NCAA. Redacción

Daniel Montoliu, reclutador de talento para la NCAA

Yaiza Rodríguez es una de las españolas que dio el salto a la NCAA.
Yaiza Rodríguez es una de las españolas que dio el salto a la NCAA.
FOTO © broncosports.com

Daniel Montoliu es un apasionado del baloncesto universitario norteamericano. Su conocimiento y contactos en esta competición le permiten facilitar el camino a jóvenes que quieren compaginar el baloncesto con una carrera universitaria en los Estados Unidos. En este artículo nos explica algunas claves para conseguirlo.

Unas  40 jugadoras españolas de baloncesto iniciarán este curso sus estudios universitarios en los Estados Unidos de América  con una beca de su centro de destino. Quince de ellas lo harán con la ayuda de Daniel Montoliu. Para este entrenador nacido en Barcelona el año 1971 y con una completa trayectoria en el baloncesto de base catalán en clubs como el CB Prat, la UE Mataró, el BF Viladecans, el CB Nou Esplugues, la AB Esplugues o el BF Sant Adrià, la labor de reclutador de talento para la NCAA se ha convertido en su actividad principal.

Montoliu se inició en este mundillo hará unos 4 años, de la mano de una serie de contactos conseguidos en las redes sociales. Poco a poco su red se fue ampliando, así como su curiosidad por conocer a fondo la NCAA. Empezó, casi en broma, a estudiar los entresijos del baloncesto universitario norteamericano y sus reglas. El siguiente paso lógico fue “intentar ayudar, y te vas metiendo en el tema. Un padre de aquí no se aclararía con los trámites de su hija. Es muy difícil”. Este año, por primera vez, ha empezado a facturar por sus horas de dedicación, aunque “una pequeña parte, y siempre en base a objetivos cumplidos”.

Los requisitos a superar

Los aspirantes a jugar y cursar sus estudios universitarios en los EUA deben empezar registrándose en el NCAA Elegibility Center, haciendo constar su currículum deportivo y académico. Luego deben superar el SAT (examen equivalente a la selectividad, que también puede realizarse en algunas ciudades españolas el primer sábado de los meses comprendidos entre octubre y junio) y el Toffel (la prueba de nivel de inglés aplicado al entorno académico, y para el que cada universidad fija su propia nota mínima). Paralelamente a los requisitos académicos, se deben justificar los méritos deportivos mediante vídeos de highlights, normalmente, o grabaciones de partidos completos (aunque suele bastar con un resumen de las mejores jugadas).

Este licenciado en psicología aclara que “sólo con el baloncesto no vas a ninguna parte. A los norteamericanos lo que más les gusta de las españolas es que están muy centradas en sus estudios. Allí tienen cada vez más problemas conductuales con sus estudiantes. Con mi experiencia, cada vez valoro más la familia y los estudios que el nivel de baloncesto”. El entrenador se ha encontrado con casos de jugadoras que no se habían movido de su modesto equipo de base aunque tenían capacidad suficiente para intentar la aventura, y con chicas que podían mejorar mucho su nivel con el trabajo en los Estados Unidos.

Una beca deportiva completa cubre la matrícula, los libros y material de estudio, el alojamiento en el campus, la alimentación y el seguro por supuesto, el material deportivo y todos los desplazamientos con el equipo. Quedan excluidos de la cobertura los viajes de ida y vuelta al centro, y los gastos particulares. El complejo proceso para obtener una lleva su tiempo. Lo ideal, para el reclutador catalán, sería iniciar los trámites cuando se empieza el bachillerato, intentando en el primer curso de esta etapa educativa superar el SAT y el Toffel. Las universidades más potentes trabajan a varios años vista. Ahora estarían buscando jugadoras para matricularse a partir de 2017 y 2018. Sólo a los equipos de menor nivel les quedan becas para el 2016.

En estos últimos años estamos viviendo una auténtica fiebre reclutadora de talento español por parte de la NCAA. Según Daniel Montoliu, han coincidido una serie de factores para desatar este boom. De una parte, el descontento de los entrenadores universitarios del nivel de trabajo de base en los institutos norteamericanos. Por otra, la crisis económica que ha vaciado las arcas de muchos clubs españoles, desde la máxima categoría de la Liga Femenina hasta las inferiores. Ya no es tan atractivo quedarse en España para las jugadores jóvenes. Y por último, dos excelentes generaciones de chicas, las de 1995 y 1997, “brillantes tanto deportivamente como académicamente. Aún así, en el baloncesto femenino podrían dar el salto cada año tranquilamente entre 30 y 40 jugadoras. Y en el masculino, una vez que encuentren el camino, ojito”.

