Mundial. Redacción

USA no encuentra rival en el Mundial

Kenneth Faried, una pieza básica de los campeones del Mundo.
Kenneth Faried, una pieza básica de los campeones del Mundo.
FOTO © Alba Pacheco

Los Estados Unidos han acabado imponiéndose en el que debía ser el Mundial de España. Y en lugar del cambio de hegemonía mundial que debía servir para despedir a la generación dorada del baloncesto español, hemos asistido a la prueba de que la distancia entre la NBA y la FIBA ha crecido.

La selección de los Estados Unidos se ha proclamado campeona del Mundial de Baloncesto del 2014, disputado en España. Hasta ahí, lo previsible. En la final derrotó a Serbia. Este es el detalle inesperado. Hasta para los propios americanos, que deseaban una final contra los anfitriones para rebajar los humos a un rival que les había plantado cara en las dos últimas finales olímpicas.

El planteamiento de esta competición por parte de la organización fue muy tramposo. Es el primero que recuerdo en que los equipos discurren por dos caminos paralelos sin la posibilidad que los de un lado del cuadro se crucen con los del otro. El motivo era evidente: negar un posible cruce entre España y Estados Unidos antes de la final del torneo. Este detalle que pretendía favorecer a la selección local la acabó perjudicando, ya que en su lado cayeron las selecciones más potentes.

Así, el equipo yanqui quedó encuadrado en un grupo en la primera fase que incluía a los combinados de Turquía (98-77), República Dominicana (106-71), Nueva Zelanda (98-71), Ucrania (95-71) y Finlandia (114-55). En octavos su rival fue México (86-63), en cuartos de deshizo de Eslovenia (119-76), en las semifinales superó a Lituania (96-68) y en la final barrió a Serbia (129-92). Mientras, España peleó en su grupo contra Francia (88-64), Serbia (89-73), Brasil (82-63), Egipto (91-54) e irán (90-60). En octavos Senegal (89-56) no fue un obstáculo, pero Francia la eliminó en cuartos (52-65).

Coach 'k' por  Alba Pacheco

Un equipo sin grandes estrellas

La selección norteamericana que entrena Mike Krzyzewski empezó con mal pie su preparación. A las bajas ya conocidas de Lebron James, Carmelo Anthony, Chris Paul o Kobe Bryant se unieron las de Russell Westbrook, Blake Griffin y Kevin Love (pendiente de un traspaso, no quiso arriesgar). En el último partido de la primera fase de entrenamientos se lesionó gravemente el que había de ser uno de sus jugadores clave, Paul George (será baja probablemente para toda la temporada NBA). Este percance conllevó la retirada de Kevin Durant por miedo a lesionarse mientras negociaba un importante contrato publicitario (Nike le pagará cerca de 300 millones de dólares repartidos entre las 10 próximas temporadas).

Y así “Coach K” hizo su selección. Y su trampa. Porque para todos aquellos que no son seguidores de la NBA, la selección USA parecía un conjunto de segundo nivel. Su gran estrella era James Harden, jugador franquicia de un equipo de segunda fila en el Oeste (Houston Rockets). Su jugador más conocido, Derrick Rose, llevaba dos temporadas prácticamente en blanco por dos graves lesiones de rodilla. La mayoría de sus componentes eran jóvenes de equipos secundarios en la NBA (sólo Mason Plumlee llegó a segunda ronda de playoffs con los Nets) y con poca experiencia internacional .

Pero para los habituales de la Liga Norteamericana, éste era un equipo con un gran potencial. Con una solidez interior poco habitual en los equipos anteriores en los que se impuso el esquema de juego del “small ball” en torno a Lebron y Carmelo. Con unos tiradores exteriores demoledores para aprovechar las cerradas defensas rivales entorno a los pívots (40,1% de acierto final en triples). Y en la dirección, un Kyrie Irving llamado a ser el mejor base de la NBA en poco tiempo (Stephen Curry ha ejercido más como escolta).

Con un calendario favorable, podemos decir que la selección de los EUA se ha proclamado campeona del mundial sin necesidad de disputar ningún partido completo al 100%. No se ha encontrado un rival delante que les haya obligado a dar el máximo de sus posibilidades físicas y  técnicas. Tan solo Turquía, en la primera fase, les mantuvo en jaque durante 28 minutos con un tempo de juego lento, apurando sus ataques moviendo el balón hasta el último segundo, con un acierto inusual de sus tiradores, negando las transiciones rápidas norteamericanas y con Asik cerrando su pintura. A los de Krzyzewski se les atragantó el juego posicional en ataque y defensa hasta que apareció Kenneth Faried para devastar dentro de las dos zonas.

Foto: Alba Pacheco

Solidez interior, defensa y el temido tercer cuarto

Faried, jugador de los Denver Nuggets, ha sido una de las claves del equipo norteamericano y una de las sorpresas agradables de este Mundial. Su nivel de actividad y entrega física no ha tenido igual, recogiendo rebotes y balones sueltos en cualquier zona de la pista. Sellando a su par en defensa o superándolo en ataque. La sociedad que ha formado con el pívot de los Pelicans Anthony Davis ha dotado al equipo norteamericano de un poderío interior imposible de superar para sus rivales. A partir de ellos nacía el juego clásico de su equipo: rebote y contraataque, saltar y correr. Fruto de su superioridad física, es el único esquema táctico que han necesitado para desequilibrar la balanza.

