forjado Australia.

Un sueño de infancia

Con un campeonato del mundo, dos anillos de WNBA, dos Euroligas, tres MVP y el título honorífico de mejor jugadora del mundo durante muchos años, el legado de Lauren Jackson, ahora en el ocaso de su carrera, es inmenso y es la justa recompensa a los sueños de una niña que con cuatro años decidió despertar e invertir todos sus esfuerzos en un único deseo: el baloncesto. Ella no duda en reconocerlo, quizá el titulo de campeona del mundo de 2006 es el que más reluzca en su vitrina de trofeos, pero el mejor premio cosechado en su trayectoria, aquel que guarda en su foro interno es otro. “Ganar el campeonato del mundo fue increíble, pero luego también han habido otros grandes logros. Creo que al final la mayor recompensa es ver como todos esos sacrificios que haces desde joven tienen su premio al conseguir dedicarte al deporte que tanto quieres. Que ese sacrificio tenga premio es la mayor satisfacción que una deportista pueda tener”, señala.

Alimentada por las esperanzas de sus padres Gary y Maree, la teoría de la evolución de Darwin encontró perfecto acomodo en el cuerpo de una mujer que desde bien pronto sabía lo que quería. Lauren Jackson recuerda que “siempre soñé con ser jugadora de baloncesto. Mi padre fue profesional en Australia y mi madre fue capitana de la selección nacional. Definitivamente quise seguir sus pasos y entrené para ser alguien importante en el baloncesto, que era lo que más me importaba desde muy pequeña”.

Casi a la par que daba sus primeros pasos, la joven australiana comenzó a botar. Lauren reconoce que sus primeros recuerdos jugando al baloncesto son con cuatro años y que con ocho yo nueve ya participaba en torneos con gente mayor. Pronto todos esos esfuerzos y horas de dedicación dieron resultados y, de forma precoz, Lauren se convirtió en la chica prodigio del baloncesto patrio. “Con 13 años comencé a sentir que podía dedicarme al baloncesto cuando estaba en el Murray High School. Luego empecé a entrenar en el Australian Institute of Sport y a competir en la liga australiana con 15 años. Más tarde llegó la posibilidad de jugar con la selección y lógicamente ves que puedes ganar dinero, pero entonces era joven y el baloncesto era mi pasión, luego el dinero o la oportunidad de viajar era algo secundario que vino a posteriori”.

Alzada a los altares de las esperanzas australianas, sus tempranas y destacadas actuaciones en la liga nacional extendieron su fama a zonas de ultramar. El mito de la chica prodigio crecía. “No sé si se puede decir que fuera un prodigio, pero al ser un país pequeño y donde el deporte de mujeres no es mayoritario, sí es cierto que hubo mucha expectación sobre lo que podía hacer desde muy pronto. Tampoco era fácil encontrar a jugadoras con mi estatura así que supongo que era un poco especial”, señala. Estados Unidos sería el siguiente paso, la WNBA el puerto donde desembarcar su talento y seguir alimentando ese sueño de niña, ahora ya siendo una mujer.

Y como el deporte sólo se alimenta de esfuerzos y vive de competir, Lauren Jackson comenzó a desarrollar una intensa maratón deportiva que le llevó a competir por todo el mundo. Siempre con un nexo de unión: la victoria. Ya fuera en Seattle, Moscú, Yongin, Canberra o Valencia, la victoria siempre ha viajado en la maleta de una mujer excepcionalmente serena y sabedora de lo efímero que es el éxito. “Mi carrera, como la de cualquier deportista ha sido como una montaña rusa, con subidas y bajadas, obviamente tengo que reconocer que he ganado más días que los que he perdido, pero esto es baloncesto y si un día ganas un campeonato, al día siguiente puedes perder el próximo partido... es lo divertido del deporte”, señala.