Jugar y estudiar a la vez

Las ventajas del sistema norteamericano radican en su flexibilidad para combinar deporte y estudios. “En España, hasta los 18 años, se trabaja mucho mejor, con entrenadores titulados. En los EEUU no. En Europa, sin embargo, el salto de júnior a sénior es muy duro. Tienes que elegir entre tus estudios universitarios o entrenar mañana y tarde a nivel profesional. En la NCAA hay muchos medios al servicio del deporte para poder combinar ambas cosas”. Montoliu explica que “todo el sistema está montado para compaginar deporte y estudios. El primer semestre las estudiantes deben pasar un mínimo de 8 horas a la semana en la biblioteca estudiando, y a medida que va aprobando le dan más libertad. Les ponen mentores para ayudar con el inglés, las asignaturas y cuadrar sus horarios”. La otra ventaja para el barcelonés es el hecho de matricularse en una universidad y no en una carrera, con la facilidad que este detalle comporta para cambiar de itinerario de estudios.

En el ámbito exclusivamente deportivo, las ventajas del sistema norteamericano también son evidentes. Además de trabajar con equipos de entrenadores y ayudantes especializados y muy profesionales, el nivel de la competición es elevado. Para Daniel Montoliu, “los mejores equipos de la Division I estarían por encima de la LF1 española, tal vez a la altura de conjuntos de la Euroliga. En la Division II la diferencia no es académica, sino de dinero invertido en el deporte”. En un circuito paralelo quedarían los Junior College, destino también de algunas jugadoras españolas.

Los Junior College son centros que imparten el equivalente a diplomaturas, y que permiten a las aspirantes con problemas de nivel académico o de inglés dar el salto a la NCAA tras uno o dos cursos. También pueden ayudarles a subir su listón deportivo. Mientras en los equipos universitarios no se puede entrenar más de 20 horas semanales, en los Junior College no hay ningún límite. ¿Cómo elegir el destino adecuado para una jugadora? Nuestro reclutador, sabiendo que cada centro tiene su filosofía de juego y de vida, tiene claro su papel: “Veo universidades, veo jugadoras, e intento encajar estilos”.

Sin embargo, no todo el mundo comparte esta visión idílica del “American Way of Life”. Algunos clubs españoles se sienten perjudicados por esta fuga de talento, y ponen trabas en el proceso. Según Montoliu, “creen que la jugadora es suya, y si no juega con ellos mejor que no juegue con nadie”. Otros, en cambio, han adoptado una estrategia diametralmente opuesta. El técnico cita el caso concreto del Arenys. Tres chicas del equipo júnior preferente  (Mar Lamadrid, Anna Pérez i Txell Martínez) han cruzado el océano este verano. Presentarse como un club que facilita el ingreso en la NCAA puede ser una manera de atraer jóvenes baloncestistas. Y es que para este mediador entre ambos mundos, no es necesario ser internacional o militar en equipos grandes para llamar la atención de los norteamericanos. “Muchas ni se imaginan que pueden ir”, afirma.

Después de ayudar estos últimos años a muchas jugadoras a conseguir una beca en los Estados Unidos (entre ellas las internacionales Yaiza Rodríguez, Clara Che, María Martiáñez y Carmen Grande), Daniel Montoliu no descarta iniciar el mismo su aventura americana en un futuro más o menos cercano. “Si solo trabajase un año en los Estados Unidos, ya me podría morir. Yo recluto chicas, pero no dejo de considerarme entrenador, y uno de mis objetivos sería ejercer allí. No en el baloncesto profesional como la NBA o la WNBA, en el que el entrenador no tiene demasiado peso, pero si en el universitario. Ya he estado entrenando en verano a nivel de instituto, y te lo reconocen. Los padres te agradecen mucho el trabajo que haces con sus hijos”.

    Laboratorio SyS
Gracias MF5
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