La otra clave del juego del único combinado totalmente NBA ha sido el tercer cuarto. El equipo norteamericano se ha dedicado a ir madurando los partidos para romperlos de forma definitiva en el tercer período, con las fuerzas  de los rivales muy mermadas. Podrían haberlos decantado antes, pero eso les hubiera supuesto por un lado más desgaste físico ante unos rivales más enteros  y por otra disputar menos minutos competitivos. Dejar los deberes para el cuarto final suponía correr el riesgo de una derrota inesperada. Así que su opción era la más lógica de todas las posibles.

El único partido en que se han saltado la dictadura del tercer cuarto ha sido en la final. Más por gusto que por obligación. Porque después de todo el verano preparando este partido, les apetecía jugarlo. Aunque no fuera contra el rival previsto, han aprovechado la ocasión para reivindicarse, y para volver a ampliar las distancias entre el baloncesto NBA (el suyo) y el del resto del Mundo. Después de esta final, el Océano Atlántico se ha hecho algo más ancho.

En la defensa practicada por este equipo ha predominado la actividad por encima del orden. La indudable ventaja física de la mayoría de los jugadores respecto a sus contrincantes les otorgaba un punto a su favor. Los jugadores de Coach K se han mostrado hiperactivos en su desempeño. Este exceso de celo ha provocado desorden en algunas jugadas (demasiados jugadores saltando a la vez a puntear un lanzamiento o yendo a una ayuda dejando libres a sus pares) pero a la vez ha servido para confundir a sus contrincantes que nunca sabían de donde podía salir un nuevo defensor (y el inevitable robo o tapón).

Mención aparte merece James Harden, tan brillante en ataque (máximo anotador de su equipo con 14, 2 puntos de media y segundo mejor pasador con 3,2 asistencias) como obtuso en defensa. Ha sido un coladero abriendo pasillos hacia su propia canasta que la entrega del resto ha ayudado a tapar, aunque la estadística dirá que fue el mejor “ladrón” norteamericano con 2,1 robos por partido. Como reza el dicho, hay mentiras, medias verdades y estadísticas.

Foto: Jose Angel Calvo 

Un reparto equilibrado del tiempo

Krzyzewski ha repartido los minutos entre todos sus jugadores, gracias a la superioridad de su equipo y a un calendario favorable (lo que no hizo Orenga). Kyrie Irving, su jugador más utilizado, ha estado en pista 24,3 minutos por partido. Klay Thompson (su sexto hombre) ha jugado 23,4 minutos de media, Harden 22, Faried 21,4, Stephen Curry 20,7 y Davis 19,7. Del resto, únicamente los secundarios Mason Plumlee y Andre Drummond no han llegado a los 10 minutos de promedio.

Derrick Rose ha jugado 17,1 minutos, alternando algunas acciones espectaculares con momentos de desaparición. Lo normal después de su largo período de inactividad. El base de los Bulls, más que disputar un mundial, ha hecho una puesta a punto individualizada seguida de cerca por su entrenador Tim Thibodeau (asistente de Krzyzewski) de cara a la próxima temporada NBA. Por tanto, para valorar su papel en este mes de septiembre habrá que esperar a la fase regular de la Liga Norteamericana. Ese era su verdadero objetivo.

Su compañero en la dirección del combinado estadounidense Kyrie Irving ha sorprendido a todos los que no lo conocían. Más allá de su exhibición en la final, el único partido en que se dejó ir por completo (26 puntos en 24 minutos con un 6 de 6 en triples), se ha mostrado como un director de juego sobrio, capaz de leer las alternativas defensivas de sus rivales y de dar al equipo lo que más necesitaba. Su adaptación al baloncesto FIBA ha sido sobresaliente, muy por encima de la de la mayoría de sus predecesores.

No me gustaría cerrar mi comentario acerca de este equipo sin hablar del “gafe” oficial de la NBA: Rudy Gay. Su movilidad y tamaño han sorprendido (y amargado) a muchos de sus rivales. Con este título Gay, Stephen Curry y Derrick Rose se convierten en los primeros jugadores norteamericanos en ganar dos mundiales. Gay además tiene el récord de ser el jugador mejor pagado de la NBA de los que no han participado nunca en un partido del All Star (19,3 millones de dólares la próxima campaña, el onceavo sueldo de la Liga).

Criticado por mirar sólo sus números, el alero salió de los Grizzlies rumbo a los Raptors para ver como la franquicia de Memphis se convertía en un equipo temible en los playoffs. Y no fue hasta su traspaso a los Kings que los aficionados canadienses vieron como su equipo se colaba en la lucha por el anillo (aunque fuese en la temporada del tanking).  No sé yo si este Mundial acabará con su mala racha en la NBA (en lo deportivo, no en lo económico). En Sacramento así lo esperan.

Foto: Jordi Montraveta

 

 

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Declaraciones de José Luis Saez sobre el Mundial #Spain2014
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