Lauren Jackson asegura que “nunca he pensado en lo conseguido en mi carrera, sino que he ido temporada a temporada, campeonato tras campeonato y como luego también había que competir con la selección no he tenido demasiado tiempo para pensar en lo conseguido. Cuando termine mi carrera creo que pensaré en todo lo conseguido y disfrutaré con todo lo vivido. Sé que soy una persona afortunada por hacer lo que quiero y haber tenido éxito en ello, pero ahora no pienso mucho en todo lo conseguido”

El sueño de la estrella

La expansión de su estrella le llevó a jugar en Estados Unidos en verano y en Europa en invierno en un carrusel de partidos sin freno del que sólo las lesiones le han apeado en algunos momentos. “Es duro y por ello vienen las lesiones. Es lo más difícil de mi profesión, pero nadie quiere parar. Evidentemente que no parar durante muchos años perjudica al físico y por eso hay que cuidarlo mucho, pero hay una parte de preparación mental que debe prepararse adecuadamente”, afirma la estrella australiana aunque no duda en señalar que por encima de estos contratiempos es la pasión por este deporte lo que lleva a muchas jugadoras a vivir cada año casi sin vacaciones. “Es un deporte apasionante y cualquiera querría practicarlo todo el tiempo. Las deportistas queremos competir y ganar y quizá por ello no pensamos en si estamos nueve o 12 meses compitiendo”, afirma.

Una dificultad que los descansos han suavizado y vivencias como la de Corea han mitigado. Para Lauren, vivir en Corea se convirtió en la más exótica y divertida experiencia de una superestrella que pocos hubieran imaginado competir en la pequeña, poco relevante pero bien pagada liga asiática. “Es la parte favorita de mi carrera”, reconoce Lauren Jackson. “No esperaba mucho cuando llegué, pero encontré una ciudad maravillosa, unas increíbles compañeras. Ninguna sabía hablar inglés y yo, por supuesto, no entendía el coreano, pero fue muy divertido. Estuve con una amiga de origen coreano y fue una gran experiencia conociendo una cultura diferente. Fue fantástico” rememora con una sonrisa en el rostro.

Ahora, superada la treintena de años, Lauren Jackson mantiene su reinado latente. Otras estrellas quieren ocupar su plaza, pero ella ha vuelto a demostrar esta temporada con el título de Euroliga que el carácter que forjó sus esperanzas le mantiene en lo más alto. Tras tocar la gloria en 2006 ganando el campeonato del mundo, Jackson reconoce su carrera tiene pocos vacíos pero sí nos asegura que en Londres quiere hacer realidad el único sueño que tiene pendiente: la medalla de oro olímpica. “Es el único sueño que me queda por conseguir pero no me voy a cortar las venas si no lo logro. Estados Unidos es un gran equipo, es el favorito y quien tiene la presión por ganar. Australia es un país que adora los Juegos Olímpicos y que sigue mucho lo que hacemos por lo que es especial para nuestros aficionados, así que... veremos qué somos capaces de hacer.”

La dificultad es máxima tanto por el potencial de Estados Unidos como por la baja recientemente confirmada de Penny Taylor, la otra gran estrella australiana. “Sin duda que la baja de Penny Taylor es una gran pérdida para el equipo, pero luego tenemos un buen grupo de jóvenes jugadoras con las que se está formando una gran química. En el 2010 quedamos quintas del mundo con un gran equipo pero nunca se puede saber si ahora podremos hacerlo mejor. Una selección es diferente a cualquier equipo, la química es fundamental. Puedes tener el mejor equipo del mundo que si no tienes la química adecuada no ganarás nada. Creo que nuestro equipo es joven pero es fuerte y nunca se sabe lo que se puede hacer”, dice.

De conseguir este último sueño profesional, Lauren Jackson será la durmiente más bella del deporte. Habrá conseguido cuanto puede obtenerse y el mito australiano será más grande, la reverencia mayor aún entre sus conciudadanos.

