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Río 2016. La medalla olímpica que por fin llegó

No tendría sentido que Astou Ndour saliese de esta selección medallista de plata en Río 2016
No tendría sentido que Astou Ndour saliese de esta selección medallista de plata en Río 2016
FOTO © FIBA Press

La medalla de plata de la selección femenina de baloncesto nos ha llenado de orgullo y enorme satisfacción no solo a quienes estamos inmersos en este deporte, sino a cientos de miles que, aunque habitualmente no lo siguen, se han enganchado a la magia de los Juegos Olímpicos y de este gran equipo.

Junto al innegable atractivo del baloncesto, capaz de cautivar a cualquier alma que disfrute emocionándose, este ha sido el único deporte colectivo que ha conseguido medallas para España, por lo que el seguimiento de nuestros jugadores ha sido espectacular y la alegría inmensa. En el caso de las chicas, su ausencia en los Juegos de Londres, donde otras selecciones femeninas obtuvieron preseas, las trasladó a un segundo plano desde el que han sabido resurgir como las grandes campeonas que han sido durante más de una década, por lo que la medalla culmina una trayectoria magnífica.

En ese trayecto, la selección ha hecho grandes partidos y conseguido meritorios triunfos que podrían destacarse, pero me viene al recuerdo la segunda parte de la final del Eurobasket de Italia en 2007, donde tras ir perdiendo por 20 puntos en el descanso frente a una potentísima Rusia, en lugar de tirar la toalla, echamos el resto y estuvimos a punto de ganar. Dirigidas por Evaristo Pérez, Elisa Aguilar, Laia Palau, Amaya Valdemoro, Anna Montañana y Luci Pascua formaron el quinteto que ese día ocupó el mayor tiempo en la cancha. De ellas, Laia y Luci han sobrevivido para ser partícipes de la medalla de Río, mientras que las demás han dado paso a las nuevas generaciones. Estas, mientras la selección absoluta ganaba medallas, se fueron forjando en las selecciones de categorías inferiores, también victoriosas, el Siglo XXI, otra herencia del pasado, y los clubes que trabajaron duro, artífices de una extraordinaria labor que no debe quedar eclipsada sino acentuada por los éxitos finales.

Creo que en Barcelona-92, además de un quinto puesto sin una experiencia previa en competiciones mundiales que hasta la fecha no había sido superado, pusimos el germen de la ambición. Y de este surgieron jugadoras que querían ser estrellas, clubes que apostaron fuerte, entrenadores muy competentes y una federación española que por fin se dio cuenta de que lo de las chicas iba en serio y merecían el máximo apoyo. A partir de ahí, la selección senior se ha alimentado de excelentes jugadoras y entrenadores que han ido transmitiendo el valor de la ambición y la máxima entrega, el no conformarse y luchar hasta el final por los objetivos más altos.

En 2010, España consiguió su primera medalla (bronce) en un campeonato del mundo con José Ignacio Hernández y Susana García en el banquillo, y desde la ausencia en los Juegos de 2012, ya con Lucas Mondelo y Víctor Lapeña, la andadura de la selección ha sido excepcional: oro en 2013 y bronce en 2015 en el Eurobasket, y plata en 2014 en el mundial. Con ese espectacular bagaje, lo lógico era confirmarlo con una medalla en Río, la que por fin llegó, y el éxito de la selección se ha basado en ser capaz de responder a esa vitola de favorito; algo que no es fácil en unos Juegos Olímpicos debido a la presión añadida que siempre acompaña a estos y, más aún, cuando el objetivo es una asignatura pendiente. Prueba de esta dificultad fue el decisivo partido contra Turquía en los cuartos de final, donde ante un rival inferior, nos atenazamos y estuvimos a punto de perderlo todo.

Antes de los Juegos, se lesionó la nacionalizada Sancho Lyttle y muchos pensaron que esa baja podía ser determinante. Sancho es una de las mejores jugadoras del mundo y desde 2010, salvo en el Eurobasket de 2015, su contribución ha sido decisiva. Pero se ha vuelto a demostrar que nadie es imprescindible en un buen equipo. Es más, esta baja ha dado una oportunidad a la joven Astou Ndour que de otra manera no habría tenido. Astou también juega como nacionalizada, pero la gran diferencia es que está afincada y se ha formado en España, en concreto en Gran Canaria con Begoña Santana y Domingo Díaz, a los que habría que hacer un gran homenaje por todas las jugadoras de élite que desde hace treinta años han sacado.

Además, Astou participa en toda la preparación del equipo, cosa que Sancho no hace, pues antepone sus compromisos con la WNBA y suele incorporarse en el último momento. No tengo nada contra Sancho, y es más, creo que hay que agradecerle lo mucho que ha ayudado al crecimiento de nuestra selección, pero me satisface más que el equipo esté integrado por jugadoras formadas en España o que echan raíces aquí, y sobre todo, que desde el primer día están en los entrenamientos y los partidos de preparación como las demás. En Río se ha demostrado que con este planteamiento también podemos estar en lo más alto, y con todos mis respetos hacia quienes deciden, sería poco razonable que tras lo visto, Astou volviera a ser segundo plato; como también lo sería en el caso de Mirotic respecto a Ibaka.

Felicidades a Lucas Mondelo y todos sus colaboradores, a los directivos responsables y, por supuesto, a estas extraordinarias jugadoras que nos han hecho disfrutar tanto. Un ruego: ¡no nos detengamos! Que la ambición por superarnos continúe y, aunque parezca difícil, ¡sigamos avanzando!

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