Esta calurosa mañana de viernes por fin hemos podido asistir al debut como seleccionador nacional de baloncesto femenino del salmantino José Ignacio Hernández, curtido en mil batallas como entrenador de club y que ahora aspira a revalidar parecidos éxitos deportivos al máximo nivel en el próximo campeonato del mundo de selecciones nacionales a disputar en la República Checa a partir del próximo 27 de septiembre.
Pocos nervios denotaba su semblante, acostumbrado como está José Ignacio a ocupar difíciles banquillos, y ante el escaso público congregado, unas 200 personas que han hecho sentir a nuestra selección como si estuviese en familia, y la escasa entidad del rival, la floja selección de Malí, que no destaca ni por su capacidad atlética ni por los fundamentos baloncestísticos de sus jugadoras.
Confiado en sí mismo y con el plan de trabajo perfectamente establecido, se ha encontrado nuestro seleccionador ante un partido perfecto para la preparación del conjunto español. La facilidad en la anotación y la implicación defensiva conseguida pese a la amplitud en el marcador a nuestro favor, permitieron a José Ignacio desarrollar las rotaciones a su entera conveniencia, sin apenas tener que corregir errores.
Entre los diversos quintetos que le sirvieron de probaturas, como principales novedades pudimos ver a María Pina como falso cuatro, acompañada en la pivotal por Cindy Lima, dominando el rebote, o Luci Pascua, con una manita muy fina, e incluso por Anna Montañana, ante la no demasiada altura de sus pares oponentes.
En el exterior dio tiempo de realizar todas las combinaciones posibles, con Laia Palau actuando tanto al uno como al dos junto a Silvia Domínguez, con Alba Torrens atacando el aro de fuera a dentro, o bien juntando a tres bajitas cuando la mallorquina era sustituida por Anna Cruz, Marta Fernández o Blanca Marcos.
Con diferencia, la jugadora que mejor forma ha demostrado fue Núria Martínez. Como acaba de aterrizar de la WNBA donde militó en las Minnesota Lynx hasta hace unos días, se le ha visto con una marcha más que sus compañeras, incluidas las rivales, trenzando vistosas combinaciones, colaborando como ninguna en las ayudas defensivas, y aprovechando su rapidez para robar el balón y lanzar veloces contraataques. Además, fue la que sin duda más gozó del cariño de la grada.
La seriedad, preparación y profesionalidad del cuerpo técnico encabezado por José Ignacio, la buena química del grupo, la conjunción de dos excelsas generaciones de jugadoras, junto al elemento esencial de la incorporación de Sancho Lyttle, que todavía permanece en Estados Unidos disputando los play offs de la WNBA, nos permiten afrontar el campeonato mundial con moderado optimismo. Ya toca, sino emular a los chicos porque las medallas están muy caras, sí por lo menos dar la sorpresa e intentar alcanzar las semifinales.