Será momento pues de enfocar su carrera hacia otros menesteres. Sabe que el cuerpo le pide descanso aunque no renuncia a volver a competir en Europa porque su forma de entender el deporte le exige estar entre las mejores y quizá por ello, pese a su lesión de espalda, decidió competir este año con Ciudad Ros Casares. Quizá este no era su sueño de infancia, pero casi podríamos decir que sí fue el sueño de mucha gente en Valencia y en especial de Carme Lluveras. Ahora los destinos de General Manager y estrella han coincidido en lo que es una temporada inolvidable para club y jugadora. “No sabía que había tanta expectación porque yo llegara a Ciudad Ros Casares. La verdad es que he encontrado a un gran equipo, una magnífica organización y cuando surgió la posibilidad de venir me puse muy contenta por firmar con el equipo. Es otra experiencia. No ha sido mi mejor año, es indudable, pero estoy feliz por estar aquí”, comenta Jackson.

Lauren no se esconde y sabe todas las dificultades que ha tenido que superar para encontrar el final feliz de este cuento de hadas valenciano que ha sido la temporada 2011-2012. La pívot se confiesa y señala que “el comienzo fue duro porque tenía que recuperarme de la lesión y luego ocurrió la destitución de Natalia, pero el equipo ha ganado muchos partidos y ha jugado realmente bien. Creo que he ganado más que en cualquier otra temporada y creo que venir aquí ha sido una gran idea: me encanta el equipo, las compañeras, los aficionados son fantásticos, la ciudad y el clima fabulosos. Con el tiempo tendré un recuerdo muy bueno de este año”.

A buen seguro que en su baúl de recuerdos mental Lauren espera tener una imagen muy especial de este año; la suya y de sus compañeras alzando el título de Liga Femenina. En la mente de Lauren Jackson ahora no hay cabida para nada más y cada noche busca conciliar el sueño con una fotografía que le dibuja una sonrisa antes de caer en los brazos de Morfeo. “Quiero recordar este año porque ganamos la liga española. Definitivamente, la Euroliga es un gran trofeo y el club lo deseaba desde hace mucho tiempo, pero ganar la liga es muy importante para nosotras después de perder la Copa de la Reina y no haber perdido un solo partido en liga”.

El sueño de la vida

Ahora que su trayectoria profesional entra en un momento de reflexión sin duda que ese momento de felicidad será un bello recuerdo para el futuro. Futuro no muy lejano donde Lauren Jackson sabe que pronto comenzará a apagarse su sueño deportivo, pero que sin duda verá despertar otro, un sueño vital. “Cuando me retire quiero ayudar a personas, participar en actividades en favor de los derechos humanos, especialmente de los más desfavorecidos como pueden ser mujeres y niños. Quiero ayudar a la gente alrededor del mundo”, señala una mujer de carácter reservado que deja poco espacio para la frivolidad.

Sabe que ser un modelo a seguir para muchos jóvenes implica una responsabilidad, “no te permite tener muchos errores”, reconoce la jugadora. La imagen de seriedad que ofrece en la pista no es la que en las distancias cortas ofrece pero que entiende que en un mundo tan profesional como el deporte es difícil llegar a conocer a la persona que hay tras la deportista y que incluso es oportuno mantener las distancias. Ella bien lo sabe pues su físico la ha convertido en portada de revistas, ha posado en diferentes medios e incluso no tuvo problemas en mostrar su desnudo. Éste fue físico, el emocional seguro que es más complicado pues su personalidad no deja para muchos deslices.

Uno de los pocos que concede es en la despedida, en el momento de conocer el sueño que le pide al futuro. Es el más personal, el más sencillo y el más honesto de todos. Lauren deja la estrella y la fama de lado para vestirse de persona terrenal y reconoce que sueña con un mañana donde “quiero tener niños. Me gustaría que entrara el amor en mi vida y formar una familia porque hasta ahora mi vida ha estado muy ocupada”. Al igual que el baloncesto hizo verdad sus sueños de infancia, ahora, en la madurez deportiva, la vida le aguarda nuevos sueños. Poco importa quiénes somos o cuánto hayamos logrado, nunca se deja de soñar porque sabemos que en cuanto de se deja de soñar, en cierta forma, se deja de vivir.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

 

 

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